ENTREVISTA

  • Gonzalo Giner
    EL JINETE DEL SILENCIO
  • «Lo que he pretendido es que este libro fuera una máquina de transmitir emociones y sensaciones»
  • Entrevista a Gonzalo Giner. El jinete del silencio

     

    ¿Por qué has elegido el Renacimiento como época para contar la historia?

    Porque durante el Renacimiento se produjeron dos acontecimientos que me parecieron interesantes para darle marco a otra historia un poco más humana que es la del personaje. Uno es que en el siglo XVI, en el Nápoles virreinal de Carlos V, se creó la primera escuela de equitación en el mundo, lo que yo buscaba con esta novela era reflejar un cambio en la historia del caballo, aparte de la humana, en la que el caballo deja de ser visto como un animal de guerra y empieza a ser visto como un animal cortesano. El otro es que los nobles han dejado los campos y se han ido a las ciudades, han levantado sus palacios con caballerizas, con todo tipo de lujos, dentro de sus palacios, y el caballo ya no es el compañero del espíritu caballeresco anterior, sino que es el compañero que sirve para acompañar, en pleno Renacimiento, en la búsqueda de la belleza, del arte y de la estética. En España se tenían esos caballos desde hacía mucho tiempo. Durante el imperio de Carlos V, él decide que en todo su imperio debe haber un caballo que resuma lo que tiene en su imperio, que es magnanimidad, y eligen al caballo español para difundirlo por todo ese imperio.

     

    ¿Y esta historia no quedaría igual de bien en el presente?

    Podría tener el mismo sentido porque la historia humana depende de un personaje, que es Yago y al que yo lo ubico en el siglo XVI, pero es una persona que nace con una serie de dificultades tanto en su comportamiento, como de comunicación e incluso físicas. Tiene un síndrome que hoy tiene su nombre pero en su época no tenía ningún nombre. Se les consideraba endemoniados o locos, hoy se podría llamar Asperger. No es que yo quiera explicar ese síndrome pero sí que me interesaba la capacidad que tienen estas personas y que los animales les pueden ayudar enormemente y lo que ahora llamamos equinoterapia lo traslado a ese momento. La importancia del momento y unir las dos cosas es precisamente porque cuando se quiere crear ese caballo, esa nueva raza de caballos, no necesitas solamente la técnica de decir quiero que tenga esta altura, el cuello de esta manera y que tenga… entonces vas cruzando animales para conseguir un caballo sintético, sino que necesitas el temperamento del animal para que haga ciertas cosas, y eso no se inventa. Tienes que ir descubriéndolo. Ese temperamento es el que puede ayudar a este tipo de personas. De ahí que se junte todo en una época en la que el caballo empieza a bailar, no solo hacen la guerra o sirven de correo, un personaje que tiene una sensibilidad especial para detectar todas estas cosas y este comportamiento animal, y el momento ideal que es cuando se está creando una raza especial para todo esto.

     

    Entrevista a Gonzalo Giner. El jinete del silencio¿Lo podemos llamar novela histórica o prefieres otra etiqueta?

    No, no. Es novela histórica. Lo que pasa es que es la parte histórica tiene un peso un pelín inferior y no tiene tanta trascendencia como el peso humano de los personajes, los contrastes, los conflictos, los comportamientos o la evolución, es muchísimo más importante. Es una novela de emociones o eso es lo que intento conseguir.

     

    ¿Cómo se te ocurre ponerle una deficiencia psíquica al protagonista?

    Porque los caballos, al igual que los delfines, tienen una cierta capacidad de mejorar o de sanar a esas personas. Yo venía de contar, en El sanador de caballos, cómo un chaval aprende el oficio de veterinario medieval para curar a los caballos, y en esta quería hacer todo lo contrario, que fueran los caballos los que ayudan a mejorar el comportamiento de una persona que tiene un problema.

     

    En tu anterior novela existe un protagonista secundario cuya historia transcurre por casi todo el libro, es Sabba la yegua, pero en este parece que has huido de ese protagonismo único dejándolo mucho más abierto ¿no te gustó el resultado del primero?

    No se trataba de eso, si no hubiera parecido una especie de continuación del anterior pero con otros nombres. En este caso lo que me interesaba era crear una raza de caballos que hacen una serie de cosas, eso no es individual, es cuestión de una estirpe.

     

    ¿Por qué caballos?

    En la primera novela tenía mucho sentido porque el veterinario medieval fundamentalmente trabajaba con caballos, me hubiera gustado o no, no me quedaba más remedio. En este caso porque me parece un animal que se sale de lo normal. Dentro de todas las gamas de animales que tenemos, fuera de los salvajes, que, digamos, hemos domesticado, quizá sea el animal que más nobleza, clase, estilo… tiene. El caballo trasmite un equilibrio, una nobleza, me parece el animal más bonito y más noble, y es el que más me gusta. También es que le tengo pasión.

     

    ¿Escenarios y entornos? ¿Por qué esta estructura?

    Lo de entornos porque, realmente, en cada uno de esos capítulos de lo que hablo es de algo que sucede, hay entornos de emoción, entornos de asombro, entornos de dolor… son todo sentimientos. Lo que he pretendido es que este libro fuera una máquina de transmitir emociones y sensaciones, quería destacar en cada uno el proceso de su vida, cual es la emoción que más destaca, cada uno de los títulos tiende a hablar de lo que le pasa a él. Lo de los escenarios es porque yo visualizo mucho la novela, necesito verla como si fuera una película o una obra de teatro.

     

    Entrevista a Gonzalo Giner. El jinete del silencio¿Hace falta ser veterinario para poder ahondar como lo haces tú en el mundo de los caballos?

    En absoluto, generalmente los que mejor conocen a los caballos son los adiestradores o los entrenadores que trabajan todo el día con el animal. Ellos conocen infinitamente mejor al caballo que un veterinario que va puntualmente cuando tiene un problema. El veterinario solo sabe curarlos, identificar el problema según su comportamiento y saber qué le pasa.

     

    ¿Sigues ejerciendo de veterinario?

    Sí, trabajo todo los días pero no con caballos. Trabajo con vacas, ternero, ovejas. La vida me condujo en una dirección, hacia unas especies, y ahora es tarde para especializarme en caballos porque exige una especialización muy profunda. Son muy valiosos también y necesitan una responsabilidad muy alta, si pasa algo por tu culpa, ya no es solo el valor emocional, que lo tiene, sino que económicamente es un dineral.

     

    ¿Qué esperas de El jinete del silencio?

    No espero ni éxitos ni fracasos. Sinceramente. No mido el éxito porque se vendan 3.000 o 5.000 o cien millones. Yo, en esta novela, quiero presentar a una persona y que la gente se enamore de esa persona que es Yago, que lo disfrute, que lo van a disfrutar, van a sufrir en muchos momentos, se van a emocionar, quizá lloren en algún punto también, y eso es lo más grande que me puede pasar. Lo más maravilloso es entrar en muchas casas.

     

    Este silencio ahogado que grita con voz propia al que haces referencia, ¿es innato de todos animales o solo de los caballos?

    Es innato en casi todos. Ellos tienen mucha curiosidad y la forma de acercarse a las personas es por el olfato siempre. Probablemente, un caballo, cuando ve un niño, un bebé en este caso, no sabe lo que es, no lo reconoce, pero sí le llama la atención el olor. Realmente es un truco técnico porque los animales, cuando huelen, reconocen eso para siempre, su carnet de identidad es el olor; y a veces chupan. Digamos que ente caso es algo natural, lo podía haber hecho también una vaca, en cuanto notan algo y no les da miedo, primero tienen un cierto temor, pero luego se va acercando, lo huele, lo reconoce, ve que no hace nada y luego se dispone a lamerlo que es lo que estimula el corazón.

     

    Dime una cosa por la que guardarías un silencio semejante.

    Pues no sé, yo es que soy muy sincero y me cuesta pensar en algo que callaría, te lo digo de verdad, suelo ser muy franco. Lógicamente ocultas algo de lo que no te sientes bien, has cometido algún error o has hecho algo que ha afectado a alguien. Yo lo que más intentaría ocultar sería algo que, aunque fuera indirectamente, hubiera hecho daño a una tercera persona.

     

    ¿Cómo y cuándo decides ser escritor?

    Tenía 39 cuando estaba trabajando en una empresa con una gran responsabilidad y en un momento de estos de fusión, crisis, despidos… un lío tremendo, y me toca formar parte de eso, fue un momento muy complicado de mi vida, sufrí ataques de ansiedad propios porque no me gustaba lo que tenía que hacer y decidí que tenía que liberar esa tensión de alguna manera. Como me apetecía escribir desde hacía mucho tiempo pero nunca lo había hecho, me dije que tenía que hacerlo, tengo que escribir, me tengo que ir a otro mundo, a otra historia y dedicar mi tiempo, no solo a pensar ¡qué horror, que tengo que hablar con Fulanito para decirle que todo se ha acabado! sino que tengo que pensar en otras cosas además, así que creé una historia y la escribí. Ahí empezó todo.

     

    Entrevista a Gonzalo Giner. El jinete del silencio¿Último libro que has leído?

    No lo he terminado todavía pero estoy leyendo Prométeme que serás libre de Jorge Molist. Además me está gustando muchísimo. La última que he acabado recientemente y que no tiene nada que ver es Shanghai Baby, que tiene una novela con una carga erótica muy, muy fuerte, pero muy interesante y apasionante.

     

    ¿Lector de literatura clásica o una oportunidad a nuevos talentos?

    A mí me gusta todo, no le ponga puertas a nada. Además no me gusta la gente que se cierra a que solo quiere leer novela intimista, o solo lee bestseller, creo que hay tiempo para todo y en cada momento te apetece una cosa, y yo pico en todo.

     

    ¿Qué momento guardas con mayor cariño del proceso de escritura de esta novela?

    Hay una escena, la cual visualizo, y a veces necesito música, cuando la escribía me ponía música y me ambientaba, creo que en esta novela la música es importante y esta escena es cuando empieza a descubrir los efectos de la música en él. Yo oía una música determinada. Y el momento en la que entra Miguel Ángel Bounarroti en la Capilla Sixtina, yo lloraba cuando escribía esa escena.

     

    ¿Y en el que peor lo pasaste?

    Cuando corriges y corriges, y corriges, y estás hasta el gorro de corregir, y ves que necesita más corrección. La parte creativa es la más estimulante, la más excitante y te lo pasas de miedo.

     

    ¿Estás trabajando en algo nuevo ya?

    No, ahora mismo no. Además no tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir.

     

     

    Fina Grau

     

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