ENTREVISTA

  • María Zaragoza
    DICEN QUE ESTÁS MUERTA
  • «Pienso que todo el mundo debe enseñar lo que hace, será mejor o peor, pero quizá se pueda sacar algo y que alguien te diga sigue por ahí, esto está bien»
  • Comenzaste muy jovencita a escribir, a qué se debe esta pasión por la literatura a esa edad tan temprana. Entrevista a María Zaragoza

    A varias cosas, aprendí a leer y a escribir yo sola cuando tenía tres años porque me aburría mucho, toda mi familia se dedica a la hostelería y mi madre es maestra, mientras ella hacía prácticas con niños, siempre me dejaba con mis tíos, con mi abuela... y me he criado en bares y era muy aburrido para mí, mi tío trabajaba en una discoteca y alguna vez me llevaba, yo era un poco como la mascota de la discoteca, pero yo me aburría porque ponían música y vale, bien, pero, ¿qué hace un niño pequeño en esos momentos? Entonces yo empecé a asociar las etiquetas de lo que pedía la gente con las etiquetas de las cosas que luego le servían y empecé a juntar letras y así fue como aprendí a leer y a escribir. Lo malo fue, primero, que cogí muchos vicios a la hora de escribir porque confundía las «erres» con las «haches» luego me sacaron de dudas en el colegio; y aparte también que todos los libros recomendados para ciertas edades me los salté, yo con cinco años me había leído los de siete y con siete años los de doce. Cuando pintaba, como todos los niños, siempre contaba alguna historieta y de hecho, tengo una foto, (mi madre me hacía fotos constantemente) en la que estoy escribiendo el primer cuento que escribí, tenía cinco años y no me lo tomé muy en serio, yo decía, voy a contar como se monta el Portal de Belén y cosas así, un cuento de Navidad. Luego ya empecé a escribir cosas más ficticias y más serias cuando tenía siete años porque no encontraba lecturas y decidí contarme mis propias historias. Así fue como empecé a escribir.

     

    ¿Y qué tal en el colegio?

    Yo era la típica niña petarda que estaba en el colegio y todos los niños decían, yo quiero ser bombero y yo astronauta, yo decía, «yo quiero ser escritora». Todo el mundo me miraba fatal y aprendí, como a los diez años, a decir que quería ser periodista porque sonaba mejor, si decías que querías ser escritora todo el mundo te miraban raro y si decías periodista, era algo como más cercano, más reconocible, se imaginaban a la locutora de la tele y decían, ya sé lo que quieres ser. Pero realmente no era cierto, a mí el periodismo nunca me interesó pero sí la literatura, lo decía porque así parecía que me integraba más.

     

    Entrevista a María ZaragozaHe escuchado y leído comentarios sobre tu libro haciendo referencias a novela negra o thriller, ¿estás de acuerdo con estos adjetivos o piensas que Dicen que estás muerta es una obra de suspense?

    Sí y no, por un lado creo que es una obra de intriga y de misterio, porque evidentemente hay un asesinato, hay que resolverlo y saber quién es el asesino. A mí me parece que es una novela con extras, aparte de eso hay una historia de amor, unos personajes intimistas y, además, reivindico el personaje de la muerta. A mí me parece que el asesinado, en todas las novelas de suspense, es un personaje que se olvida, lo asesinan y entonces de repente el protagonista es el asesino, ¡Pues no! hay una persona que ha dejado de vivir. A mí me interesaba mucho porque en el libro propongo la teoría de que en toda persona hay un asesino y una víctima potencial y que tu vida, tus circunstancias o como tú seas, te lleva a elegir una de las dos cosas y me interesaba mucho saber por qué Luján Menéndez (la protagonista de mi libro) «la muerta», llega a ser asesinada y lo que fui haciendo es construir por un lado el asesinato desde el punto de vista de buscar el asesino pero por otro lado ir descubriendo a esa muerta que ha aparecido en una calle.

     

    ¿Cómo llegaste a crear esta trama en la que todos los personajes están completamente implicados? ¿En qué te inspiraste?

    Hubo varios nacimientos de este libro. Lo primero fue cuando nació por una canción que cantaba Jaime Urrutia, Bumburi, Loquillo y Andrés Calamaro que se llama ¿Dónde estás? Y empezaba «Dicen que estás muerta, las calles desiertas del olvido nunca sabrán que sigo el rastro de tu amor» a mí ese principio me parecía brutal y siempre quise escribir un relato que acabó siendo una novela de cuatrocientas y pico páginas con ese título Dicen que estás muerta. Entonces empecé contando un punto de vista, que es el de un chico, que es el último que la ha visto con vida, y que decide denunciar a su novia por ese asesinato, pero ninguno de los dos conocía a la muerta de nada, entonces ¿por qué este hombre denuncia a su novia por ese asesinato?, esa era la premisa. Yo empecé y me gustó lo que estaba haciendo. Normalmente, cuando empiezo, siempre voy como un poco floja, pero en ese momento, empecé con tanta fuerza que me asusté y lo dejé en un cajón durante tres meses sin tocarlo. El segundo empiece fue con la muerte de Antonio Vega, que también aparece en la novela, y que tiene otra línea hacia la muerte de Antonio vega y el último concierto que dio, y también lo guardé. Establecí la relación y lo guardé porque me daba miedo, estaba creciendo mucho, aparecían nuevos personajes que queríanEntrevista a María Zaragoza todos decir que esa muerta estaba muerta, porque la gracia del libro es que el lector sabe que la muerta está muerta porque se lo cuenta los personajes, cada uno va contando su versión de la historia. Entonces mi pareja se fue a vivir a Australia, me abandonó, yo me acordé de Serezade, de Las mil y una noche, lo de contar un cuento todas las noches para evitar que te corten la cabeza. Todas las semanas le iba mandando un trocito de este libro y él se fue enganchando de tal forma que siempre me pedía que escribiera más deprisa. Yo sé que esta novela funciona porque él se enganchó enseguida hasta tal punto que quería saber más y más. Al final regresó de Australia y ahora estamos juntos de nuevo en Madrid. Ese fue el tercer nacimiento de la novela, Australia.

     

    Déjanos que te conozcamos un poco más como persona ¿Cómo es María Zaragoza?

    Yo me defino como curranta, tengo una paciencia infinita, soy muy difícil de desanimar y cuando quiero algo creo en el trabajo, doy un espacio a la suerte y al azar y a las coincidencias, he tenido muchas coincidencias en el camino que me han llevado hasta el Ateneo, pero creo en el trabajo, un trabajo bien hecho siempre es bien reconocido. Si me tuviera que definir con una palabra seria como una curranta. Trabajo muchísimo para llegar a algo. Cuando estaba escribiendo esta novela, llevaba unas velocidades que no os lo creeríais, estaba trabajando de cara al público, estaba atendiendo a señoras estupendas con abrigos de pieles, perlas y moños y tenía la libreta debajo del mostrador, en las piernas, e iba tachando corrigiendo, tomando anotaciones, además tenía el plus de que no podía perder la atención de Maxim que estaba en Australia, iba trabajando horas y horas en todas las cosas, quería que quedara perfecto. Este libro es como un engranaje en el que no falta ninguna pieza. Se lo pasé a mis amigos para que lo leyeran y todos se quejaban de que había un salto temporal entre una cosa que le sucedía a un personaje y las conclusiones que sacaba, era como que no sabemos por qué ha llegado a esta conclusión. Antes de presentarme al Ateneo Joven, escribí un nuevo capítulo donde explicaba estas razones y ya todo queda cuadrado, pero todo esto lleva muchísimo trabajo, de creación de personajes, de tirarte horas buscando qué relación hay entre ellos, porque los personajes del libro, aunque aparentemente no tengan nada que ver, todos están relacionados de alguna manera. De hecho, algunas veces, no lo digo al principio claramente sino que voy dejando pistas para que el lector se adelante a que yo lo diga. Entrevista a María Zaragoza

     

    Me has recordado a la movida de los 80. Al movimiento cultural que iba alrededor de la música, lo has mencionado antes y se te ve muy relacionada y me sorprende…

    Yo siempre he dicho que he nacido 30 años tarde. Yo soy del 82 y sí que es cierto que había una discoteca en mi pueblo que se llamaba Las Musas, al que iba toda esta gente a tocar. El dueño que era un artista, un pintor impresionante, era el hermano de mi mejor amiga y él sí que era de esta panda, yo estaba completamente enamorada de él desde que tenía 5 o 6 años y me fugaba de casa los domingos por la mañana con la excusa de sacar al perro, a las 6 o 7 de la mañana porque sabía que todavía no iba a estar cerrado y me subía allí y los veía, estaba con ellos y me tenían de mascota, yo siempre de mascota en todas partes. Por eso lo he vivido mucho y lo llevo muy adentro y, sobre todo, me parece un espíritu que no se debería perder nunca, aunque haya transcendido más el tema de la fiesta, las drogas, el colorín… Lo realmente importante, era que todo el que tenía algo creativo que decir, lo decía; y eso me parece fundamental, además tenían apoyo, apoyo del Ayuntamiento que lo promovía, de los bares que abrían para dar un concierto de Fulanito, al que no conocía nadie, hoy es famosísimo pero entonces era un chaval de 17 años que tocaba la guitarra. Ese espíritu se ha perdido, ahora la gente es más cobarde, cuando tienen algo que quizá merezca la pena no lo enseñan, no saben moverse, aparte de que no tienen un apoyo fundamental de cualquier tipo, bares, políticos, sitios de exposición. No tienen el espíritu del «enséñalo» del «ponte en la calle y enséñalo». A mí me da mucha pena porque pienso que todo el mundo debe enseñar lo que hace, será mejor o peor, pero quizá se pueda sacar algo y que alguien te diga sigue por ahí, esto está bien.

     

    Es inevitable hablar del premio, qué ha supuesto para ti, qué va a suponer…

    Lo que va a suponer no lo sé, ahora mismo lo que supone es que este es mi quinto libro y siempre ha sido a un nivel muy reducido, tengo mis lectores pero también me buscan, no se lo encuentran, nunca he hecho entrevistas, esto es muy nuevo para mí. Lo cierto es que ahora mismo me dan el Ateneo Joven y es, por un lado, como si me pusieran el foco encima, es decir, mira esta chica está aquí y escribe, ya por lo menos  la gente tiene la información de que existo y tienen la posibilidad de elegir leerme. Pero aparte es como tener la sensación de haber llegado algún sitio. Alguien de repente te premia por tu trabajo, eso es que lo estás haciendo bien. No sé lo que pasara en el futuro pero ahora me da fuerzas y ganas de seguir adelante y de hacer cosas nuevas. La gente se cansa de trabajar sin tener un reconocimiento, tampoco hace falta un reconocimiento, es decir, tampoco hace falta fuegos artificiales ni cien periodistas haciéndote fotos, pero sí la posibilidad de mostrar lo que hago. Bueno, y yo, dentro de lo que cabe, he tenido suerte porque hasta ahora he publicado, hay gente que ni siquiera tiene la posibilidad de publicar. 

     

    Fina Grau

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