ENTREVISTA

  • Alfonso Mateo-Sagasta
    EL REINO DE LOS HOMBRE SIN AMOR
  • «La historia está tan sometida a la manipulación que es una gran ficción aceptada»
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    Entrevista con Alfonso Mateo-Sagasta. El reino de los hombres sin amor

     

    Como siempre, empecemos por el título, ¿por qué este y por qué tan largo?

    Los títulos se me van ocurriendo a lo largo de la escritura, no empiezo con título, y cuando empecé a escribir la novela me llamó la atención que todos los hombres que estaban gobernando el mundo en este momento, hablamos de la época de los Austrias y de España del siglo XVII, prácticamente eran todos viudos. Felipe III era viudo, el duque de Lerma es viudo, el duque de Uceda también era viudo y luego el cuarto personaje que entra en liza, el confesor real, Fray Luis de Aliaga, es un fraile; todo el mundo está gobernado por un grupo de hombres sin mujeres, solos, viudos… esto tiene que ver algo con lo mal que van las cosas (risas) Me hizo gracia jugar con la falta de amor, falta de perspectiva y la falta de criterio para gobernar de otra forma.

     

    ¿Y no tuviste problema por lo largo de la frase?

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    No, ahora no le importa a nadie la longitud del título, desde que lo puso de moda Larsson. Ahora es cuestión de gustos y yo creo que define claramente lo que es la historia, una historia de amor y desamor, tiene su lógica y retrata lo que estamos contando.

     

    Me dices que los títulos te surgen sobre la marcha, ¿y Los ladrones de tinta?

    Ese es un regalo y lo cuento al principio para el ocioso lector, en una especie de prologuillo, donde cuento que un amigo, Fernando Marañón, ha pintado un cuadro de un congreso de autores latinoamericanos y españoles, todos vestidos de Replique Montre negro y que se llama Ladrones de tinta. Me gustó el cuadro, la idea y el título y él me lo regaló. El olor de las especias me costó mucho encontrarlo, pero los demás han surgido sobre la marcha.

     

    Ya conocíamos al protagonista de Los ladrones de tinta y de El gabinete de las maravillas, ¿por qué decides volver a él después de seis años?

    Nunca lo he dejado lo que pasa que entremedias he hecho otras cosas que me divierten, pero Isidoro siempre ha estado ahí. Yo tenía esa idea inacabada, la idea era hacer no  una serie de la época, sino distintas perspectivas desde un mismo personaje. Yo había escrito Ladrones de tinta como una novela urbana, El gabinete de las maravillas es una novela de interiores, policiaca, de misterio, y me faltaba escribir una historia rural, de viajes y ese tema estaba fraguándose, pendiente de hacerla cuando llegara el momento oportuno.

     

    Entrevista con Alfonso Mateo-Sagasta. El reino de los hombres sin amor¿Cuándo decides hacer protagonista a Isidoro Montemayor de estas novelas, después de la primera o cuando la escribías ya tenías claro que el personaje daba para más?

    Cuando acabé Ladrones de tinta. Ten en cuenta que estaba llena de personajes históricos y darles vida había sido muy complicado y laborioso, les había dado vida a partir de sus propias obras literarias, había reconstruido una época entera a través de escritores intentando afinar mucho y con cuidado, y después me apetecía escribir algo policiaco, más relajado, donde había un muerto al principio de la novela y la investigación del crimen, también estaba el tema de Gabinete de maravillas, que en Ladrones de tinta sale puntualmente, pero no lo traje y sin embargo era un tema precioso que no cabía en la anterior. Pensé que tenía el tema de los gabinetes, un crimen que me apetecía y un investigador perfecto que funciona muy bien, que es simpático y se mete en todas partes. Con todo eso decidí la siguiente y como no quería hacer una serie con casos policiacos, aunque corría ese riesgo, pensé que tenía que ser novelas independientes, sin contar lo mismo y con un mundo diferente y con otras perspectivas.

     

    ¿Entonces no tienes más casos preparados para Isidoro?

    No, no, en principio no. Esta me ha dado muchos problemas al narrar en primera persona, yo figuro como editor. Para construir esta novela de espías en primera persona sin recurrir a cartas, a narrar entrevistas… se hace muy farragoso y lento el texto. Conseguir que Isidoro esté en todas partes y se entere de todo estando en medio de toda la trama me resultó muy complicado hacerlo creíble. La primera persona me ha dado problemas reales.

     

    ¿Por qué el siglo de oro? ¿Qué tiene ese periodo en especial que te atrae tanto?

    Me encontré trabajando en el Siglo de Oro como consecuencia de una revisión de los clásicos, que actuaron como una red. Es una época en la que coincide una explosión de creatividad y de corrupción, un periodo en el que andan de la mano lo mejor y lo peor del ser humano.

     

    Si hablamos sobre El reino de los hombres sin amor, es necesario hablar de las tramas y de sucesos un tanto extraños que ocurren en un reino corrupto pero sin dejar de lado la ironía y el humor, ¿es imprescindible en tus libros?

    Totalmente. Para mí el pasado es una construcción de nuestra mente, y por supuesto hay que verlo no como una verdad inmutable sino con ironía, porque cualquier interpretación está cargada de intenciones.


    Entrevista con Alfonso Mateo-Sagasta. El reino de los hombres sin amor¿Por qué en primera persona? ¿Te resulta más fácil escribir así o crees que es mejor para llegar al lector?

    Estaba obligado por la historia. Isidoro es el narrador y no me queda otra. En Ladrones de tinta era fundamental, tenía que ser así, se dan vida a personajes históricos que narrados en tercera persona tendría que justificar lo que dices de ellos. Poner en vida a Lope de Vega, Tirso de Molina, Cervantes… tienen tanto peso en la historia que un contemporáneo opine sobre ellos tiene muchas arista, sin embargo uno de la época hace lo que le da la gana. El juicio de la historia es uno, Lope de Vega, por ejemplo, es un genio de la literatura, si era un cretino o no, no lo sabemos. Si lo escribo yo y ahora tendría que justificarlo, sin embargo si lo dice su compañero de bar te lo crees más porque pasa con él más tiempo. Es un juego para bajar del pedestal, de una manera muy directa, a las figuras sagradas, con lo cual la novela gana mucho de riqueza ambiental, de textura social, de envidia, celos… tiene otro tono y eso hace más real la novela y te ahorras toda la justificación social de por qué digo que este era un idiota. Tenía que ser en primera persona porque si no, no hubiera funcionado y al seguir con él tenía que seguir en el mismo tiempo.

     

    Sigues haciendo guiños a estos grandes maestros como personajes.

    Sí, en este sí, en El gabinete de las maravillas no hay ningún personaje histórico. En esta aparece Lope de Vega en el viaje de las princesas y escribió una serie de obras de teatro relacionadas con el viaje y ahí es donde vuelvo a jugar con la interacción de Isidoro con los personajes de la época. Hago un juego en el que le regala una anécdota al marqués de Torres para que la incluya en el Quijote. Me divierte mucho pensar en esta época, en la obra de teatro de El Cardenio, obra de Shakespeare inspirada en una obra de Cervantes, y me apetecía  traerla como regalo de Georges Villiers en las bodas, y aquí enganchamos con los clásicos recientes, con Dumas. Me divierte mucho sabiendo que es ficción, pero también es ficción Los tres mosqueteros y yo lo trato como si fuera real, como una fuente histórica.

     

    Y siguiendo con tu forma de abordar las historias, ¿qué es lo que hace que un historiador de renombre escriba historias ficticias en un escenario real? Digamos que tiene más peso la ficción…

    No distingo la historia de la ficción. La historia, en gran parte, es ficción porque no solo la interpretación de los hechos implica una ficción, con los mismos datos puedes contar cosas completamente distintas, sino que además el relleno de esos datos es ficción. El relato histórico también implica mucha concisión y eso justifica la eliminación de datos que no cuadran con el relato. La historia está tan sometida a la manipulación que es una gran ficción aceptada.

     

    Entrevista con Alfonso Mateo-Sagasta. El reino de los hombres sin amor

    Eso me valdría para alguien que quiere escribir algo ligerito y que no tiene ganas de documentarse, pero un señor como usted, con toda su sabiduría me resulta extraño.

    Por eso me divierte más, (risas). Pero hay que hacerlo bien, es decir, yo no invento nada, las cuadro como quiero: El Cardenio existió, Cervantes existió, Shakespeare existió, Fletcher existió, Shelton existió y hubo tiempo de sobra para que después de la traducción Shakespeare lo leyera. Con todo eso puedes hacer lo que quieras, pero claro, todo eso hay que saberlo, a partir de ahí el juego y las permutaciones son infinitas.

     

    ¿Qué pasaje te divirtió más recrear?

    Reconstruir, como si fuera verdad, la escena que describe Dumas del duque de Buckingham cuando se queda deslumbrado viendo a Ana de Austria que es una niña en ese momento. El vestido que él, en Los tres mosqueteros, recuerda de Ana de Austria es el que sale en la novela. Va vestida como lo describe Dumas en la novela, diciendo cómo va en el recuerdo de Villiers con el sombrerito verde con una pluma de faisán… Son cosas que el lector normal no se entera y a mí me divierte muchísimo.

     

    Te lo pasas "pipa"

    (Risas) Me lo paso como un enano con estas cosas, pero luego hay que hilvanarlas bien.

     

    ¿Qué es lo que más te divierte de la vida?

    Los misterios.

     

    Sueños por cumplir a corto plazo

    Que me quede como estoy.

     

    Si fueras un personaje de ficción, cuál serías

    Me gusta Yáñez, el amigo de Sandokán.

     

    ¿Y si fueras un color?

    Daltónico.

     

    Fina Grau

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