ENTREVISTA

  • Marian Izaguirre
    LA PARTE DE LOS ÁNGELES
  • «Hubiera seguido toda mi vida contando cuentos si no hubiera sido porque el cuento tiene una trayectoria muy difícil y muy costosa»
  • Entrevista a Marian Izaguirre. La parte de los ángeles

     

    La parte de los ángeles, una gran apuesta y un verdadero reto hablar sobre los sentimientos ¿cuál fue el origen de la idea?

    A mí, hablar de sentimientos, es lo único que me importa al escribir una novela. Analizar la condición humana y lo que se esconde detrás de las arruguitas es lo que me interesa. A veces la disculpa es un hecho histórico y parece que hayas escrito una novela histórica, pero no, lo que has hecho ha sido analizar un acontecimiento histórico pero analizando a unos personajes reales o ficticios y unos arquetipos dentro de esos acontecimientos. Eso es la parte externa, la disculpa. Para mí, sin sentimientos no hay novela leída y no hay novela escrita.

     

    Sí, pero hablando de sentimientos se puede hablar desde la ficción o de un modo más antropológico.

    Llevas toda la razón enfocando la cosa así porque esta novela es, por lo que me revierte de los lectores, fundamentalmente de emociones y sentimientos, y todo el mundo la recibe así. Con un alto nivel de implicación por su parte y reconocimiento de distintas personas, de diferentes edades, de diferentes orígenes… como es ese tema tan universal como es el amor y el desamor, y los agravios, y de alguna manera todas las aventuras que conlleva el amor, en su parte positiva y en su parte negativa y que son en todo el mundo reconocido. Todos los lectores son capaces de reconocerse en algún personaje y cuando alguien se reconoce es como si hubieras encontrando la fórmula, es cuando te sientes liberado, es cuando dices “Ah, esto es lo que me pasa a mí”

     

    Es que en esta novela los personajes no son lo importante, yo lo entiendo como instrumentos para entender bien lo que estás diciendo, el verdadero protagonista es el amor y sus avatares.

    Tiene una cuestión que a mí me sobrecoge un poco y es que, estos personajes, hacen cosas tan reconocibles y tan humanas que acabamos hablando de ellos como si fueran reales.

     

    ¿Qué ha sido lo que te ha hecho decidir empezar la historia por el final, en este caso el presente?

    Y por el final, final, porque yo lo primero que he escrito de esta novela ha sido el último folio y luego empecé por el principio. No quería que se me fuera el final del objetivo que tenía. Podía haber tenido que cambiar el final porque la novela me llevaba hacia otro sito, pero no quería cambiar nada, quería que el final fuera ese y conseguí llegar sana y salva a puerto.

     

    Entrevista a Marian Izaguirre. La parte de los ángeles¿No son muchos 20 años de diferencia entre el pasado y el presente de esta novela?

    Sí, pero son los veinte años que dura la historia de amor.

     

    ¿Y no son muchos para una historia de amor?

    Sí, posiblemente se tenía que haber acabado antes, lo que pasa es que es una historia de amor con una alta dosis de dependencia y, aunque podía haber acabado antes, siempre hay una cuerda que se vuelve a encoger, cuando la cuerda se estira y parece que uno lo iba a dejar, el otro tira de la cuerda y lo acerca hacía sí. Hasta que al final aprenden a vivir el uno sin el otro, pasa un tiempo, sí.

     

    Confusión de sentimientos, ¿cómo se habla de amor y desamor trazando esa línea tan poco visible para algunos?

    No sé, yo creo que no hay ninguna fórmula para eso, es instinto, experiencia.

     

    ¿Dónde está esa línea?

    Hay veces que dura más el desamor que el propio amor. Que dura más el periodo en el que quieres alejarte de esa persona que el periodo en el quisiste unirte a ella. Es más largo el desamor. Hay una frase de Neruda que dice «Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido» y efectivamente es así.

     

    Esta diferencia que dibujas entre la relación de una hija con su padre y la que tiene con su madre, ¿la vives así o es ficción literaria tal cual?

    La relación entre hijos con padres separados tienen un componente muy complejo y a mí me ha gustado mucho analizarlo. Por ejemplo, cuando la hija, al separarse los padres y la madre se queda hecha polvo mientras el padre, como tiene una nueva mujer y es famoso, va por todo el mundo, puede llevarse a la niña, llevarla a Nueva York, llevarla a Londres, pagarle el billete… y la madre sigue hecha polvo, ella es como si tomara parte por los vencedores. Luego, al cabo del tiempo, todo eso se desvanece porque no tiene consistencia y, al final, la que le saca de los problemas y apuros gordos, es su madre.

     

    Entrevista a Marian Izaguirre. La parte de los ángelesDespués del maltrato psicológico, captado entre líneas, se enfrenta al maltrato físico de su hija ¿Qué le queda a Irene para poder encontrar fuerzas y apoyar a su hija?

    Nadie se lo pide. Ella deja de tocar para que él triunfe y tiene que admitir que hay una parte de responsabilidad. Es cierto que él es un embaucador y ella dice una frase que, para mí, es lo que le define perfectamente: «Es de esas personas capaces de prometerte la luna y hacerte creer que te la va a conseguir». Y es verdad, cuando estás con una persona que es así, acabas creyéndote que todo es posible, y si te va a traer la luna no te importa sacrificar tu profesión. Son los sacrificios que se hacen por el amor, pero en el fondo tienes que reconocer que podías haberte resistido a eso, podías haberte opuesto, en un día a día, no con grandes palabras, podía haber dicho «hoy no dejo este concierto, y no lo dejo porque es mi vida y es mi talento y es mi creatividad, y no dejo de tocar con la Orquesta de Rotterdam por mucho que tú vengas a Japón para pedirme que me case contigo. Me caso contigo, pero dentro de seis meses, cuando acabe la gira» Ella no dice esto, ella cayó en brazos del amor de una manera y con la bandera de rendida de antemano, y esas decisiones también hay que asumirlas. Igual no hubo ese maltrato psicológico.

     

    ¿Y por qué metes el maltrato físico de la hija?

    Es un tema del que yo me siento muy orgullosa de haberlo tratado porque todo el mundo me ha felicitado por la manera tan poco sensiblera y elegante en la que trato el tema. Es una cuestión que está en el plano secundario. La protagonista no es la hija, es la madre y el punto de vista de la madre asistiendo a un problema de malos tratos de la hija. Ese tema no puede comerse al resto de la novela y, sinceramente, hubo un momento en el que no sabía cómo resolverlo pero creo que ha quedado resuelto de una manera estupenda y yo estoy muy contenta. No era un tema necesario pero es lo que pasa, es una pareja joven a la que no tendría por qué pasarle y esto está en todos los niveles culturales, no era necesario pero es que existe.

     

    ¿Qué crees que duele más?

    El físico, para mí personalmente. Yo del psicológico, como persona, me puedo defender porque soy fuerte, o por lo menos resistir, y en cambio del físico no lo tengo tan claro.

     

    ¿Crees que una persona puede rehacer su vida, amorosamente hablando, a cualquier edad?

    Siempre.

     

    ¿Son los mismos sentimientos con 20 que con 50 años?

    Es distinto. La experiencia, la pasión… es como si tuvieras una copa, con una capacidad determinada, si la llenas de pasión no te queda nada de reflexión y si la llenas de reflexión no te queda espacio para la pasión. Se trata de llenarla de forma adecuada a tu edad. Sería un absurdo sentir una pasión loca a los sesenta años, no te sigue el cuerpo siquiera, ni las energías, ni las neuronas, ni nada, no te sigue al mismo sitio que cuando tenías veinte años. En cambio no cometes los mismos errores, tienes un nivel de experiencia y de sabiduría que hace que funcione una relación con más garantías.

     

    Entrevista a Marian Izaguirre. La parte de los ángeles¿Hay algo que no hayas perdonado nunca?

    Tengo una tendencia yo que lo perdono casi todo. Más que no perdonar es que, cuando hay una cosa superior a mi capacidad de perdón, me aparto de ella. Es decir, si no te voy a perdonar algo nunca me aparto de ti.

     

    ¿Para no caer en el rencor?

    Sí porque no me gusta eso. Lo del odio y el rencor no me causa más que daño y no lo quiero. Entonces, mejor que decir a Fulanito no lo he perdonado nunca, prefiero decir, Fulanito a desaparecido de mi vida y listo.

     

    ¿Hay algo peor que el rencor?

    En niveles parecidos y en una escala más, sería el odio.

     

    Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid, ¿qué pensaste cuando te enteraste que habías ganado?

    Pues mucha emoción. Además éramos cuatro finalistas y el día anterior nos llamaron a los cuatro para, en el momento de la rueda de prensa, cuando el alcalde de Valladolid iba a hacer público el fallo y se abría la plica y se veía quien era, teníamos que estar localizables en un número de teléfono. Entonces, claro, te llaman el día anterior, te dicen que esto, tú no sabes nada, solo que te has presentado y que hay unas doscientas novelas y, el día anterior, te dicen que eres finalista y que estés localizable a la una de la tarde. Te pasas una mañana de perros pero luego una alegría muy grande. Una puesta en escena con muchos nervios.

     

    ¿Dónde se siente más cómoda Marian Izaguirre, contando cuentos o con la narrativa de una novela de este tipo?

    Pues me gusta mucho los cuentos. Hubiera seguido toda mi vida contando cuentos si no hubiera sido porque el cuento tiene una trayectoria muy difícil y muy costosa, y ya no porque cueste más publicarlo y de menos satisfacciones, sino es que es una lucha sin cuartel. No es como en el mundo anglosajón donde el cuento es importante, donde los grandes escritores son grandes cuentistas. A mí me hubiera gustado mucho, creo que el cuento es un género fantástico donde tienes que ser muy preciso para contar una historia en tan poquitos folios, donde tienes que contar una cosa e insinuar veinte más. Para mí tiene una magia tremenda.

     

    ¿Estás trabajando en algo nuevo ahora?

    Procuro encadenar una con otra.

     

    ¿Cuento o novela?

    Novela.

     

    Fina Grau

     

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