ENTREVISTA

  • Lorenzo Luengo
    LA CUESTIÓN DANTE
  • «El mundo es una incógnita tan grande como nuestra propia personalidad»
  • Lorenzo Luengo. La cuestión Dante

     

    Para empezar cuéntanos brevemente de qué va la historia de La cuestión Dante

    Empieza, ya por el título, con una cuestión que es Dante, y alrededor del que se desarrolla toda la trama. Dante es un individuo que por una serie de causas termina sintiéndose, creyéndose y sabiéndose el centro de una conspiración mundial en la que se deja ver que los conocimientos que hemos creído tener acerca de la política de nuestro tiempo, el mundo aparente en el que vivimos, son producto de un engaño. El engaño, en realidad, se ha dado a gran escala por parte de los gobiernos y países de Occidente a la hora de encubrir los verdaderos móviles de la política que han hecho y cómo las han hecho. Un problema que se origina a raíz de la Segunda Guerra Mundial y que se mantiene hasta nuestros días.

     

    Cuándo comienza a rondar esta idea por tu cabeza

    Yo empecé la novela hace nueve años a diseñar sus argumentos, a obtener documentación, a estudiar conceptos que tenía que tener claros y a estudiar la neurología. En ese momento no estaban ni Snowden ni Wikileaks en primer plano de la actualidad, y ahora me ha sorprendido, en cierto modo y con matices, que esto haya aflorado de golpe, es como una especie de despertar en la gente, en muchos medios y en personas que parecían dormidas ante lo que les rodea. Es como pensar que la realidad y la ficción, en el caso de esta novela, han terminado confabulándose para crear un todo coherente.

     

    ¿Dices realidad?

    Realidad. Lamentablemente es real. Las teorías de la conspiración tienen muy mala prensa porque siempre apunta no tanto a una realidad posible, sino que la realidad posible sea que el que teoriza tanto está medio loco. Cuando estudias de una manera objetiva e imparcial el origen de la teoría de la conspiración y el origen de muchas políticas de nuestro tiempo, te das cuenta de que sí hemos sido engañados, hemos sido engañados porque la Segunda Guerra Mundial nunca terminó, se prolongó con la Operación Paperclip al llevar a suelo americano a muchos sospechosos, jerarcas y científicos nazis fieles al ideario del Tercer Reich, para continuar sus investigaciones y experimentaciones tanto tecnológicas como científicas. Y ya sabemos lo que sucedió en Auschwitz y también el resultado de esas investigaciones. Esto pasó en los años cincuenta y hasta 1973. Se mantiene hasta nuestros días de una manera mucho peor.

     

    ¿Nunca terminó? ¿Nuestros días? ¿A qué te refieres?

    Digamos que hasta el 73 todo eso se quedaba englobado en el terreno de la CIA, en países como Canadá y en algunas partes de Estados Unidos, en manicomios donde exploraban la mente de los individuos, pero el problema llega cuando Ted Kennedy lleva al congreso ese programa de experimentación médica, llamado MK-ULTRA, y destruyen toda la información que había sobre el programa. A partir de ahí empieza a desarrollarse por empresas privadas bajo las que estamos influidos a la hora de comprar un producto en muchas ocasiones. Eso es el neuromarketing y muchas veces va apoyado de la neurolingüística. Para que te hagas una idea, la neurolingüística se ha aplicado recientemente en la Operación Obama, que consistía en llevarlo a la presidencia a través de un ejercicio constante de la utilización y el empleo de la imagen mediática y la lingüística. Todo esto no hubiera sido posible sin los experimentos de control mental que se hicieran en los años 50 y sin los que se hicieron previamente por los científicos nazis.

     

    Lorenzo Luengo. La cuestión Dante¿Crees que internet y el poder que tiene sobre el acceso a todos nuestros datos ha tenido que ver para que todo esto siga hoy en día?

    Ahí nos encontramos con la dualidad, el lado oscuro y el benévolo de las nuevas tecnologías. Es cierto que se puede conocer por palabras claves ciertas cosas de tus tendencias personales y eso puede llevar a una aproximación total al individuo acerca de sus gustos y preferencias de todo tipo, desde las más íntimas hasta las que tienen que ver con tu vida social. Y si además tienes un Facebook, por ejemplo, se te puede asociar a una cara, unos apellidos, una ubicación… y pueden saber quién eres antes de que tú sepas que ellos lo saben. En eso se basa el neuromarketing. Digamos que ese es el lado oscuro de la red, luego está el otro, el de la posibilidad de información, pero con el agravante de que la información nunca va a ser filtrada, por tanto te puedes encontrar con lo real, verosímil y auténtico, tanto como con lo contrario.

     

    Esto relacionado con tu novela…

    Para mí es un ejemplo del mundo en que vivimos y en el que he tenido que escribir la novela. Un mundo con los estímulos masificados. A lo largo del día te llegan tantos estímulos que lo peor de todo es que no sabemos que la mayor parte de esos estímulos los registramos y tenemos una consciencia indirecta de todos ellos y también conforman nuestra personalidad porque muchas veces, nuestra actitud cambiante, tiene que ver con aquellas cosas que no sabemos que nos afectan. En la novela yo lo he trasladado en muchos términos como los de la teoría de la conspiración, pero también en la dualidad de los personajes, en cómo esos personajes cambian, cómo se manifiestan, cómo se solapan y a veces parecen separarse en momentos determinados.

     

    Dices que estuviste nueve años para escribirlo, ¿cuándo decidiste que ya tenías todo el material y te pusiste a escribir? ¿Cómo fue ese proceso?

    Para mí, lo principal es tener la idea de la trama clara. La novela se cimenta en algo muy sencillo y el problema narrativo que yo quería resolver era dos personalidades diferentes en una sola. Un hombre con doble personalidad. Cuando empiezo a crear el escenario me planteo la realidad que va a vivir ese personaje doble y llegó un momento en que me di cuenta de que la mejor manera de afrontarlo era haciendo ver que el mundo es una incógnita tan grande como nuestra propia personalidad. Estamos seguros de que somos quienes somos pero no podemos estar seguros de cómo vamos a actuar en según qué circunstancias. Ese es el problema de identidad al que nos enfrentamos siempre, el miedo a no conocerte del todo, y Dante y Virgil son personajes que creen conocerse, creen conocer el mundo en el que viven, pero se dan cuenta por una serie de circunstancias de que no es así. Yo tenía clara la idea de que tanto la identidad de la  historia, por decirlo así, como  la identidad de los personajes tenía que ser cuestionada constantemente, para cuestionar la historia tenía que estudiar la historia de las conspiraciones y darme cuenta qué había de verdad en ello, pero en el caso de la identidad tuve que hacer algo mucho peor por ser de letras, tuve que estudiar neurología.

     

    ¿Cómo?

    Aproveché una estancia de investigación, cuando investigaba sobre Byron, para hablar con profesores, con alumnos, con gente que estaba mezclada en el mundo de la neurología para preguntarles cosas como si es posible que tú te conviertas en mí y yo en ti, por ejemplo, si es posible anular la voluntad de las personas, si es posible que los sueños puedan condicionar, de alguna forma, la personalidad… y tuve que aprender que todo eso era posible.

     

    Lorenzo Luengo. La cuestión DanteDoy por hecho que los personajes son ficción

    Sí, todos son ficción aunque he reinventado a alguno. Los que aparecen al principio de la novela, sobre todo los relacionados con el mundo de la música, son reales pero les he reescrito el nombre, les he puesto otro contexto. El único que no he podido maquillar es el que ensambla el mundo de la conspiración de la música, todo el mundo del Punk de los setenta, con el mundo posterior de los ochenta, y es un grupo alemán llamado Einstürzende Neubauten que hicieron una canción, Kollaps. En ese momento en que empieza toda la documentación a fluir y crees que estás viviendo de verdad una realidad, y que la conspiración existe, yo encontré algo que no ha aparecido nunca en ningún medio ni en ningún libro, y es sobre esta canción, Kollaps: una canción que se escribió en 1981, poco después de que se erigiesen las torres gemelas, y es una canción que empieza con el ruido la turbina de un avión y destila una serie de versos que hablan sobre la destrucción de las ciudades que conocemos de Occidente y el derrumbe de esas ciudades por una nueva horda que vendrá desde Afganistán. Lo más curioso del caso no es que el tema tenga esta connotación profética, es que la traducción del nombre grupo, en español, significa «demolición de nuevos edificios».

     

    La novela tiene una banda sonora propia

    Sí, las que quieras. Tiene desde la música de los años setenta hasta banda sonora de Danny Elfam y música épica en algunos pasajes. Eso sí, está ahí porque la novela lo pide porque yo nunca escribo con música. Es una de esas cosas que me niego a hacer. Más que nada porque cualquier cosa que interrumpa la sonoridad del lenguaje en mi cabeza me es un estorbo. Necesito silencio, no puedo escribir con ruido.

     

    ¿Por qué decides estructurar la novela como en La Divina Comedia? ¿La idea de los paralelismos fue posterior a la formación de la trama de la novela en tu cabeza o ya lo tenías pensado antes de empezar a escribirla?

    La estructura de la novela, o al menos la que se percibe superficialmente, surge como respuesta a las necesidades de la trama. Dante y Virgil formaban parte del argumento desde el instante en que decidí situar la historia en el infierno (entendiendo por infierno la realidad sin su ornamento de mentiras), y, dado que ambos debían transitar por él en busca de una salida, tenían que hacerlo según los principios asentados por la máxima autoridad literaria en asuntos infernales: Dante Alighieri. De manera que estructura y argumento surgieron al mismo tiempo.

     

    Durante la lectura nos encontramos con ciertos toques de humor que arrancan una sonrisa y que a veces parece que no vienen a cuento por la profundidad del tema que se está tratando, ¿querías quitarle hierro al asunto o dependía de tu estado de ánimo durante el proceso de escritura? ¿Necesitabas hacerlo a modo de bálsamo para aliviar algún tipo de tensión?

    El humor forma parte de mi estilo. No puedo concebir una historia sin sus dosis de humor, sea cual sea el asunto a tratar. De hecho, los temas más graves y serios han sido tratados a lo largo de la historia de la literatura con cierto desenfado. La propia Biblia comienza con lo que a mí me parece la semilla de un maravilloso chiste: Dios hace el mundo en seis días y "al séptimo descansó". ¿Es gracioso? No lo sé, pero sí que es humorístico. Recordemos que se trata del mismo Dios que convierte a los cotillas en sal o bromea con la muerte del hijo de Abraham.

     

    Háblanos un poco sobre ti. ¿Cómo es Lorenzo cuando no está escribiendo?

    Pues imagínate, si he hecho una novela acerca de la identidad interrogándome sobre ella, si me tuviera que interrogar sobre mí ya sería el colmo. No lo sé, porque mi vida transcurre del libro que escribo al libro que leo. Mi vida es la del lector y la del escritor, y si entremedias se me filtra algún pasaje de la vida de la calle es en el que menos cómodo me siento.

     

    Pero algo más harás, qué te gusta, a qué te dedicas cuando no estás trabajando.

    Si te estoy diciendo la verdad. Es todo lo que sé, no soy una persona social, no salgo mucho, vivo más en un lugar donde tenga libros a mi alcance… nada espectacular realmente.

     

    Lorenzo Luengo. La cuestión Dante

    ¿Cómo y cuándo decides dedicarte a la literatura? ¿Qué hacías antes? ¿Cuándo dijiste ¡ahora!?

    Es que antes de escribir no creo que hiciera nada (Risas). A mí me gustaba escribir de pequeño y también me gustaba mucho leer. A escribir en serio, no aquello que escribes cuando eres pequeño. Cuando tenía dieciséis años estaba en el instituto y me di cuenta de que eso de escribir a ratos no era lo mío, de que disfrutaba más dedicándole tiempo. Con dieciocho años publico mis primeros cuentos y posteriormente me doy cuenta de que realmente soy escritor  en un momento que para mí fue revelador, estaba escribiendo un cuento y sentí que había una cadencia sonora, una especie de cuerpo en el lenguaje, una sensación física de que realmente estaba tocando con las palabras de una manera muy visible. Me acuerdo perfectamente del momento, de dónde estaba, porque dije: ¡Ahora sé que sí lo puedo ser! Antes de eso me estuve formando y estaba intentando quitar la espuma para que aflorara de verdad el contenido, hasta que un día surgió.

     

    ¿Se siente algo especial al haber ganado los dos Ateneos de Sevilla?

    Pues no lo sé, lo que te gusta es tener dos estatuillas iguales, las dos de Minerva (Risas). Por lo demás no lo tengo claro todavía: te dan el premio, te dedicas a corregir la novela, a revisar los últimos mimbres estilísticos, empieza la promoción… Supongo que de todo esto me daré cuenta dentro de unos meses, cuando me asiente un poco, cuando vea las dos estatuillas juntas.

     

    ¿De todos los reconocimientos, premios y galardones que tienes, hay alguno que te importe más?

    El Ateneo de Sevilla. Porque al fin y al cabo es un premio que lleva cuarenta y cinco años, es el más importante de nuestras letras y lo ha ganado personas como Juan Marsé, del que siempre me ha gustado mucho su estilo a pesar de que esté en las antípodas de lo que yo escribo, su forma plena de buscar la palabra exacta, aunque tarde un año en un párrafo. También es verdad que nunca te olvidas de los primeros premios que ganaste que van muy ligados al último.

     

    Próximo sueño a cumplir

    Supongo que todo esto acabe de la mejor manera posible y poder sentarme en paz para escribir y leer y dedicar el tiempo que necesito a la próxima novela, o al próximo libro de lo que sea… Hay muchas cosas que necesito hacer para cumplir metas.

     

    Proyectos a corto plazo

    Terminar esto y poder escribir. Lo mismo.

     

    Próximo libro que vas a leer

    El de Juan Soto, Ajedrez para un detective novato.

     

    Una recomendación literaria

    A ver, es que yo pienso que antes de formarte como lector moderno tienes que saber de dónde viene toda la literatura actual. A sabiendas de que hay muchos autores de mi edad, o de la edad de Juan, que están sacando cosas importantes, mis recomendaciones son siempre las mismas: Vladímir Nabokov, Borges, quizá, incluso si nos venimos más al presente, a Foster Wallace… son autores que crean un gusto por la literatura que va más allá de modas y corrientes literarias. Si me voy más atrás te podría hablar de tantos… 

     

    Fina Grau

    Fotografía: Susana Alfonso

     

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