ENTREVISTA

  • Begoña Aranguren
    NIÑO MAL DE CASA BIEN, EL ÚLTIMO GOZADOR DEL SIGLO XX
  • «El mundo está loco pero lo de este país es para mirarlo por un agujero»

  • Entrevista a Begoña Aranguren. Niño mal de casa bien...

    José Luis muere en 2007, ¿durante todo este tiempo has estado fraguando la estructura de este libro en tu cabeza?

    Pues casi, haciendo un poco de cuentas creo que fue precisamente en el verano en el que murió, en agosto, yo creo que enseguida empecé a tomar notas pero de pequeñas cosas porque realmente yo perdí un gran interlocutor. Sabes que en la vida te encuentras a la persona más bondadosa del mundo, la más brillante, la más inteligente y la que dices este es un gran conversador, pues este era él, y yo lo echo de menos sin parar cada día porque además, en una sociedad en la que no se habla, no hay tiempo, es la era de la imagen, de la informática… lo echo mucho de menos, pero fíjate, empecé a tomar notas pensando pues mira esto le interesaría, esto le gustaría. Él no era un cotilla pero sí era muy curioso y estaba muy puesto en la actualidad. Yo tomaba notas sin tener ideas, sin pensar en si iba a salir, si luego sería un libro, no, me salía espontáneo. No es para nada un ajuste de cuentas, como hay gente interesada que ha dicho, en absoluto, sino todo lo contario, es un mea culpa. En el año 2004, una editorial muy seria me dijeron que a ver si me decidía a escribir sobre José Luis, y yo además muy torpe porque no es que lo contestara así con ímpetu, les dije que lo quería pensar y les dije que sí, que muy bien, sin darme cuenta que verdaderamente los sentimientos son una cosa muy seria y que tú no puedes, por más que quieras, y por más que tengas muy buena intención, no puedes decir, a partir de esto me voy a olvidar de pasar factura, eso no es así, y no es por nada, pero una vez que lo vi publicado pensé que no le hace justicia a este hombre. Realmente nunca lo pensé pero fue pasando el tiempo y un día vi que tenía muchísimo material y pensé, voy, por un lado, a hacer justicia sin concesiones porque a mí me gustaría que la gente lo viera como es, no como me gustaría que fuera porque ese es el amor de verdad, si no es una broma, y de paso, además, le cuento cómo está el patio porque realmente no hace ni cuatro años que ha muerto y esto es irreconocible. El mundo está loco pero lo de este país es para mirarlo por un agujero, y esto da lugar a hablar de política, de políticos, de clases sociales que se creen que son «de bien» porque tienen mucho dinero, pero es malo, no tiene sensibilidad…

    En este caso concreto es peor, además es que ha tenido posibilidades y las ha desaprovechado, lo que quiere decir que es más culpable que otra mucha gente, y bueno, es como se trata a la gente que da los puñetazos, que se hacen ricos con información privilegiada, les dan como una especie de premio a la honestidad y les dan otro cargo más importante todavía, son cosas verdaderamente sorprendentes. Pero vamos, que yo no trato de hacer sangre con nadie solo intento explicar que de aquel señor que era una maravilla de tío, un entusiasta, que era un encantador de serpientes, de niños… pues no queda nada, ni sombra, un señor estresado, con barriga, con el pelo blanco, que ha dejado a su santa para irse con otra supuestamente más pija que vive en la calle Velázquez y que da conferencias por las que cobra un riñón. Y todo esto no tiene más valor que una opinión mía, tan respetable como la tuya o como la de cualquier otra persona.

     

    Entrevista a Begoña Aranguren. Niño mal de casa bien...

    ¿Cuesta mucho decir ciertas cosas, en algunos casos tan personales, a la hora de hablar de una persona con la que has compartido tu vida y encima está muerto?

    Para mí, personalmente, pienso que no es exhibicionismo ni muchísimo menos pero sí creo que es casi terapia, en cambio, para mucha gente sería terrible. La gente suele pecar de una cosa, que aprendí estando junto a él, y es a ser todavía más natural de lo que creo que se puede ser siendo la peque de catorce hermanos, con unos padres que han sido la imagen. Pero él ha sido una víctima propiciatoria en una habitación victoriana donde no se podían mostrar los sentimientos, con una madre que le decía «Date por besado pero no te acerques…» con seis años «… que me vas a manchar y tengo que salir» a mí me parece una cosa horrible y una abuela, que era la más próxima y más cercana, le trataba de usted. También es verdad que yo me psicoanalicé durante seis años y me parece tan frustrante estar aterrado por el qué dirán, por si muestras un sentimiento... me parece tan terrible, que es una cosa que enferma tanto, que creo que hay que potenciarla. Yo a mis hijos, desde el mismo instante en que nacieron, les he llamado de todo lo más bonito del mundo, lo más cursi… para que no tuvieran ese sentimiento.

     

    ¿Cuánto de famosa hay que ser para poder decir estas cosas sin ser juzgada o incluso marginada?

    ¿Pero qué estás diciendo? Yo soy juzgada continuamente, yo soy juzgada, mal interpretada, incluso persona non grata para mucha gente de esa de círculos tan pequeños que se creen muy bien y son muy mal porque saben que yo sé que son mal y les molesta. Lo que pasa es que a mí me compensa decir la verdad porque duermo mucho mejor, yo tengo una máxima de un hermano mío y para mí va a misa, que dice «Si tienes algo bueno que decir de alguien, a los cuatro vientos, si no tienes nada bueno que decir, mejor callarse» lo que pasa es que yo creo que estoy en el medio, en el sentido de decir solamente la verdad, sin darle más importancia. Es solo una opinión, nada más, cuando es algo más que una opinión, es algo que está contrastado con un periódico en la mano. Pero ¿famosa?, nada y ¿poco juzgada?, ¿pero qué estás diciendo? (risas)

     

    ¿Despecho, ficción o verdades como puños?

    Despecho en ningún caso, porque no siento despecho. Yo diría que es un diálogo, una carta de amor. Ficción en absoluto, todo lo que digo es real como la vida misma. Creo que son verdades como puños, pero tampoco dichas con maldad, yo puedo tener mucha, pero vamos, que me he comportado (risas). No hablo de cosas que no sé o no me compete.

     

    Entrevista a Begoña Aranguren. Niño mal de casa bien...

    ¿Alguna cuenta pendiente y oculta con la casa real?

    No, en absoluto, al revés, todo lo contrario, además me encanta que me hagas esta pregunta. Mira yo no soy de origen monárquico, ni mucho menos, estoy encantada de que estén estos señores, una gente que entra y sale, que sabe idiomas, que encima él es muy simpático, ella es una señora de los pies a la cabeza y él siente una enorme admiración hacia ella, que Dios los guarde por muchos años, o sea, yo no tengo nada contra la Casa Real, lo que insisto en decir es que comprendo más a Leticia que al príncipe, y lo comprendo más porque sencillamente ella ¿por qué va a renunciar a algo que le están proponiendo de semejante envergadura?, lo que sí me parece raro es que, que yo recuerde, el último que renunció a un trono por amor fue el de la Simpson, de la casa Windsor, que tampoco estoy segura que fuera por amor, más bien creo que los dos eran pronacis. Todo el mundo quiere reinar ¿tú conoces a alguien que haya dicho no a un reino, cedo la corona? Yo no lo conozco, no sé si lo habrá, yo no lo conozco. Como están llenos de prebendas y de cosas buenas, a mí me parece que de cada cuatro que tienen que hacer, que puedan dar un poco más de pereza, pues que se fastidien ¿qué vamos a hacer? Yo creo que este chico, el príncipe, ni buscada a lazo la encuentra más inapropiada, pero no porque ella parezca menos inteligente, es más, me molesta profundamente cuando se meten con ella constantemente, porque para empezar es una gente que se considera monárquica, con lo cual es una cínica que ni para qué, si yo fuera monárquica hablaría desde la libertad que me da a mí el no serlo. Esa gente que pasa por monárquica y luego la pone verde es porque en el fondo, lo que no se han tragado, es que el príncipe iba a salir con este tipo de chica, con Eva Sannum, y que luego iba a casarse con su nieta, o con su hija, que es una monada de niña… y no, ha hecho lo que ha querido y por eso están que trinan, igual que porque no hay porte, el porte que tuvo Alfonso XIII y la doña Victoria que fueron una gente deplorable, salvo en contadísimas excepciones, que también las hubo, naturalmente, no lo van a tener, que la gente acaba por aprender y saber con quién se trata.

     

    ¿Cómo se puede enamorar una mujer como tú de un hombre como él?

    (Risas). Pues yo creo que es bastante fácil si yo te digo que él era el gran interlocutor y una persona infinitamente mejor que nadie que he conocido. Y a mí no me gusta el hombre de terciopelo y plata, a mí el José Luis me gustaba de verdad era en zapatillas, el de llegar a casa y hacer un suspiro de alivio y ponerse un pantalón medio roto y cuando estaba escribiendo y currando, era un gran currante y charlando conmigo, a mí era ese el que me gustaba. Era un gran vividor en el gran sentido de la palabra pero este hombre que se fue de casa con dieciséis años, ojo, con tanta gente de servicio, con tantos lujos, pero es que no podía aguantar ese ambiente y a mí me parece muy bien, que diga: «esto no le aguanto, me marcho» y se fue a Argentina… estas cosas solo lo hace un vividor, en el sentido de que ya que estamos aquí pues vamos a vivir. Yo lo admiro mucho, no fue cobarde, se tiró a la piscina.

     

    ¿Crees o sigues creyendo en el amor?

    Sí, creo en el amor, creo que la pasión mueve montañas. Me parece que es una pena pero es una realidad, y a estas alturas lo tengo que reconocer pero la pasión es igual de efímera que de maravillosa. Pero sí creo en una definición de amor, que en un momento determinado me dio Antonio Gala y yo siempre lo he escrito, él me decía que el amor es una amistad enormemente solida, inquebrantable, contratos de erotismo; y eso me parece de una belleza que pienso que si está así enfocado, sí creo en el amor. En la admiración, en el respeto, en la complicidad, en el sentido del humor, en el que tú te preocupes de entretener a esa persona.

     

    Entrevista a Begoña Aranguren. Niño mal de casa bien...¿Cuántas decisiones importantes has dejado sin tomar esperando que desaparecieran si evitabas pensar en ellas?

    No soy para nada así, no te imaginas como soy de machaca, me entra una cosa en la cabeza y hasta que no la soluciono de verdad, no paro. Además había una frase que dice que aunque te equivoques es mucho más descansado decidir, entonces yo prefiero decidir aunque me equivoque y le doy vueltas a las cosas, es más, le doy demasiadas vueltas. Pero llega un momento en que decido y si me equivoco pues me equivoco.

     

    Y la última locura que has hecho sin pensar en las consecuencias

    Yo creo que a estas alturas es casi imposible no pensar un poco en las consecuencias. Lo que también es importante es que esas consecuencias cada vez te den más igual, te importe menos y te llegue menos. Te da igual la gente que intenta malinterpretar, te importa menos.

     

    Y la última vez que dijiste «¡NO AGUANTO MÁS!»

    Pues yo tengo un genio vivo y lo digo a menudo (risas) eso es otra cosa, con el tiempo y los años digo: «tampoco es para tanto y no le voy a dar importancia a esta persona que para mí no es nada», me aguanto un poco más, tal vez.

     

    ¿Sueles mirar fotos antiguas para recrear tu pasado o te reinventas cada mañana al lavarte la cara?

    Tengo más tendencia a reinventarme lavándome la cara o duchándome. A mí, mirar fotos antiguas, me producen mucha melancolía y tampoco necesariamente quiero decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no me gusta mirar fotos antiguas. Son gente como que ya están cansada, sorprende en la sociedad en que vivimos, parece que está como más anestesiada y no reacciona con nada, pero mirar fotos antiguas me parece ya el colmo.

     

     

    María de la Morena y Fina Grau

     

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