ENTREVISTA

  • Javier Lorenzo
    EL ERROR AZUL
  • «Mi gran error ha sido al mismo tiempo mi gran virtud: la sinceridad»
  • Entrevista a Javier Lorenzo. El error azul

     

    Para empezar no puedo evitar preguntarte por esa primera frase que tanto engancha y lleva su propia historia implícita. «Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez». ¿De dónde sale?

    De mi imaginación, de repente me saltó esa frase a la cabeza y, según se me ocurrió, ya sabía que iba a ser la frase con la que iba a empezar el libro. De hecho es la frase de la que surge el resto de la novela porque, primero, me pareció una frase bonita; segundo, me pareció que esta frase contenía mucha verdad, y tercero, porque era muy descriptiva y ya desde el principio me planteaba lo que era uno de los pilares de la novela.

     

    ¿Quieres decir que estás tranquilamente en tu casa, se te ocurre una frase, tiras del hilo, y de esa frase construyes una novela?

    Claro, sí. Lo que pasa es que tú ya tienes un poco las ideas organizadas pero tienen que concretarse y por algún sitio tienes que empezar. Yo soy de la idea de que un buen comienzo, al igual que un buen final, es muy importante en una novela. Yo ya sabía que esa frase atrapará a lector y en el momento en que surge la frase ya se concreta todo. A partir de ahí ya es solo la intuición y las ganas, y el entusiasmo, y el respeto por la literatura, por el lector y por uno mismo.

     

    Realmente me ha sorprendido mucho tu novela por varias cosas, entre ellas quiero destacar que es uno de los pocos libros que tienen como escenario la Guerra Civil y me hace sonreír cuando hablas sobre ella. ¿Lo buscabas o es un efecto colateral?

    Esta no es una novela sobre la Guerra Civil, pero está claro que juega un papel importante porque en situaciones tan duras como esas es cuando sale lo mejor y lo peor del ser humano, y los extremos siempre son más novelescos que las mediocridades. No era mi intención tomar partido, ni ser maniqueo, ni sectario. La cuestión era poner al ser humano por encima de cualquier ideología, de cualquier circunstancia histórica y eso es lo que me impulsó a escribir sobre este asunto. En cuanto al humor, yo creo que lo aportan los secundarios que son con los que te puedes permitir esas licencias humorísticas y que hacen que el relato, a pesar de que fue en una época muy dura, te ayude a sacar una sonrisa, no todo es una tragedia histórica sino que también hay mucha esperanza y mucha alegría y sentimientos muy válidos y valiosos.

     

    Entrevista a Javier Lorenzo. El error azul¿Cómo se consigue que el lector pueda sonreír cuando se habla de la guerra en ese tono tan mordaz y se ponga triste cuando hablas de los personajes (sea el que sea) tan logrados que tocan en lo más hondo?

    Primero porque esta es una novela sobre seres humanos y no sobre la Guerra Civil y segundo porque lo más terrible de aquel conflicto no fue solo la guerra, que evidentemente es un acto de salvajismo brutal, pero todavía es mucho más brutal y más inhumano el desprecio que se hizo a la vida después de la guerra. Yo puedo entender las salvajadas dentro de un conflicto armado, que no me gustan, desde luego, pero son comprensibles tanto en un bando como en otro y así lo reflejo, pero lo que ya no tiene perdón es que después de haber ganado una guerra, durante cuarenta años, estés esclavizando a un país, lo estés torturando. Por eso la carga trágica y dramática es mucho más honda que no cuando estás en mitad del conflicto. En cambio, aquí, cuando eres un topo que estás escondido en un agujero infecto y que además no puedes salir, y que estás metido por amor porque has hecho una promesa y ella ha dicho «nos quedamos» y tú lo has aceptado con todas las consecuencias, es una decisión muy noble y que implica el reconocimiento del poder que tiene la mujer sobre el hombre. Eso creo que nadie podrá discutirlo.

     

    El carismático y dulce personaje de Amelia ¿en quién está basado? ¿Alguien que conozcas y te ha servido de inspiración?

    No, es curioso. Yo siempre digo que a mí, el Instituto de la Mujer, debería darme una medalla o hacer algo porque siempre me salen los personajes femeninos muy fuertes, con mucho carácter y muy peculiares. Ya sea en una novela histórica o no, me salen ese tipo de personajes, quizá porque son ese tipo de mujer que yo admiro más y que son personas sensatas y dotadas de un gran sentido común que rechazan cualquier tipo de política barata. Amelia está de acuerdo en conceptos como «Asistencia sanitaria para todo el mundo» o «el derecho a que cada uno recupere los restos de sus antepasados y los entierre dignamente» por ejemplo, pero si eso ya lo vinculas a términos como «Revolución proletaria» ahí a Amelia ya no la vas a pillar y te va a mirar con esos ojos «cielicientos» como diciéndote ¿qué me estás contando, chaval? Es una persona, yo creo que como la gran mayoría de las mujeres, muy apegada a la tierra y eso es lo que hace que esta sociedad pueda seguir evolucionando y palpitando.

     

    Y esta forma de elegir un personaje y narrarlo en primera persona ¿realmente te permite ver y contemplar la historia desde fuera o al sentirte involucrado te cuesta más?

    Si te fijas cada personaje cuenta la historia desde un sitio, con unos escribo la historia en primera persona, en otros en tercera, en otro varío y comparto unos y otros. Es una cuestión de ritmo y de sentimiento propio a la hora de escribir y que de repente reconoces que es el buen camino, no es más que eso, una cuestión de ritmo y de sonoridad. Es intuición, yo entiendo las técnicas, los recursos, incluso las trampas, pero no sé si las utilizo, me dejo llevar por mi corazón, por mi espíritu y por lo que llevo aprendido de ser un lector apasionado durante toda mi vida.

     

    Entrevista a Javier Lorenzo. El error azul¿El hilo de los sellos era necesario o resulta un tanto superfluo en la historia?

    No, en absoluto, por tres motivos muy claros. Primero porque el Error azul es un símbolo de una época, se produce un golpe de estado por parte de una sección de derechas que está asociada al color azul. Por otro lado es el sello, que es el sello más raro y más valioso de la filatelia española y solo quedan tres en todo el mundo, los más raros del mundo, uno está expuesto en la British Library permanentemente, lo cual ya índica lo importante que es este sello fuera de nuestras fronteras; el segundo lo tiene un industrial catalán del que se desconoce su identidad; y el tercero, que es el más valioso, es que son dos sellos unidos, uno normal y el otro en el que se advierte el fallo y está desaparecido desde hace años, hasta hay una investigación policial abierta. Es un cruce entre la realidad y la literatura y que descubrí a posteriori. Y el tercer motivo es que el Error azul también es la amalgama, es el recurso literario porque es la prenda de amor que Alberto le entrega a Amelia sin saber el valor que tiene. Precisamente el Error azul es la pieza que permite que luego confluyan todas las líneas del argumento en un final explosivo, espero que así lo interprete el lector, en una «mascletá literaria». Yo creo que las últimas páginas, cualquiera que se acerque a ellas, lo deberá hacer con una bombona de oxígeno cerca, estoy seguro de que el lector va a contener el aliento sin darse cuenta, va a arañar el sillón. Ese es mi propósito porque pienso que solo se puede escribir con el corazón e intentado sacar el máximo de expresividad y de emociones del relato.

     

    Esa forma tan personal de expresarte, creo que más que de escribir pues cualquier palabra valdría, ¿es una técnica made in Javier Lorenzo? «Negar con las coletas», «Asentir con la barbilla» «Voces que se zambullen en el sarcasmo»…

    Yo utilizo todos los recursos, pero los recursos que dicta mi corazón y mi experiencia como lector, más que como escritor, como lector. Es curioso pero yo escribo siendo lector en todo momento y llego hasta el punto de, siguiendo los pasos de mi admirado Quevedo, inventarme términos, términos que yo creo que son absolutamente elementales, palabras que no existen pero que deberían existir. Si yo digo que Amelia tiene los ojos «cielicientos», estoy diciendo, por un lado, que tiene los ojos azules del cielo pero que tienen una sombra de ceniza detrás de ellos, un atisbo de tristeza. Por una parte es una osadía, pero yo espero que se entienda que lo hago con el mayor de los respetos hacia la lengua castellana que me parece la lengua más bonita del mundo. O cuando hablo del verbo «colmillear» que cualquier lector lo va a entender perfectamente, o cuando uso, en tono despectivo, el «cucarachear».

     

    Pero más que las palabras en sí, que también son muy respetables y se entienden perfectamente, me refiero a las expresiones que usas.

    Sí, yo es que le debo mucho a Homero. Si te fijas en la Ilíada atribuye a objetos particularidades humanas. Yo no soy descriptivo de los que te dicen que el personaje es alto, bajo, rubio o moreno, generalmente son pequeñas pinceladas casi como si fueran un cuadro impresionista. Yo tengo una idea de quién es ese personaje, yo cierro los ojos y estoy viendo a Amelia, o al Alférez Repellejo, pero la cuestión es que con esas pinceladas, cada lector, vea su propio personaje. El retrato físico no importa tanto como el retrato moral de cada uno de ellos, de cómo te llega.

     

    ¿De dónde sacas la inspiración para conseguir esas bellas metáforas tan peculiares y únicas?

    Cómo decía Picasso, la inspiración te tiene que pillar trabajando. Yo soy muy peculiar escribiendo en el sentido de que, a veces, en mitad del proceso creativo, de repente me he tirado un mes sin escribir nada, nada más que pensando, dándole vueltas a las cosas porque todo tiene que cuadrar. Del mismo modo que soy muy intuitivo a la hora de escribir también soy muy duro conmigo mismo y, sobre todo, en el momento de la trama, para luego unirlas, no dejo que sobresalga lo más mínimo, no le dejo la opción al lector para que pueda decir, ‘mira este lo que se ha inventado para salir del paso’, está todo calculado para que salga lo más perfecto posible. A veces, los escritores nos pasa que empiezas a escribir y te metes en un callejón sin salida, mentira, siempre hay salida, siempre se puede salir, lo único que hay que hacer es pensar más y darle más vueltas a las cosas. Me niego a hacer dejación de mis deberes como creador y como escritor, no me lo puedo permitir, escribir buenos libros es mi única defensa, no tengo otra defensa más que mi literatura y convencer al lector no por si soy alto, llevo coleta, soy de izquierdas o soy de derechas, sino porque se acercan a mi libro y se olvidan de mí.

     

    Dices que eres muy peculiar para escribir ¿tienes alguna manía?

    Silencio. He estado toda mi vida escribiendo en redacciones, habituado al ruido, pero no puedo escribir literatura sin silencio y sin ser un poquito feliz, por lo menos. Si no estoy bien anímicamente me es más difícil escribir. Por eso este libro tiene más merito, porque me ha coincidido con una serie de cosas que no me hacían feliz.

     

    Entrevista a Javier Lorenzo. El error azul¿Por qué Teruel?

    Por varias razones. Es de justicia darle protagonismo a una ciudad maravillosa que al mismo tiempo ha estado abandonada tradicionalmente por el Estado. Además me venía bien lo de los amantes de Teruel. También tenía dos cosas que me interesaban especialmente, una porque fue la única capital de provincia que fue reconquistada por el ejército republicano y segundo porque es una ciudad que tiene un sincretismo brutal, por un lado está lo árabe, lo mudéjar, por otro lado tiene lo cristiano, edificios modernistas, cosas muy peculiares, la fonda del Tozal donde se dormía a la cuerda, leyendas curiosa que me venían muy bien para la novela como lo de las torres mudéjares. Y, al margen, tanto la ciudad como la provincia, es absolutamente recomendable para conocerla.

     

    Hace unos días hemos leído un artículo de Antonio Gómez Rufo donde decía que habían demasiados libros para tan pocos lectores ¿estás de acuerdo con esto?

    Pues lamentablemente, un poco. Me parece un poquito exagerado pero entre los escritores ya decimos que hay más escritores que lectores y creo que entre escritores nos leemos poco. Es una cuestión de gustos como lector. No sé si es un rechazo basado en el egoísmo o miedo a estar contaminado por las ideas de otro.

     

    ¿Cómo es Javier Lorenzo en la intimidad?

    Muy sencillo, soy una persona que va de frente, soy una persona que intenta no engañarse a sí mismo ni a los demás y que soy consciente de que, por el hecho de ser así, me he llevado muchos palos y más que me voy a llevar pero no voy a abdicar de mis ideas, nadie me va a silenciar y, en algún momento, es posible que llegue a ser un poquito rencoroso.

     

    Si te tuviera que dar la enhorabuena por esta excelente obra ¿qué preferirías una ovación o una reverencia?

    Una ovación. La ovación implica complicidad, que es algo que yo busco, mientras que la reverencia indica sumisión y no me gusta la gente sumisa.

     

    ¿Cuál ha sido tu «Gran error»?

    Mi gran error ha sido al mismo tiempo mi gran virtud: la sinceridad.

     

    Si yo te dijera que me encantaría parecerme a ti y que de mis dedos saliera todo lo que maquina tu cabeza y de esa forma tan explosiva y te preguntara a quién te gustaría parecerte…

    A nadie, no soy nada mitómano. Literariamente no envidio a nadie, puedo envidiar sanamente su reconocimiento social o puedo envidiar, sobre todo, su boyante economía. Y admiro a muchas personas, pero no las mitifico.

     

    ¿Par o impar?

    Impar.

     

    ¿Delante o detrás?

    Dentro.

     

    ¿Capitaneando o dejándote llevar?

    Capitaneo, me gusta ser dueño de mi propio ritmo. He tomado decisiones muy duras en momentos puntuales y con todas las consecuencias, luego me dejo llevar por la decisión pero ya está tomada. Tardo en tomar decisiones, pero cuando las tomo son definitivas e irrevocables.

     

    ¿Rojo pasión o azul eléctrico?

    ¡Vaya preguntas! Rojo pasión, claro.

     

    Fina Grau

     

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