ENTREVISTA

  • Andrés Neuman
    HACERSE EL MUERTO
  • «Creo que la ficción es el lugar a donde llega la realidad cuando la digerimos y la aceptamos»
  • Entrevista con Andrés Neuman. Hacerse el muerto

     

    Hacerse el muerto. ¿Era necesario este título como adelanto de lo que nos encontramos en el interior de este libro?

    Sí, como adelanto o como resultado. Creo que Hacerse el muerto, como expresión, describe un juego que a mí siempre me ha interesado desde niño, que es el fingirse muerto para recuperar el asombro de estar vivo. Cuando te haces el muerto es cuando te das cuenta, por suerte, que provisionalmente continuamos aquí. Además, Hacerse el muerto es una expresión que contiene una parte lúdica, de juego, de fingimiento, de simulacro y por otra parte, ese juego, es un modo de comprender algo muy serio. Esa mezcla de juego y seriedad es la que creo que tiene el libro. Es un libro así como que va de la comedia a la tragedia.

     

    Pues la tragicomedia esa de la que hablas yo solo la he visto en un par de ocasiones, en general, me ha parecido bastante duro y bastante fuerte, triste, doloroso.

    Hay un cuento que se titula Un suicida risueño y es el cuento de alguien que odia su vida y se dispararía si no fuera porque cada vez que se lleva el revólver a la sien, le da un ataque de risa. Es decir, se muere de risa y por lo tanto sigue vivo. No se puede disparar porque le tiembla el pulso de la risa. Es un hombre que va aplazando su suicidio por culpa de sus ataques de risa. Creo que eso tiene mucho que ver con lo que estamos hablando de la tragicomedia. El libro tiene algunos cuentos que hablan de la pérdida de mi madre y otros en los que hay dos tipos filosofando mientras mean en el baño. Ese contraste me gusta porque nada es gracioso o triste todo el tiempo en la vida. Me parece algo artificial las películas o los libros que van de reírse o de llorar, siempre estoy esperando el lado opuesto.

     

    Entrevista con Andrés Neuman. Hacerse el muerto

    Sin embargo, en otros te quedas en punto muerto, como el de Anabela y el peñón, en el que ni lloras ni te ríes, no sabes qué hacer.

    Precisamente esa sensación es la que a mí me gusta mucho, la que no sabes si reírte o llorar.

     

    Pero es que ni siquiera sé si lo he entendido ¿muere, es su imaginación la que le incita a hacer esas cosas…?

    Es que precisamente esa pregunta que me haces es la respuesta. Me parece que las dos posibilidades que has mencionado valen la pena, que muchas veces un final abierto no es una adivinanza, sino que es un cruce de caminos y se puede interpretar de cualquiera de las dos maneras. Para no haberlo entendido, lo has entendido perfectamente. Ese cuento habla de la muerte y la pérdida física o simbólica, no lo sabemos, pero por otra parte, está llena de deseo sexual, de erotismo, de atracción. El cuento empieza con una especie de iniciación sexual y de deseo y, luego, eso se complementa con la experiencia de pérdida y un lado más siniestro. Si te das cuenta, ese relato también tiene las dos cosas, la vida y la muerte, el deseo y el miedo. En casi todos los relatos está ese componente.

     

    ¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se coge un pequeño objeto o una simple evocación, que puede parecer fuera de contexto para armar una historia y divagar sobre el dolor?

    Yo creo que prestando atención. Los objetos están llenos de misterio y los detalles son un mundo. Hay otro cuento, en el que el protagonista es una especie de detective de ropa tendida, que viene a cuento –nunca mejor dicho– y se pasa todo el día mirando las cuerdas de sus vecinos y analizando su ropa, y está convencido de que analizando un calcetín, observando una braga, describiendo una camisa… va a obtener a su vecina entera, va a poder deducir su vida a partir de una parte de su vestuario. Creo que el libro procede muchas veces de esa manera, eligiendo un símbolo que se convierte en un recuerdo. Eso de tomar la parte por el todo, es una estrategia muy propia del cuento, que es sacarle todo el jugo a una esquinita de la realidad en lugar de explotarla y abarcarla en su conjunto.

     

    ¿Por qué has decidido escribirlo en formato cuentos?

    Es curioso porque si hubiera publicado una novela dudo que me hubieras preguntado por qué he escrito una novela. No sé, me sorprende porque cuando publicas un libro de cuentos, en algún momento del diálogo tienes que explicar por qué un libro de cuentos y no otra cosa. Te he respondido a la gallega. No sé, son distintos, tienen recursos distintos, dificultades distintas. Mira, debajo de esta pregunta tiende a haber, un poco, una cierta expectativa de que un escritor debería escribir novelas y no cuentos.

     

    Entrevista con Andrés Neuman. Hacerse el muerto

    Bueno, esa también es tu interpretación de mi pregunta. Yo no he preguntado eso.

    Bueno, es el fruto de la experiencia de que me pregunten por qué cuentos y no novelas. Es como decir, por qué no haces lo que se espera de ti, y a mí, sin embargo, me parece maravilloso hacer lo contrario de lo que se espera. Y como mi último libro de ficción había sido una novela, tenía muchas ganas de hacer algo distinto. De todos modos, este es mi cuarto libro de cuentos y siempre ha sido un género que yo quiero mucho desde siempre. Para mí, la maravilla específica del libro de cuentos que no te da una novela, es la posibilidad de reinventar un mundo cada poco tiempo, hay un asombro que se renueva. Esa renovación frecuente del asombro, de escribir y de leer esa historia, a mí me parece todo un desafío.

     

    Y siguiendo con la pregunta, también has escrito ensayos, ficción, poesías… ¿en qué faceta te encuentras más cómodo?

    Fíjate que yo, en realidad, cambio de género para sentirme incómodo. Nunca me ha parecido que la comodidad sea deseable, me parece mucho más fértil la incomodidad. Al cambiar de género, lo que haces es precisamente perder la costumbre. Te planteas unos problemas técnicos muy distintos, el estilo es otro… y esa incomodidad genera tensión en el estilo. Me gusta mucho que el lenguaje sea intenso y esa intensidad proviene más de la incomodidad que de la comodidad. Me siento razonablemente incómodo en todos los géneros y procuro saltar de uno a otro para no acomodarme.

     

    Reflexiones para todos los gustos, para el mío, algunas, demasiado dolorosas. ¿Sentir el dolor te hace más fuerte?

    Creo que poder ficcionalizar el dolor es una forma de manejarlo, de entenderlo. Creo que la ficción es el lugar a donde llega la realidad cuando la digerimos y la aceptamos, en ese sentido, escribir sobre lo que más nos duele es un modo, no de huir de ese dolor, sino de darle un sentido, una forma.

     

    ¿Cuándo te diste cuenta de que eras capaz de explorar de esta manera tu propia alma?

    Bueno, a veces no exploro mi alma, bueno mi alma no, no llego a tanto, llamémosle mi intimidad, nunca he sabido si tengo alma, tengo curiosidad. Parece que alma es una palabra muy grande, yo soy más partidario de las palabras pequeñas. Digamos emoción que es una palabra hermosa y no tiene connotaciones transcendentales. La escritura es tan grande que no solo sirve para explorar tus emociones sino las ajenas. La escritura es una herramienta de disección de las emociones ajenas también. La ficción es un vampiro que se nutre de las vidas ajenas. Desde niño me fascinó cómo, con una historia, puedes convertirte en otra persona. A veces sobrevaloramos el ombligo del autor, como si todo lo que escribe saliera de él, y muchas veces sale de la observación atenta de los demás. A lo mejor, tu vida, es un cuento mucho más interesante que la mía y mi trabajo, como narrador, es apropiarme del cuento de tu vida, pero es tuyo el argumento y no mío.

     

    Entrevista con Andrés Neuman. Hacerse el muerto

    Esa narrativa tan cuidada y delicada que utilizas habitualmente, ¿es innata o adquirida por la experiencia?

    Yo creo mucho en la insistencia, soy muy cabezón. No creo que nada de lo que hagamos pueda prescindir de la paciencia y de la costumbre. Precisamente, lo maravilloso de los trabajos creativos, es que la rutina, en realidad, te va llevando al asombro, no te acostumbra sino que te sorprende. Lo innato en mí fue el deseo de escribir, creo que la capacidad tiene que ver con el entrenamiento. El deseo va llevando también a la capacidad, tú hablabas de delicadeza pero el matiz es lo más importante del lenguaje, generar una contradicción, detectar variantes, encontrar una línea opuesta cuando había una línea trazada.

     

    Si tuvieras que decantarte por un «maestro» ¿quién sería?

    Cuando alguien invoca a un maestro, parece un poco como incluirse en su estirpe y eso me parece inmerecido, parece que por citar sus nombres uno mereciese algo por parte de ellos. Gil de Biedma decía una cosa muy interesante y es que las influencias hay que merecerlas, entonces, empezar a hacer ahora una lista de autores… fíjate que uno se parece a quien puede no a quien quiere. Muchas veces el temperamento puede mucho más que la influencia, yo admiro a muchísimos maestros y no creo que sea capaz de parecerme a ninguno. Muchas veces te pareces a quien no esperabas.

     

    Para quien no te conoce, intenta definirte en un par de frases.

    Alguien incapaz de definirse en un par de frases.

     

    ¿Cuál fue el primer sueño que viste cumplido?

    Tener un lector.

     

    ¿Crees en la suerte?

    Creo en la paciencia.

     

    ¿Alguna vez te has hecho el muerto?

    Desde niño. Me encanta hacerme el muerto para descubrir que sigo vivo.

     

    ¿Cuándo fue la última vez que sentiste lo vivo que estabas?

    En un hospital.

     

    Última película que has visto

    El documental de Scorsese sobre George Harrison que se titula Living in the material world, título de uno de sus discos y que me pareció entre interesante y lentísimo como casi todo lo de Scorsese. Por lo menos no duraba ocho horas como el de Bob Dylan, que ya es algo, solo duraba cuatro. Pero me molestó un poco la insistencia en la religiosidad de Harrison porque en realidad también ha sido un documental sobre Scorsese, no sobre Harrison.

     

    Tu canción favorita

    ¡Dios mío, una sola! Vamos a ver, cualquier lieder de Schubert del ciclo Viaje de invierno.

     

    Un texto, frase, refrán o retahíla que utilices con frecuencia

    Si es escribiendo, la literatura, tiene más la misión de deshacer. Si es hablando… bueno, teniendo en cuenta lo que me jode levantarme pronto, digamos que «No por mucho madrugar amanece más temprano». A veces amanece en mitad de la noche.

     

    Un sabor

    Los sabores agridulces.

     

    Un aroma

    El del sudor reciente.

     

    Una imagen

    Una ventana abierta.

     

     

    Fina Grau


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