ENTREVISTA

  • Natalia Junquera
    VIDAS ROBADAS
  • «Ellos pensaban que estaban haciendo una buena obra porque estaban dándole a ese niño una familia que ellos creían que era mejor»
  • Entrevista a Natalia Junquera. Vidas robadas

     

    Vidas robadas es casi el nombre de una investigación que lleva años luchando por desvelar esa calamidad que se ha estado practicando durante décadas ¿de dónde surge la idea de escribir el libro?

    Cuando vimos que había muchísimos casos que no eran, ni siquiera, de una zona concreta, sino que era de toda España, que tampoco era de la época de la postguerra, sino que era de los años cincuenta, sesenta, setenta… hasta casi 1990, decidimos ponernos a investigar y ver quién estaba detrás de todo ese medio siglo de robo de niños. Así fue como empezamos a localizar a víctimas de distintas zonas de España y a personajes involucrados de distintas ramas: monjas, médicos, matronas.

     

    ¿Surge como algo personal vuestro o por medio del periódico El País?

    No es lo mismo hacer una notica de cuántos coches menos se han vendido en este trimestre que una cosa de este tipo, que además yo creo que es uno de los temas en los que publicar un hecho, o darlo a conocer, puede ayudar. Todavía no hemos tenido esa suerte, pero nos escribían muchos gemelos que buscaban a sus hermanos porque pensaban que había sido robado y querían salir en el periódico porque creían que si salía su foto, ese hermano gemelo, aunque estuviera con otra familia, se iba a reconocer y nos iba a llamar. Sí que hay algo personal porque al final te implicas cuando conoces las historias, que algunas son tremendas, y te apetece ayudar y deja de ser laboral para convertirse en personal.


    ¿Cuántos años llevabas en la investigación?

    En 2008, cuando el juez Garzón hace aquel auto con el que abría la causa contra el franquismo, él menciona el robo de niños, habla de cerca de 30.000 niños robados en las cárceles franquistas en la postguerra y dice que durante sesenta años, hechos tan graves, no han sido nunca investigados. Ahí es como una primera etapa y salen los primeros casos. Luego, con el caso de San Ramón en Madrid, nos llegan muchos casos y seguimos investigando.

     

    Existe una serie, documentales y otros formatos que denuncian este tema y con el mismo nombre ¿habéis conservado el nombre para que sea más fácil de entender el contenido?

    No tenía ni idea. Nos pareció bien Vidas robadas porque lo decidimos así el primer día. Había que ponerle un nombre y se nos ocurrió enseguida.

     

    Durante el proceso de investigación y escritura del libro, ¿has sentido en algún momento la tentación de dejarlo todo por la congoja que debe apretar el corazón al descubrir ciertos casos?

    No, al revés. Yo creo que como termina siendo un tema de hablar con personas, que no son números, no son datos, sino que son historias y algunas muy trágicas, lo que te provoca son ganas de querer escribir, publicar y ayudar. El libro también lo hemos pensado como la forma de mantener la presión, de que los fiscales que tienen en este momento en su mesa las denuncias de muchas de las personas que salen en el libro, y de otras, se pongan las pilas y llamen a los implicados y ayuden a estas personas a localizar a las que están buscando.

     

    Una denuncia entonces…

    Sí.

     

    Entrevista a Natalia Junquera. Vidas robadas¿Cuál ha sido el criterio que habéis seguido para la selección de los casos que entran en el libro?

    Queríamos que hubiese una representación de distintas zonas de España, Andalucía, Comunidad Valenciana, Madrid, Cataluña, País Vasco…, también de de las distintas etapas, que tuvieron lugar en las cárceles franquistas, de los años sesenta, setenta, alguno del 81…, casos que tuviera peculiaridades como los casos de gemelos o casos de chicas que fueron obligadas o engañadas por sus padres, que convencieron al médico para que les dijera después del parto que su hija había muerto, chicas jóvenes que las llevaban a pisos nido para pasar el embarazo y luego volvían como si no hubiera pasado nada, como si hubieran estado en un curso de inglés. Que estuviera toda la causística.

     

    ¿Habéis dado por cerrada la investigación después de la edición de Vidas robadas?

    No, no, seguimos. Hemos hecho un especial en El País que se llama Vidas robadas también y queremos seguir metiendo casos y aprovechar para contar la segunda etapa que empieza ahora y que es la judicial. Casi 850 denuncias que están en las fiscalías, contar cómo van llegando a los juzgados, cómo los jueces empiezan a hacer algunas exhumaciones en algunos cementerios para comprobar si los bebés que en su día declararon las madres que estaban allí enterrados, están allí. El fiscal jefe de Castellón y el de Madrid, van a empezar a llamar a médicos y monjas que las victimas dicen que les robaron a sus hijos. Queremos seguir toda esa etapa.

     

    Existen persona vivas, e incluso ejerciendo, como Eduardo Vela, curas, ginecólogos… ¿cómo es posible esto? ¿Por qué no están cumpliendo una pena si está demostrado lo que hicieron?

    Pues no lo sé. Garzón se hizo la misma pregunta en el auto aquel que te contaba. En el año 81 hubo una redada policial en la clínica San Ramón, de Eduardo Vela, precisamente por robo de niños porque se destapó entonces el escándalo y, al final, las diligencias policiales, que son cuatro folios, confirmar que ni siquiera interrogaron a Vela. Interrogaron a una prostituta, a gente que estaba alrededor del entorno de la clínica, pero no a las personas directamente involucradas. Ha pasado tanto tiempo que cada vez es más difícil porque estas personas, cuando han llamado a la puerta de Eduardo Vela para pedir información sobre sus familiares, lo que les ha dicho es: «¡Uy, esa documentación se quemó, se inundó, se perdió, no sé donde está, deja de buscar!» Pero pasa que no es lo mismo que le pregunte una víctima al doctor o a la monja, que lo haga un fiscal o una autoridad judicial, que lo siente en un juzgado y le haga esas preguntas.

     

    Pero, sabiéndolo la gente, cómo es posible que este señor continúe ejerciendo y teniendo pacientes/clientes. Yo no iría, por ejemplo.

    Pues Eduardo Vela los tiene.

     

    ¿Pero crees que es por desconocimiento de la gente?

    No, yo no creo que sea por desconocimiento, yo creo que es porque a lo mejor comparten, de alguna manera, esa ideología.

     

    Entrevista a Natalia Junquera. Vidas robadasNo me digas eso, por favor

    Sí, mira, de lo que nos hemos dado cuenta, sobre todo durante la investigación, es que nosotros pensábamos que esto era un negocio, que los niños se compraban y se vendían, pero al investigar y hablar con los personajes implicados, nos hemos dado cuenta de que el móvil económico, evidentemente, estaba, pero por encima del móvil económico había un interés ideológico. Cuando los padres que querían comprar no tenían dinero, no importó, se buscaba otra manera, un trueque del estilo tú me traes otra embarazada y yo te doy un niño, buscaban otra forma. Lo que les unía era una ideología ultra católica de querer corregir los errores de la naturaleza. Ellos pensaban que ese hijo le había tocado a una familia equivocada porque ya han tenido muchos hijos, porque eran pobres, porque no eran católicos, por lo que fuera, creían que esa familia no merecía tener ese hijo y, en cambio, ellos conocía otras familias, otros matrimonios, estupendos a su juicio, católicos, ricos… pero que no podían tener esos hijos y ellos ponían y quitaban, pero ellos pensaban que estaban haciendo una buena obra porque estaban dándole a ese niño una familia que ellos creían que era mejor. No sé, se me ocurre que a lo mejor, esas personas que siguen yendo a esa consulta, o que no le han retirado la palabra a esas monjas, etcétera, piensan que estaban haciendo una buena obra.

     

    ¿Cuál es la peor crítica que habéis recibido por parte de la sociedad más católica o incluso de la Iglesia?

    Pues mira, por ejemplo, llamamos a la Conferencia Episcopal porque había algunas monjas que salían en muchos testimonios en Tenerife, en Bilbao…, les llamamos para ver si tenían algo que decir y nos dijeron que ellos conocían estos hechos por lo que se publicaba en la prensa y lo condenaban, y ya está.

     

    ¿Pero crítica, lo que se dice crítica por estas instituciones?

    No, que yo me haya enterado, no. A lo mejor nos han puesto verdes por ahí, pero no lo sé.

     

    Según reza en la contraportada, la investigación empezó en 1981 ¿por qué tanto tiempo para la publicación? ¿Por qué ahora?

    Porque en el 81 hubo esta redada en la Clínica San Ramón que quedó en nada, luego ya no se volvió a publicar nada y quedó el tema dormido hasta el 2008 en el que el Juez Garzón lo volvió a sacar a la luz con aquel auto contra el franquismo, luego empieza a haber denuncias de casos de niños robados en los años setenta y ochenta y el tema vuelve a resurgir. Podía haberse resuelto todo en el año 1981 si hubiera habido una investigación policial en condiciones.

     

    ¿Alguna historia que te haya conmovido más por la crudeza?

    A mí me impresionó mucho la de Liberia, una señora que vive en Alcoy, su caso es muy particular porque la mayoría de los niños que fueron robados y vendidos, fueron vendidos a matrimonios que no podían tener hijos pero que querían tener hijos, hasta el punto de pagar mucho dinero. En el caso de Liberia tuvo mala suerte porque fue a parar con una familia en Alcoy que no querían una hija, querían una criada. Un matrimonio mayor que quería que el día de mañana, cuando estuvieran enfermos y fueran mayores, los cuidara, con la mala suerte, además, de que el padre adoptivo abusaba de ella, con lo cual ella pasó una vida terrible. También es muy emocionante su caso porque gracias a un anuncio en una revista del corazón, que había puesto su hermano, logró encontrar a su madre y a su familia, hace 25 años.

     

    Entrevista a Natalia Junquera. Vidas robadasTenemos el caso de este reencuentro, en tu opinión personal, ¿crees que puede haber más?

    Que nosotros sepamos ha habido cuatro reencuentros y ninguno quiere hablar porque cuando se reencuentran suele ser un proceso muy complicado. Hay que tener en cuenta que las madres, cuando recuperan a ese hijo, han estado cuarenta años buscando a un hijo y en cambio sus hijos, que se han enterado hace poco de que no eran hijos de sus padres y acaban de conocer a su madre biológica, sus padres adoptivos, son sus padres y esa madre es su origen, le interesa conocer cómo es, si era alta, si era de Logroño… pero no va a ser su madre. Se produce ahí una especie de conflicto muy duro de llevar, sobre todo para las madres que llevan cuarenta o cincuenta años investigando y buscando a ese hijo y cuando lo encuentran, pensaban que lo recuperaban en el momento en el que lo localizaban. Ese hijo se ha criado con otra familia y sus padres van a ser siempre los adoptivos.

     

    ¿Qué momento del proceso destacáis como el mejor?

    El mejor es ahora, pensar que de alguna manera, aunque no sea directamente, que el libro ha servido para hacer presión, para que los fiscales y los jueces no se olviden y parece que todo está empezando a activarse. Saber si la denuncia pública que hemos hecho al publicar estas historias, en el periódico y en el libro, sirve para que la autoridad judicial haga algo.

     

    Jesús ya ha publicado otros libros pero ¿qué tal tu experiencia en este género «literario»?

    Pues la verdad es que me ha gustado mucho, me ha encantado trabajar con Jesús porque tiene mucha experiencia y luego, como además nos hemos implicado mucho en el tema, lo hemos escrito todo juntos. Todo ha sido como una cosa como muy natural, yo escribía algunas historias que luego miraba él y él escribía otras que luego miraba yo, has sido todo sobre la marcha, cronológica y entre los dos todo.

     

    ¿No se os ha ocurrido escribir el guión para una película?

    No, yo creo que eso lo tienen que hacer otros. Si viene alguien, un buen director, para hacer una película o un documental y le podemos ayudar, lo haremos, yo no sé escribir guiones, creo que hay personas que lo saben hacer mejor.

     

    Fina Grau

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