ENTREVISTA

  • Pedro de Paz
    LA SENDA TRAZADA
  • «Hay experiencias que hay que haberlas vivido muy de cerca para poder prestárselas a tus personajes»
  • Entrevista a Pedro de Paz. La senda trazada

     

    La senda trazada, ¿qué tiene de particular esta novela? ¿Por qué nos recomiendas que la leamos?

    Bueno, si normalmente como lector te apasionan las novelas de intriga, se parte de la base de que esta novela es una novela de intriga, un thriller, en este caso en concreto, me aventuro a dar un paso más, un giro en el tipo de intriga que planteo. La vuelta de tuerca que introduzco es apoyar la historia que intento escribir sobre un elemento más cercano a lo sobrenatural. Eso da pie a que la intriga planteada no sea tan canónica en cuanto a la acción, sino una intriga más psicológica, sobre unos planteamientos de tipo más filosóficos. Se trata de un libro que no puede existir, el contenido escapa a toda lógica y que además desaparece, es robado, luego vuelve a aparecer, el protagonistas corre verdaderas aventuras para recuperarlo… todo ese sustrato de acciones y de ritmo dinámico se mantiene en La senda trazada. La trama de la acción contiene una gran cantidad de elementos filosóficos y psicológicos que circulan, más o menos, en torno al personaje protagonista, que es un fotógrafo freelance, un paparazzi, que está pasando un mal momento en su vida y llega a sus manos un libro que puede cambiarlo, no solo en esos aspectos que van mal en su vida, sino en su propia vida. Tiene que tomar decisiones y pagar un precio en base al camino que quiera seguir.

     

    ¿Y qué te hace meter este elemento psicológico?

    Es el reto que tiene el escribir. El escribir es divertido para el lector cuando encuentra una historia que le agrada, pero también tiene que ser para el escritor. Uno se plantea nuevas metas, nuevos retos. Me apetecía hacer algo nuevo, y eso, en un momento dado, me supuso el enfrentarme a la forma de contar una historia desde otra perspectiva diferente, que me gustaba, que me resultaba atractiva, pero que no había empleado nunca. Eso es lo que me empuja a escribir La senda trazada y a escribirla de esa forma.

     

    En El documento Saldaña ya creas un protagonista de papel y en esta novela haces un guiño con el apellido de Rodrigo ¿un pequeño homenaje?

    Sí, es lo que te decía antes, tiene que ser divertido y cada uno se divierte como quiere o puede. A mí hay una cosa que me gusta muchísimo y son los guiños y las referencias, lo que parece que es y no es, las relaciones ocultas… todo esa parte que tiene de juego y de divertido el oficio de escribir, me encanta. Hombre, este más o menos es evidente porque hay una mención a Saldaña, pero hay muchos más en mi universo autoral, porque al final es un universo autoral, como los guiños a nombres de amigos que son personajes. Hay muchos a lo largo de mi obra que se entrecruzan entre Muñecas de cristal y El documento Saldaña, que hay gente que ha encontrado y gente que no. Es lo que tiene de divertido, yo disfruto enormemente con ello. 

     

    Entrevista a Pedro de Paz. La senda trazada¿Esto de esconder secretos y poderes en documentos, manuscritos o libros, es el filón perfecto que has encontrado para tu creación de historias?

    No, en este caso ha habido una coincidencia «formal» entre El documento Saldaña y La senda trazada, porque ambas se inspiran, el elemento iniciador, son documentos antiguos que tienen secretos arcanos.

    Pero casi son más protagonistas que los propios protagonistas…

    En un momento dado, sí, efectivamente. Es lo que tienen en común pero no quiero que la gente lo vea como un patrón, que yo ahora voy a escribir siempre sobre documentos secretos (risas). Simplemente hay una coincidencia porque ese era el elemento base de la historia, y es cierto que cada una deriva hacía caminos distintos. El documento Saldaña es un mapa del tesoro, en La senda trazada, no es un mapa del tesoro, bueno, o sí es un mapa del tesoro del alma de la gente. Otro tipo de tesoro, pero creo que La senda trazada gana en profundidad por ese elemento psicológico, que puede ser parecido al otro, en principio, pero el tratamiento es muy diferente.

     

    ¿Por qué disfrazas a Alfonso como un perdedor? ¿Era la situación idónea para el personaje?

    No era estrictamente necesario para la historia. No disfrazo a Alfonso como un perdedor, todos mis personajes son unos perdedores, de una u otra manera. En ese carácter del perdedor está el contraste, el que permite iluminar matices en una historia y darle mucho más contenido. Es una perspectiva personal, hay autores que sus personajes son gente feliz y no pasa nada. Yo creo que el perdedor, moralmente, lleva una presión encima que permite dotar de bastantes más matices a su implicación en la historia. No solo Alfonso, que es un perdedor cuyas circunstancias hacen avanzar la historia y, precisamente esas circunstancia son la que obligan a que la historia tome un giro muy concreto, si fuera un ganador quizá lo hubiera planteado de otra manera y no me habría dado ese juego, sino también Miguel Cortes, en El documento Saldaña, es un perdedor a su manera, un superviviente, y también funciona. Esos personajes funcionan y a mí me resultan atractivos.

     

    ¿Hace falta haber sido un perdedor, o conocer a uno muy cercano, para entrar de esa manera en las mentes de estos personajes?

    Hombre sería preferible que no. Mira, a mí me gusta conocer a los lectores, me considero una persona cercana, accesible… y el lector tiende a extrapolar los personajes con mi carácter. Yo me harto de decirles que no todo lo que les pasa a los personajes le tiene que pasar a su autor, pero sí es cierto que todos los personajes, particularmente los protagonistas, tienen una forma de ver la vida cuya mirada la has tenido que experimentar de una manera u otra, quizá no con la misma intensidad, igual tú has sido un poquito perdedor y le prestas esa mirada a tu personaje para que parezca más perdedor porque sus circunstancias han sido más duras que las tuyas. Es cierto que no puedes dotar de una mirada a un personaje si no tienes, al menos, una mirada muy cercana de lo que estás contando y si lo haces, se nota el cartón piedra. Hay experiencias que hay que haberlas vivido muy de cerca para poder prestárselas a tus personajes.

     

    Entrevista a Pedro de Paz. La senda trazadaEscribes con una sutil y deliciosa impecabilidad, ¿cómo consigues que ninguna palabra esté fuera de su sitio ni suene en un tono distinto a las que le rodean?

    Pongo especial cuidado en este tipo de cosas. Antes de ser escritor era, y sigo siendo, lector, y tengo un gusto concreto a la hora de leer y vas leyendo los elementos que te gustan. Cuando ves que la lírica expuesta de determinada forma, de un autor o de otro, te llama la atención y te resulta llamativa, tratas de emular un poco esos patrones, con eso vas aprendiendo y es parte del oficio. Yo creo que el autor tiene que tener algún elemento de talento innato, puede esforzarse, pero hay un talento innato.

     

    ¿Pero tú escribes así directamente o primero vuelcas la historia y luego cambias las palabras para conseguir esa lírica?

    No, no, yo lo que llevo a la editorial, casi es la primera versión de lo que escribo. Siempre hay un pulido al final y mi pulido siempre suele ser ortográfico, porque se me ha olvidado un acento, se me ha olvidado una coma… Ninguna de las editoriales con las que he publicado, nunca me ha cambiado nada de la historia. No sé, llámale habilidad natural.

     

    ¿Y cuáles son esos autores a los que consideras como «maestros»?

    Hay un autor que es evidente y siempre ha sido mi referencia, es Conan Doyle en el canon de Sherlock Holmes. Luego hay mucha gente que me maravilla como escribe y envidio porque poseen un sentido de la prosa que es más lírica y más bella que la mía. Carlos Salem, me encanta como escribe, o la prosa y el virtuosismo de Montero Glez, me gusta la eficiencia narrativa de Lorenzo Silva, me gusta el corazón que pone en lo que escribe Arturo Pérez Reverte… Hay ciertos elementos de distintos autores y tratas de practicar, de la forma más modesta posible, un compendio de todo aquello que tú admiras.

     

    ¿Cuándo estuviste convencido de que querías dejar la informática para dedicarte a escribir?

    Yo soy de la generación del boom de la informática doméstica, cuando empieza todo y entra en las casas, en esa edad nos maravilla esos aparatitos y llega hasta tal punto que me convierto en un friki de la informática de aquella época. Estamos hablando de ver cómo un programador puede hacer esas maravillas, de cuando la curiosidad te lleva un poco más allá y no es que disfrutes jugando a un juego de ordenador, sino es que te preguntas cómo estará hecho. Ese fui yo, sentí pasión por la informática y tuve la gran fortuna de convertir esa pasión en mi profesión durante veinte años, hasta que llegó un momento en el que estaba muy hastiado, tenía un desinterés total, le ves la parte mísera del aspecto profesional. En el momento en que ya no tuve esa afición porque todo aquello en lo que yo me volcaba era mi profesión, me planteé que mi vida necesitaba un nuevo estímulo. Recuperé la afición de escribir cuentos de hacía mucho tiempo y veo que me gusta, que me apasiona. Eso me lleva a que cada vez mis cuentos sean más largos e intensos, un día escribo un cuento en esa línea y me sale una novela corta que paso a los de siempre y le gusta a mis amigos más cercanos y llega a otras personas y me dicen que muy bien, me sugieren presentarme a un concurso y voy y lo gano. Eso fue la chispa, lo que me llevó a seguir este camino.

     

    ¿Qué ha supuesto para ti el XX Premio de Novela Luis Berenguer?

    Ha supuesto ya no solo el reconocimiento del público, sino el reconocimiento de gente que tiene el recorrido literario de una perspectiva profesional, un reconocimiento entre iguales, por decirlo de alguna manera. Muy orgulloso de que gente de mucho prestigio y que tiene un criterio muy valorado de una forma especial, como son los miembros del jurado, reconozcan que algo que has hecho tú, les ha parecido mejor que las otras.

     

    ¿Crees que todo está escrito?        

    Creo que el libre albedrío es menos libre de lo que parece pero siempre, y aún en contra del protagonista de mi novela, yo creo que la decisión final de cualquier elemento de la vida siempre es nuestro, siempre tenemos esa potestad. Las circunstancias te pueden marcar mucho, te pueden conducir por un camino concreto, te pueden encajonar demasiado y dejarte muy pocas opciones, pero toda decisión final sobre cualquier aspecto de tu vida, siempre es tuya.

     

    No ha un destino.

    No, no hay un destino.

     

    ¿Crees en Dios?

    Es que lo de creer en Dios depende del enfoque cómo lo preguntes. Si es un Dios católico, no, no. Como una entidad, no creo profundamente pero me cuesta pensar que no hay algo que, quizá, esté por encima de nosotros.

     

    ¿Causalidades o casualidades? ¿Un híbrido?

    Híbrido pero más causalidad. Yo creo que, al final, todos acabamos teniendo lo que hemos buscado de una manera u otra. Y eso no significa el planteamiento de algún elemento vengador o castigador, es decir «tienes lo que te has merecido». No solo eso, sino que, al final, todo lo que somos y todo lo que tenemos, es un compendio de causas de lo que hemos plantado o llevado a cabo nosotros mismos. Es la causa, básicamente, de lo que tenemos o de lo que podemos obtener.

     

    Entrevista a Pedro de Paz. La senda trazada

    Recordando algo que he leído por tu blog ¿cuál es para ti el libro más peligroso?

    El libro más peligroso es aquel que arrastra fanatismos. Odio los fanatismos. Cuando la información que se te entrega pasa por el tamiz de alguien que tiene que decidir cómo contártela, corres el riesgo de que no sea verdad lo que se te está contando. Corres el riesgo de que esté sujeto a la interpretación de esa persona que te lo tiene que contar.

     

    ¿Cuándo fue la última vez que consideraste que habías hecho algo verdaderamente cruel?

    Pues no hace tanto tiempo. Hay una cosa que detesto profundamente y es la maldad gratuita. Es cierto que a veces te encuentras en la tesitura de hacer algo reprochable o algo no honesto. Recientemente he mantenido alguna discusión en la que quizá, no haya sido cruel… es que la palabra cruel me parece muy fuerte. Todos hemos hecho maldades y el que lo niegue es el que miente, lo que no logro recordar exactamente es cuándo fue la última vez, pero sé que puede que no haga mucho tiempo. He tenido alguna discusión recientemente y a lo mejor he dicho alguna palabra hiriente que debería haberme callado.

     

    ¿Eres de las personas que creen que se debería pensar dos veces las cosas antes de decirlas?

    Sí, pero principalmente porque yo soy una persona muy impulsiva, muy pasional. Es una medicina que debería aplicarme a mí mismo. Muchas veces debería pensarme más de dos veces y más de tres lo que digo. Al mismo tiempo que soy impulsivo, procuro ser lo más honesto posible así que ni hago daño gratuito ni lo que digo es mentira.

     

    ¿Quieres decir que pensarlo más de una vez desvirtúa la sinceridad?

    Efectivamente. Claro, pero a veces tenemos que cambiar la forma en la que se pueda encarar. El decir las cosas de otra forma no hace perder vigencia ni validez a lo que estás contando y es cierto que puedes hacer menos daño que siendo directo y brutalmente honesto. La honestidad brutal, sí, es honestidad, pero no deja de ser un problema, sobre todo si eres una persona muy pasional y muy impulsiva.

     

    ¿Cuál fue tu mejor momento?

    El día que tuve en las manos el primer libro que publiqué. Recuerdo el momento, el lugar, la hora, la circunstancias en las que se produjo.  No digo que fuera el mejor, el día en que me casé con mi pareja, también fue un día estupendo que también recuerdo todos los detalles. Hay varios momentos que son inolvidables a lo largo de tu vida. Si tengo que elegir uno, y por proximidad al tema que estamos tratando, que es literario, me quedo con el día que tuve en las manos mi primer libro.

     

    ¿Lo más gratificante hacía otra persona?

    Cuando los lectores, en general, te reconocen. No es un tema de orgullo fatuo, si no cuando reconocen la labor que haces porque, insisto, yo lo que hago lo hago para ellos. Cuando ellos entienden que es así y dicen que han disfrutado con eso que tú has montado para ellos, son momentos muy satisfactorios.

     

    Vaticina un titular para el día siguiente de las elecciones generales.

    «Todo sigue como pensábamos que iba a seguir»

     

    Fina Grau

     

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