ENTREVISTA

  • Susana Fortes
    EL AMOR NO ES UN VERSO LIBRE
  • «No hay muro que no derribe una mujer enamorada»
  • Entrevista a Susana Fortes. El amor no es un verso libre

     

    ¿El amor no es un verso libre?

    ¿Es una pregunta? Yo estoy muy orgullosa del título, creo que es el único título. Hay novelas en las que a veces dudas, pero esta novela tenía que tener este título. Es «el título». Le dimos vueltas porque traducirlo al inglés es muy difícil, El amor no es un verso libre es una construcción muy española y hemos tenido que titularlo de otra forma Love is not for poets.

     

    ¿Quién es el verdadero protagonista de la novela: Kate, el amor, la guerra, la poesía, el ambiente...?

    Hay un trasfondo histórico con un punto de intriga psicológica, hay un crimen… pero sobre todo es una historia de amor que está inspirada en un romance real. La historia del poeta con una chica americana que inspiró los mejores versos de la literatura española. Pedro Salinas está considerado como el gran poeta del amor, pero mi novela está inspirada libremente, no es un relato biográfico y me he tomado las licencias poéticas que son prerrogativa del novelista. Los protagonistas son Álvaro Díaz Ugarte, el poeta, los escritores y poetas de aquella época del Madrid del 35, la residencia de estudiantes donde se reunía la intelectualidad: Lorca, Dalí, Alberti, Juan Ramón Jiménez, Buñuel… Como bien dices, esos escenarios son como personajes de la novela. No te olvides que la novela empieza con un estudiante muerto en extrañas circunstancias en un canalillo de riego de la residencia.

     

    ¿Qué apareció antes en tu cabeza: la historia de amor, la ubicación…?

    La historia de amor. Era una historia real que todo el mundo conocía y sobre la que sus amigos hicieron una especie de pacto de silencio para protegerlos, para que no trascendiera ese escándalo del adulterio. Hace unos años se publicaron las cartas de amor de él a ella y las leí. En esa época, Salinas, era un hombre hecho y derecho, con una familia y una profesión, una reputación, un futuro… y las cartas son las cartas de un niño, es aquello de que todos nos volvemos adolescentes cuando nos enamoramos. Son muy tiernas y muy entrañables pero con ese punto pueril de adolescente, y me llamó mucho la atención por lo que me puse a investigar sobre ella porque sus cartas no se publicaron. Me enteré que estaban publicadas en la Universidad de Harvard y cuando estuve con la promoción de Robert Capa me acerqué a verlas aunque luego me enteré que también estaban aquí, en la residencia de estudiantes. Me encontré un texto de ella, no las cartas que realmente no se publicaron nunca, pero contaba una cosa que me pareció muy conmovedor.

     

    Entrevista a Susana Fortes. El amor no es un verso libre¿Dónde arranca?

    En ese texto donde ella dice que se asoma a una ventana. Contaba que un día, preparando sus clases de literatura, se acerca a la ventana, está nevando, falta muy poco para Navidad, y lo que ve es algo que a mí me conmovió mucho. Cuando un hombre se asoma a una ventana ve lo que pasa a través de esa ventana, pero detrás de una mujer que se queda pensativa mirando una ventana, siempre hay una gran novela. No solo ve lo que tiene delante, sino todo lo que ha dejado detrás y esto me dio pie para la imagen de arranque.

     

    ¿Y por qué el muerto?

    Porque la residencia era un mundo muy glamuroso donde se juntó lo mejor de lo mejor de nuestra intelectualidad, un mundo muy exquisito pero con sus sombras, las envidas, los egos, el narcisismo, la vanidad… y a veces a un escritor le toca meter la nariz en las alcantarillas y en los trapos sucios de una época por muy brillante que parezca. La historia comienza con el estudiante muerto porque me daba la posibilidad de meter una intriga ya que la historia del asesinato va paralela a la historia de amor. Ellos se meten en el puro corazón del poder del Estado en un momento de crisis tremendo que está a punto de hacer saltar por los aires a las instituciones, es el mayor escándalo político de la República. Las dos historias tenían que ir de la mano.

     

    En La huella del hereje también lo hiciste, empezaste dejando un muerto en medio de la catedral de Santiago

    Sí, pero aquella era más puro género negro, más policiaca. Esta casi comparte más elementos con Esperando a Robert Capa, comparte época y también comparte esa mezcla de ficción y realidad de los personajes.

     

    ¿Al final Capa ya tiene película?

    La cosa está un poco estancada porque la crisis parece que ha llegado también a Hollywood, todavía no sabemos nada.

     

    Volvamos a Álvaro, ¿se podría decir que todo gran amor arrastra una gran decepción? ¿… o una gran infidelidad?

    No lo creo. Lo que sí creo es que existe una actitud muy diferente entre un hombre y una mujer ante el amor. La mujer ante el amor es más radical y no hay muro que no derribe una mujer enamorada, sin embargo el hombre tiene una actitud ambivalente, por lo menos en esta novela, que denota que tiene mucho que perder. Como poeta era el mejor, pero como hombre era un hombre acorralado por su reputación frente a ella que es una mujer extranjera llegada a España con una imagen idealizada, llega enamorada de España, pero el país que se encuentra es otra realidad muy distinta.

     

    ¿Has llegado a ver a Kate en ti misma cuando vivías en Estados Unidos?

    Sí, cuando eliges a los personajes, de alguna forma, los eliges por algo, y estás proyectando algo de ti en ellos. Un escritor tiene que recurrir a todo lo que tiene a su alcance para construir un personaje con su personalidad, sus recuerdos, su identidad. Lo del club de la linterna, el mapa y la tableta de chocolate es como mi infancia, el salvaje Oeste de Kate pero en Galicia.

     

    Entrevista a Susana Fortes. El amor no es un verso libre

    Parafraseándote para hacer la pregunta: ¿qué jarrón se rompió en tu vida y lo hizo todo añicos?

    (Risas) Se han roto muchos jarrones. Cuando llevas bastante mili a cuestas has roto unos cuantos jarrones y unos se recomponen y otros no. El primer jarrón roto es el que te destruye y te construye, porque se te deshace el mundo y tu vida se hace pedazos pero tienes dos actitudes vitales: la del que se hunde y no levanta cabeza y la del que tira para adelante construyéndose de nuevo y saliendo del hoyo. Mi abuela siempre decía que había dos tipos de mujeres: mujeres Doris Day que siempre estaban esperando que venga el hombre a sacarle las castañas del fuego y solucionarle la papeleta, y están las mujeres Maureen O'Hara que son a las que les toca tirar del carro; y a nosotras nos ha tocado ser Maureen O'Hara.

     

    En esta novela utilizas un montón de frases hechas que todos utilizamos en nuestra vida cotidiana y apenas nos damos cuenta pero nos sorprende verlas escritas «Por hache o por be» o «Lo mismo da que da lo mismo».

    Sí, porque hay una cosa que a mí me llama mucho la atención y es el lenguaje familiar, hay unos códigos en todas las familias. Esa manera coloquial de hablar con esas frases dichas por tu abuela o tu madre que cuando las oyes fuera te viene ese universo familiar, es como el olor de una comida que hacía tu madre. Yo, además, que siempre he sido nómada y he vivido en muchos sitios, me da esa cierta melancolía que echas de menos cuando ya no sabes de dónde eres. Creo que te devuelven a tu mundo y esas frases que te llevan al útero materno te reconcilian y te devuelven a tu lugar en el mundo.

     

    ¿De qué profesor se enamoró Susana?

    (Risas) De mi primer profesor de literatura en el instituto, un tipo fantástico pero era una cosa absolutamente platónica e idealista, en realidad creo que me enamoré de los mundos que me descubrió. Era un profesor que comunicaba muy bien y, como lo contaba tan bien y era tan guapo…, quizá fue él.

     

    ¿Y a cuántos alumnos has dejado prendados?

    (Más risas) Creo que a ninguno, soy una chica dura y como profesora marco mucho las distancias.

     

    Pero seguro que a algunos has dejado prendado, también como algo platónico por lo que les has descubierto tú.

    Tengo muy buena relación con muchos pero no creo. El otro día presenté mi novela y me entrevistó una alumna a la que había dado clase, fue muy entrañable; otro día me hizo las fotos otro alumno… la presentación estaba llena de alumnos y firmé setenta libros, no me había pasado ni con el Planeta. Es una relación muy cálida cuando ves a todos estos chavales que van bien, que han evolucionado tanto, es un poco como tus propios hijos. Me encanta la enseñanza y si no fuera así lo hubiera dejado.

     

    ¿Alguna ventana por la que te gustaría escapar?

    La mejor ventana por la que poder escapar es un libro. Es una ventana abierta al mundo.

     

    Entrevista a Susana Fortes. El amor no es un verso libre¿Qué libro?

    Depende del momento. Hay muchos libros que para mí han sido importantísimos pero dependiendo en el momento en el que estés y por la historia que cuenta, estableces una conexión particular.

     

    ¿Idealismo romántico como ley de vida?

    No sé qué decirte. El idealismo tiene sus riesgos, es una actitud que también tiene que ver con la edad y con el momento en el que estás, es sana, es saludable, es vital, es optimista, es joven… pero conviene pasarlo por un matiz de reflexión. El idealismo puede llegar a ser muy peligroso. El romanticismo también puede llegar a serlo, pero en el fondo son actitudes que no se eligen, forman parte de la manera de ser de cada cual.

     

    ¿Qué te hace feliz?

    Cantidad de cosas. Una cena con amigos, un viaje, un libro, una película, pasar una tarde de no hacer nada solamente hablando… No existe la felicidad como algo absoluto, existen momentos felices.

     

    ¿En qué piensas cuando no tienes nada interesante en lo que pensar?

    (Risas) Siempre tengo muchas cosas importantes en las que pensar y que acabo haciendo tarde, mal y arrastras. Tengo una vida tan complicada que a veces pienso que se me ha olvidado comprar los yogures o poner una lavadora.

     

    En la primera parte del libro describes una gran fiesta, si la trasladamos aquí y estamos codeándonos con todos ellos, ¿quién te gustaría que se acercara para invitarte a tomar una copa o a cenar?

    No me importaría tomarme una copa con Salinas en esa fiesta. Le diría cuatro cosas.

    Fina Grau

     

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