ENTREVISTA

  • José Miguel Borja
    COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO
  • «A mí me gusta hacer teatro, y cada persona tiene su personaje, y en cada persona hay una novela»
  • Entrevista a José Miguel Borja. Como si nada hubiera sucedido

     

    Como si nada hubiera sucedido, ¿Una historia de amor o de desamor?

    De las dos cosas, en cantidades ingentes.

     

    ¿Por qué la familia Salcedo?

    He tenido que emplear un nombre que no es el auténtico porque si no hubiera sido un escándalo con lo que cuento en la novela. Es más, todavía quedan dos miembros vivos de esa familia, los que eran biznietos en la novela y ahora son unos señores mayores, una vive en Marsella y el otro vive en Madrid. Me pareció un poco fuerte.

     

    ¿Los conocía usted personalmente?

    No, yo la noticia de la existencia del Capitán Salcedo la tuve por una abuela mía que vive en Oliva, cuya madre vivía en Cuba y conoció al capitán real que tenía dos familias, una en Málaga y otra en Cuba.

     

    ¿Quién era ese estéril y endemoniado con una doble vida tan común por otra parte?

    Duranelli, el pintor Duranelli, pero no te puedo dar más detalles. No sé si era ángel o demonio porque por las cosas que hacía no sabría cómo calificarlo. Era un ser extraordinario, eso está claro.

     

    Lujuria y castidad ¿un pulso al conservadurismo?

    No, siempre hay de las dos cosas. La lujuria es la que le echa el pulso a la castidad y al revés. Siempre está mezclado.

     

    Entrevista a José Miguel Borja. Como si nada hubiera sucedido¿Una provocación?

    (Risas) ¡Qué va! Yo defiendo siempre la lujuria. Cada uno defiende lo que más le gusta.

     

    Pese a ser una novela histórica, mágica, irónica y de ficción ¿no cree que el principio es demasiado Barroco con esa abigarrada habitación y una genealogía que hay que coger el lápiz para enterarse?

    Pues mira, me lo han comentado hace un rato, me han dicho que el inicio es casi agobiante. Yo, quizá en eso, he usado una técnica casi cinematográfica, pero en cuanto te pones y ves que aparece la primera cosa rara, empiezan a surgir más cosas raras.

     

    Sí, pero hay más de quince personajes en las primeras cuatro páginas ¿no teme que el lector se canse antes de llegar a la página 10 y lo deje?

    Sí, claro, además el lector tiene el derecho de tirarlo a la papelera cuando no le guste. Yo, a veces, cojo un libro y en la página 10 pienso que no me gusta y lo dejo. Quizá por ahí pueda perder alguien. Pero no creo, yo creo que se huelen las cosas porque esa abigarrada decoración que yo describo no es normal. Y los personajes, el abuelo que trajo tal, la abuela que vino de no sé donde, las tías Pasión y Sacramento… con los nombres ya tienes bastante.

     

    ¿Realmente esto era así o ha intervenido una duda existencial?

    ¿Duda? ¡No! Bueno igual hay algo pero yo soy una persona muy segura, y no me avergüenza decirlo, y sin embargo, dispuesta a cambiar de opinión.

     

    ¿Y qué le da esa seguridad?

    Pues el hecho de coger la vida con sentido del humor, con un sentido del humor grande, porque la vida es un coñazo. Yo, de ser Dios, hubiera hecho otro tipo de gente. Cada uno se tiene que crear su propia vida pero desgraciadamente no todos tienen las mismas condiciones económicas o físicas, somos muy desiguales. A mí me gustaría que todos fuéramos mas iguales y, sobre todo, que todos tuviéramos el lujo de ser más libres.

     

    Es una utopía ¿no?

    Sí, pero si no creyéramos en esas utopías sería una mierda (risas) ¡esto no va!

     

    Niños que levitan cuando van a tomar la hostia y casas que se mueven en la noche…

    Claro, pero eso sale en los periódicos casi todos los días. Objetos que se mueven, las caras de Bélmez, Santa Teresa y San Juan de la cruz levitaban…

     

    Entrevista a José Miguel Borja. Como si nada hubiera sucedido¿En algún momento tuvo que dejar de escribir por un ataque de risa al intentar plasmar en su monitor lo que pasaba por su cabeza?

    Yo es que me río siempre, no me dan ataques, es continuo. Es un ataque constante.

     

    ¿Y piensa en la cara que pondrá el lector cuando lo esté leyendo?

    ¿Tú has leído toda la novela? ¿Has leído la escena de sexo que tienen las dos mujeres y él? Pues mira, me hace gracia cuando gente que yo sé de su actitud religiosa y de su beatería, me ven por la calle, me dicen que les ha parecido bien.

     

    ¿Pero porque no se atreven o porque no lo piensan?

    No lo sé (risas). O porque les gusta, que en el fondo será lo más seguro, pero si lo digo yo, a mí no me dicen nada, igual se lo dicen a otros.

     

    ¿Dónde acaba la realidad y empieza la ficción?

    Yo creo que todo es lo mismo. Es real que esto está aquí pero no puede ser una ficción. Mira, a mí me gusta hacer teatro y cada persona tiene su personaje y en cada persona hay una novela. Fíjate, si cada persona que pase por aquí, la sentamos y empezamos a preguntarle, verás como sale una novela, su madre no se qué, su padre que estuvo en la guerra tal, su tío que estuvo en la cárcel, no sé quien que se casó con… Cada vida, en cada uno, si rascas, encuentras una novela o situaciones de novela.

     

    ¿Cree que la definición de ‘lo normal’ ha cambiado mucho en la actualidad?

    Es que cada uno tiene un concepto distinto de normalidad, es como el sentido común y todas esas cosas. Para mí, todo es normal, normal que ocurra lo que sea, porque en el mundo siempre ha habido guerras, se han odiado, se han asesinado, se han descuartizado, que es lo normal… No me gusta, en absoluto, pero es lo normal.

     

    ¿Quiere decir que ya no le sorprende nada?

    No, es que hay que venir aquí curado de espanto.

     

    ¿Aquí, dónde?

    A la vida, es que si no, no puedes. El que ha inventado esto no estaba bien de la cabeza, «no es normal». (Más risas)

     

    Entrevista a José Miguel Borja. Como si nada hubiera sucedido¿Cuándo acabó de escribir esta novela?

    En el 98.

     

    ¿Por qué ha tardado tanto en sacarla del cajón?

    Porque los escritores lo tenemos muy, muy, mal, es muy difícil editar. Ten en cuenta que esta novela fue finalista del Premio Azorín en el que había trescientas y pico novelas, yo la presenté con pseudónimo y nadie me conocía y sale de las seis escogidas y yo me lo creí, creí que lo hacía bien. Y claro, después a una editorial, a otra, y al final en una, lo he publicado, pero es muy difícil, el mundo editorial es muy difícil. Si yo fuera presentador de televisión esta novela sería un best seller. Si yo fuera Bertín Osborne o Matías Prats, o cualquier personaje, bueno… Yo me acuerdo de un tal Boris Izaguirre, del que yo había oído hablar de bobadas de esas del corazón, y un día voy al Corte Inglés, que yo acababa de presentar una novelita mía, y veo que estaba inundado de ‘Boris Izaguirres’ y me dice el de la librería «Claro, es que es un personaje mediático» pero el libro era infumable.

     

    ¿Quién es José Miguel?

    Un niño de la guerra, ahora que está de moda. Cuando yo nací, en plena guerra, naces y ves que está media España matando a la otra media y no sabes cuál está más loca. Un hombre que piensa que esto no va bien, que hay que procurar evadirse e ir a la tuya y, sobre todo, procurar sobrevivir.

     

    ¿Con qué frase se definiría?

    «Llibertat al ciutadá» (Libertad al ciudadano) que dicen en Valencia. Es el don más preciado, lo mejor que podemos tener es el ser libres. Lo necesitamos. El sustento económico, el poder… desgraciadamente no alcanza a todo el mundo, la mitad de la gente pasa hambre, se mueren no sé cuántos niños cada minuto, por eso digo que lo único que podemos pedir es vivir en libertad. Y el Carpe Diem, sobre todo, vivir al día.

     

    ¿Qué hay detrás de José Miguel Borja y que desearía que ‘no hubiera sucedido’?

    Ah, yo no me arrepiento de nada, lo que ha pasado es porque tocaba en ese momento. Soy muy conformista, soy epicúreo y quiero gozar de la vida mientras pueda y cuando se acaba, se acaba. Y luego es ‘como si nada hubiera sucedido’, seguro que dentro de veinte años hay una pareja aquí sentados como tú y yo, nosotros ya no pintaremos nada. Pero hoy sí.

     

    ¿Qué hace falta para tener esa mentalidad que tiene usted?

    No lo sé. Cada uno es de una manera. Yo tengo cinco hijos y cada uno es de una manera. Mi mujer no piensa como yo, a ella le preocupa todo, yo no me preocupo por casi nada, cada cosa que sale en las noticias se preocupa y yo me río, a mí me gusta, me gusta ver como se pelean unos con otros. La vida es un espectáculo.

     

    Pero es como si usted viviera la vida desde fuera

    Sí, yo quiero mirar, es que la vida es un teatro, es el gran teatro del mundo, lo dijo Calderón.

     

    ¿Y no le gustaría sentirse partícipe?

    Ojo, eso lo comentaba con un amigo hace poco. Me decía que yo era muy egoísta y no, yo soy el primero que quiere participar y apoyar en todo. A mí, en mi pueblo, me pegan los de la derecha y los de la izquierda y luego me llaman los de la derecha y los de la izquierda, porque he llegado a un punto en el que no creo en la política, creo en las personas. Y ni el progreso está aquí, ni la bondad está allá. El expresarte con libertad te cuesta que no caigas bien muchas veces. Eso sí, solidaridad, total y más que nada con los necesitados.

     

    Fina Grau

     

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