ENTREVISTA

  • Antonio Gómez Rufo
    LA ABADÍA DE LOS CRÍMENES
  • «Esta novela tiene los siete elementos que hace que una novela sea agradable para el público que son amor, humor, intriga, aventura, un poco de violencia, un poco de sexo y un final feliz»
  • Entrevista con Antonio Gómez Rufo

     

    La abadía de los crímenes. ¿Qué viene antes, que es lo primero que se forja en su cabeza, la ubicación de la historia en una abadía leridana o la selección de los personajes históricos?

    Lo primero que viene es una idea, una idea que surge y que uno quiere transmitir a sus contemporáneos a través de una fórmula que es la novela, lo que yo escribo. En concreto fue leyendo un libro de historia, descubrí un pasaje en el que los nobles catalanes le piden al rey Don Jaime que en la conquista de Mallorca sea una empresa exclusivamente catalana porque ellos creen en el reparto absoluto del botín y de las tierras y, por tanto, que no participen los nobles aragoneses. Esto crea un problema a la Corona de Aragón y a mí me hace pensar que en el siglo III, los catalanes ya apuntaban maneras. Como me gustó la anécdota y cómo se expresaban, porque era el momento que se estaba debatiendo en España el Estatut Catalán, pensé que aquí había una novela. A partir de ahí busqué un lugar donde situar la acción, busqué los personajes que la llevaran adelante y, evidentemente, tenía que ser el rey don Jaime y tenía que situarse en Cataluña. Y qué mejor lugar que una abadía, que era un espacio cerrado donde se podía manejar perfectamente todos los hilos de la intriga, del amor, incluso de las costumbres de la época; y me puse con el trabajo de documentación que siempre es esencial para una novela histórica, estudié todo lo que hay de Alta Edad Media en España, que es muy poco, y una vez conocidos los hábitos, las costumbres, lo que se comía, cómo se vestía y todas esas cosas, empecé. Yo ya sabía que el personaje del rey don Jaime iba a funcionar, así que lo rodeé de su esposa, de la corte y, sobre todo, de una monja navarra del Convento de Culebras que va allí a ayudar a Jaume a resolver la intriga. Así surge la novela, primero es lo que quiero contar y luego ya busco los escenarios y los personajes que lo van a contar.

     

    ¿Cómo detectar esa pincelada de sarcasmo que tan bien domina?

    Hoy en día, en la novela actual, tiene que existir tres características esenciales, por una parte tiene que entretener, por otra parte, el lector tiene que aprender algo mientras está leyendo y, en tercer lugar, me parece fundamental el sentido del humor. Yo creo que en estos momentos, el lector agradece que se pueda divertir con el autor a la hora de leer una historia. Como yo me divertí mucho escribiéndola, creo que espontáneamente salió este sentido del humor que luego se refleja en las páginas de la novela.

     

    Entrevista con Antonio Gómez RufoPero no es fácil dominarla, es propenso, por parte de ciertos autores, caer en el chiste fácil, en lo burdo y grosero.

    Eso forma parte de la técnica, los escritores profesionales nos solemos contener, sabemos hasta donde podemos llegar al contar una historia y también huir de la zafiedad en el humor o de la banalidad. Dentro del humor es muy difícil hacerlo por eso son tan pocos los humoristas que hacen humor inteligente. El escritor tiene la ventaja de que puede repasar una y mil veces lo que está escribiendo y en el momento que hay un poco de profesionalidad y autocrítica, se sabe hasta donde se puede llegar sin traspasar esa barrera del humor fino que a la vez entiende muy bien el lector.

     

    ¿Realmente piensa que La abadía de los crímenes se puede comparar con El nombre de la rosa?
    No, en absoluto. Creo que hay un paralelismo en la medida de que ocurre dentro de un convento y que sucede en la Alta Edad Media pero, desde luego, cuando escribí la novela, en absoluto tenía en la cabeza El nombre de la rosa. Ha sido después, la editorial, la que ha utilizado esta comparación en la promoción y el marketing de la novela. Para mí fue una sorpresa porque en ningún momento lo tuve en la cabeza. No creo que se parezcan en nada, El nombre de la rosa es una novela que a mí me entusiasmó porque contiene un debate teológico sobre si Cristo sonrió o no alguna vez y por tanto si a los clérigos les estaba permitido o no el sonreír, y es lo esencial de aquella novela, un debate mucho más teológico que de cualquier otra naturaleza y sin embargo, mi libro, es una novela donde la intriga y el amor tiene una gran importancia y también el momento histórico de la Corona de Aragón, todos sus componentes políticos y sociales, no me parece que haya más paralelismo que el envoltorio, por decirlo de alguna manera. Desde luego no me desagrada nada la comparación, pero yo no la comparto.

     

    Suspense e intriga, amor y desamor, poder, secretos y muertes… todo ello en un relato histórico ¿Cómo se consigue que este coctel de tan variados temas encajen a la perfección?

    Con mucho trabajo y mucho esfuerzo, estas novelas intergenéricas, que tienen todo tipo de géneros, tiene los siete elementos que hace que una novela sea agradable para el público que son amor, humor, intriga, aventura, un poco de violencia, un poco de sexo y un final feliz. Con estos siete elementos es agradable para el lector acercarse a esa novela. No es que haya sido deliberado pero ha sido el resultado y por eso me gustó y la entregué a la editorial. 

     

    Entrevista con Antonio Gómez RufoEl principio del libro es, a mi entender, brutal ¿Está hecho adrede para enganchar desde el primer renglón o cree que me dejo impresionar por bonitas palabras?

    «El amor es como el agua que si no se agita se pudre. Y a veces amor y sufrimiento eran la misma cosa, qué paradoja»

    Es muy importante la primera frase en una novela, todos los escritores lo sabemos y buscamos una primera frase que permita seguir leyendo. En este caso es un dicho portugués, una frase hecha que a mí me gustaba muchísimo y como el primer personaje que aparece es doña Leonor, me parece muy bien que en ese sufrimiento que tiene ella porque sabe que el marido ha pedido la nulidad del matrimonio, creí que si ella empezaba pensando con esta frase era un buen arranque. Por supuesto que es deliberado, es deliberado la primera frase y la última. Una novela es un trabajo de orfebrería donde hay que encajar todas las piezas para que queden perfectamente engarzadas porque si no, hace aguas y se quedan flecos sueltos por todas partes.

     

    Cuando Gómez Rufo escribe una novela ¿la tiene gráficamente en su cabeza perfectamente hilada o va escribiendo según una idea inicial y sus dedos van fluyendo por los capítulos sin premeditación?

    Yo me quedo embarazado de una idea y tengo un proceso de gestación que puede durar tres meses o tres años y cuando rompo aguas, mi novela está íntegra en la cabeza. Cuando me pongo en el teclado redacto lo que tengo en mi cabeza. Mis novelas las construyo en la cabeza y después las escribo y las reviso siempre nueve veces y no me siento a escribir hasta que no la tengo hilada, no podría ir improvisando según voy escribiendo. Es más, incluso cuando un personaje se escapa, que alguno a veces lo hace, tengo que pararle los pies porque tiene que estar tal y como lo tengo en mi cabeza.

     

    ¿Cómo acaba un letrado y criminólogo con tan bella pluma?

    Nunca fui ni letrado ni criminólogo, estudié derecho y criminología pero nunca me gustó. Ejercí derecho un par de años, empecé muy pronto a trabajar en el Ministerio de Cultura, en el Ayuntamiento de Madrid y en la Filmoteca. Lo que yo hago desde los siete años es escribir, fue para mí una ficción, luego una vocación y, finalmente, una profesión. Desde luego, como profesión, yo desde muy pequeñito siempre quise ser escritor y terminé consiguiéndolo en el año 1987, a partir de ahí me dediqué exclusivamente a la literatura.

     

    ¿En qué momento una persona que escribe libros, se siente escritor?Entrevista con Antonio Gómez Rufo

    Nunca, uno escribe y escritor lo consideran los demás pero en su fuero interno, por lo menos eso me pasa a mí, siempre estamos llenos de dudas, nunca sabemos si el trabajo que hemos hecho responde a las expectativas de quien lo está esperando. Otra cosa es que cuando publico una novela estoy seguro de que no sé hacerlo mejor, soy honesto conmigo mismo y sé que esto es lo que quería hacer, lo que quería transmitir y no sé hacerlo mejor. Ser escritor es una profesión muy fuerte, muy sólida, eso te lo dicen los demás, uno nunca está seguro de si realmente alcanza la cualidad de escritor. No es la cantidad de cosas que publicas si no si tienes esa cualidad.

     

    ¿De qué libro guarda más cariño de todos los que ha escrito?

    Del que estoy escribiendo, el siguiente. Me gustan todos, son todos mis hijos y los quiero a todos por igual. Hombre, me gusta mucho el que estoy escribiendo ahora, pero puedo abortar y al final no terminarlo. Sí creo que La abadía de los crímenes es la mejor novela que he escrito, eso es cierto y no por lo que dicen los críticos, sino porque es una novela en la que he logrado una simplicidad que yo estaba buscando desde hace mucho tiempo. En literatura, cuanto más sencilla y más simple, mejor, aunque también es más difícil que pueda llegar a todo el mundo. Yo creo que no me he perdido por descripciones, por cosas que pueden distraer de la historia que estoy contando. Esta novela, que tenía 800 páginas cuando acabé la primera versión, ha terminado en 400 porque me he desprendido de todo lo que creía superfluo. Diría que, hasta ahora, es el hijo que me ha salido más guapo.

     

    Una canción que le ponga la piel de gallina

    El concierto para violín de Tchaikovsky.

     

    La última vez que fue al cine y vio una película que le impresionó fue… 

    Quemar después de leer, fui a verla dos o tres veces al cine y me divertí lo que no está escrito. 

     

     

    Fina Grau

     

    Quizá también te interese:

    EL MANANTIAL DE LOS SILENCIOS

    .VOLVER A ENTREVISTAS -> -> ->.

     


  • Volver