ENTREVISTA

  • Fernando Sánchez Dragó
    ESOS DÍAS AZULES. MEMORIAS DE UN NIÑO RARO
  • «Escribir un libro así es como tirar un sedal al fondo de un estanque y empiezas a pescar peces cuya existencia ignoraba»
  • Entrevista a Fernando Sánchez Dragó. Esos días azules

     

    Esos días azules. Memorias de un niño raro. Dice que ya nació raro pero, ¿lo aprendió con los años a fuerza de reiteración o fue usted mismo el que se encasilló?

    No, me encasillaron los demás. Raro no es un adjetivo que yo me adjudiqué pero en el cole me llamaban raro, los profesores decían que era un niño raro, mis padres decían que era un niño raro, mis amigos decían que era un niño raro… pero qué era, en realidad era un niño distinto. Un niño que decía, y eso sigo haciéndolo, cosas distintas a las que dice el resto del mundo y por eso, a los ojos de los demás, te conviertes en un niño raro pero yo creo que los raros son los otros, que el que tiene sentido común soy yo y que los raritos son los otros. Es una forma de decir que era un niño raro y que ahora es un viejo raro porque cada vez que abro la boca se arma un alboroto.

     

    ¿Y qué hay de nuevo en este libro que no se haya contado ya en otros como en La Fuente del Nilo?

    Mira, la literatura es siempre autobiográfica, la mía y la de todos los escritores. De hecho, al principio del libro hay una cita de P. D. James en la que dice que «Toda obra de autobiografía es una obra de ficción y toda obra de ficción es una autobiografía», en este sentido, algunas de las cosas de este libro, han podido aparecer en novelas anteriores mías, pero muy pocas. Muy pocas porque, en la medida en que yo quise ser escritor desde niño y construir mi vida, literariamente, novelescamente, he vivido muchas vidas, he hecho muchas cosas y tengo suficientes hontanares en mi vida como para seguir contando siempre cosas nuevas. Fundamentalmente, en este libro, lo que se cuenta es, no mi vida pública, en primer lugar porque en la infancia y en la adolescencia no hay vida pública, en segundo lugar porque la vida pública carece de interés para el lector, precisamente por eso, porque es pública y ya se conoce; y la vida privada, hombre, algo hay de vida privada, pero tampoco es excesivamente interesante, al fin y al cabo está hecha de pequeñas cosas. Lo que sí existe, en cada persona, es una vida secreta y esa es la que yo cuento en este libro. Además también hay una vida oculta y una vida misteriosa. Yo procuro contar mi vida secreta de tal manera, que la vida misteriosa, siga siendo misteriosa y que el enigma y el misterio que pueda tener mi persona, permanezca. Quien pierde el misterio, pierde el aura.

     

    ¿Quiere decir que aquí ya deja de hablar Dionisio y empieza a hablar Fernando?

    Aquí todavía habla «Nano», que era como me llamaban a mí de niño.

     

    ¿Nunca tuvo curiosidad de saber si era por la baja estatura o por un diminutivo de Fernando?
    Sí, sí, claro que sí. Tuve esa curiosidad pero mi madre era alicantina y supuse que era un valencianismo. Pero bueno, este libro es Nano, luego ya llega a la universidad y ese niño raro, ese niño implosivo, explota, se abre a la universidad, se abre a las mujeres, se abre a la aventura política, se abre a la bohemia literaria y se convierte en Dioni que es el protagonista de todas mis novelas.

     

    La historia de su vida contando por uno mismo. ¿Por qué ha pensado que ya ha llegado la hora de hacer esta biografía?

    Porque tengo 75 años.

     

    Entrevista a Fernando Sánchez Dragó. Esos días azules

    ¿Pero ha ocurrido algo en su vida que le haya hecho creer que había llegado el momento de hacerlo?

    No, este es el libro que yo quería escribir y que pensaba escribir cuando tenía tres años. Yo creo que todo escritor termina escribiendo sus memorias, excepto aquellos que son pudorosos y prefieren enmascararse en sus novelas, que están en su derecho. Como decía Márquez, sin ir más lejos, que nunca contará su vida secreta, pero es mentira, nos la cuenta en forma de novela como hacía en la famosa novela de Las putas tristes. Hay otro tipo de escritor más descarado, como lo soy yo, que escribe sus memorias. Yo creo que el que no las ha escrito, fundamentalmente, es porque se han muerto antes. Terenci Moix, o Goytisolo, o Kessler, o San Agustín, o Rousseau… todos han escrito sus memorias y no hay nada raro en ello y simplemente he querido hacerlo antes de morirme porque después hubiera sido muy difícil.

     

    Según cita a Heinrich Heine, «Nadie pude decir la verdad sobre sí mismo» ¿por qué ha decidió escribir la suya propia y no ha dejado que lo haga otro?

    En parte porque, como te he dicho hace un momento, está el misterio. Si yo soy misterioso para los demás, soy también misterioso para mí mismo y una forma de averiguar verdaderamente quién eres, es escribir tus memorias reflexionando sobre ellas. De hecho este libro es para mí una experiencia psicoanalítica muy profunda, hasta el extremo de que ese primer recuerdo del que arranca el libro, es crucial en mi vida, mi recuerdo más antiguo, no lo tenía cuando empecé a escribir el libro. Me coloco delante del ordenador, caigo en una especie de trance y ¡plaf! se dibuja delante de mí ese recuerdo que no tenía o que había olvidado, con la misma nitidez con la que te estoy viendo ahora a ti en estos momentos. Cuando te pones a escribir un libro así es como tirar un sedal al fondo de un estanque y empiezas a pescar peces cuya existencia ignorabas. Te vas descubriendo a ti mismo a medida que vas escribiendo el libro.

     

    ¿Y hay que tirar ese sedal con mucha fuerza para llegar más abajo?

    ¡No, que va!, con extrema suavidad. El sedal se va hundiendo lentamente y cuando ves que aletea, lo sacas y descubres que hay un pez. El libro lo he ido escribiendo así, de hecho es un libro de momentos estelares, por eso a veces, a pesar de que es un libro de memorias de infancia y juventud, se cuelan episodios de mi vida adulta porque sacas ese pez.

     

    ¿Este método también fue el que utilizó para escribir La del alba sería?

    Efectivamente, ese es mi otro libro más descaradamente autobiográfico, lo que pasa es que aquel se subtitulaba Mis encuentros con lo invisible y, fundamentalmente, lo que quería contar ahí, aunque se cuelan otros episodios, eran mis contactos con el más allá. Yo creo que la diferencia más significativa es el estilo. Umbral siempre decía que el ordenador cambia el estilo y tenía razón. Yo hace seis años, venciendo mi natural resistencia a abandonar la máquina de escribir, para escribir el libro sobre Soseki, paso al ordenador. Mi estilo era exuberante, un bosque frondoso, un bosque romántico lleno de hojarasca, barroco… el ordenador te permite convertirte en un jardinero zen, recortas, podas. La del alba sería es un libro boscoso y este es un jardín zen.

     

    Entrevista a Fernando Sánchez Dragó. Esos días azules¿No se cansa uno de las críticas negativas?

    Bueno yo es que de las críticas negativas no me entero, me paso nueve meses al año fuera de España, el resto del tiempo en Castilfrío, no sé bucear por internet, nunca he entrado en twitter, nunca he entrado en facebook… y nunca entraré, no me interesa lo más mínimo. Me entero de algunas críticas negativas porque alguna persona me habla de ellas pero las críticas son del que las hace, no son mías. La opinión ajena es ajena, allá ellos.

     

    ¿Cuándo se vuelve uno así de invulnerable?

    Nací así. Eso también está en el libro. A mí en el cole me decían «Tienes piel de rinoceronte». Mi hija Ayanta, que me entrevistó el otro día para mi programa de televisión, también me lo decía, «Papá es que lo tuyo es maravilloso porque, efectivamente, nada te afecta» y es que nada me afecta. Soy completamente invulnerable porque la filosofía de este niño es Hakuna matata, ningún problema. Todo lo que pasa, pasa siempre para bien. A mí nunca me ha dolido la cabeza, nunca me ha ardido el estómago, nunca he estado triste, no sé lo que es la depresión ni la tristeza. Mi vida es una sucesión de días azules porque me gusta todo.

     

    ¿Y estos días azules… los últimos versos de Machado en vida?

    Ese último verso de Machado que precede a su muerte, yo ya tengo 75 años, es una descripción de la infancia.

     

    Pero aún le quedan algunos tomos por escribir.

    Claro, y no me pienso morir hasta que lo haga (risas). Es una treta para vivir muchos años. Además, haciendo alusión a la pregunta anterior, yo soy muy Machadiano, cuando estaba en la cárcel recitaba todos los poemas de Machado, de memoria. También es el color de los ojos de mi padre, el color de los ojos del hermano de mi madre (mi tío Jorge), que es el que sustituyó a mi padre y ocupó su lugar, y es el color que más me gusta, y es el color de la felicidad, el color de cómo era el Mediterráneo antes. Mi casa de Castilfrío está toda llena de toques azules, las puertas, las ventanas, la decoración interior… hasta el extremo de que los lugareños han creado la expresión «Azul Dragó». El traje con el que yo veía más guapa a mi madre cuando era niño, era un traje azul… Había muchos motivos para titularlo así.

     

    ¿Se considera una persona aventajada?

    ¿Intelectualmente aventajada?

     

    Entrevista a Fernando Sánchez Dragó. Esos días azulesEn todos los aspectos

    (Risas) Esta es la típica pregunta que cuando la respondes con sinceridad te dicen que eres un Narciso, que tienes mucho ego, que cuánto te quieres a ti mismo… Vamos a ver, venga, vale, te voy a responder. Yo he sido guapísimo, tan guapo que en la cárcel de Carabanchel, durante dos años consecutivos, fui elegido Mister Carabanchel y, cuando ya tenía casi cincuenta años, en el año 83, en una encuesta que hizo El diario 16, sobre los hombres y mujeres más guapos de España, yo salí el cuarto, detrás del Príncipe, de Pepe Navarro, de Julio Iglesias o Bertín Osborne, una cosa así… (más risas). Era muy guapo, es verdad. También era un chico muy listo, sacaba muy buenas notas, era muy inteligente, muy rápido, muy vivaz, el mejor expediente en la universidad fue el mío…

     

    Sí, vale, pero es consciente de que ha vivido ciertas cosas en una época que ni el más pintado las hubiera soñado. Siempre ha ido un poquito por delante.

    Es verdad. Siempre he tenido olfato, he venteado por dónde iba a ir la historia. Yo fui comunista y antifranquista cuando casi nadie lo era todavía, luego fui hippie cuando nadie era hippie. Cuando llegué a Katmandú todavía no había hippies, llegaron seis meses después. Yo me hice liberal cuando ser liberal era una cosa de las Cortes de Cádiz. Siempre he venteado la historia. ¿Por qué? Pues mira. Ahora vas a decir que el juego ha llevado al narcisismo y la egolatría.

     

    No ponga palabras en mi boca que yo no he dicho (risas)

    Te voy a hablar de la genialidad. ¿Qué es ser un genio? ¿Es ser muy inteligente? No. Hay mucha gente inteligente, hace falta algo más para ser un genio. Genio es una persona que tiene la perseverancia y la imaginación suficiente para saber conectar, trabar relación entre elementos dispersos aparentemente de la realidad y de ese modo, averiguar el futuro. ¿Por qué se es? Es una especie de don, o eres así o no lo eres. No aprendes a ser así, hombre, luego puedes ejercer o no ejercer pero no se aprende, naces así.

     

    ¿Le importaría que subtitulara la entrevista...?

    ¿«Soy un genio»? (risas)

     

    En relación a las mujeres que han pasado por su vida, en los distintos ámbitos, hay una que le ha marcado más que las demás…

    Caterina. Sí, en primer lugar porque fue una relación de muchos años, en segundo lugar porque cuando me abro al mundo vivo una metamorfosis, de pasar a ser el más progre de los progres a no serlo, y todo eso lo viví con Caterina. Lo único agridulce que hay en un libro como este, que es un libro amable, un libro feliz, es esa sensación de que la vida es como un sendero que se bifurca. Evidentemente cuando optas por un sendero estás renunciando a lo que habría sucedido en el otro sendero, y yo, que siempre he querido vivir todas las vidas, he renunciado a senderos que quizá lamento  haberme equivocado.

     

    ¿Tarde o temprano?

    Siempre.

     

    ¿Encendido o apagado?

    Encendido. Cuando oigo gritar ¡FUEGO! voy directo hacía él en vez de alejarme.

     

    ¿Listo o listillo?

    Inteligente.

     

    ¿De cara o en el anonimato?

    En el anonimato.

     

    ¿Qué pasará mañana?

    No me preocupa. Solo me preocupa lo que está pasando en este mismo instante. Vive cada minuto de tu vida como si fuera el último.   

     

    Fina Grau / Carlos Romera

     

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