ENTREVISTA

  • Noemí­ Sabugal
    AL ACECHO
  • «La República fue la gran oportunidad perdida para España»
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    Entrevista a Noemí Sabugal. Al acechoAl acecho, si tuvieras que encasillarla en un estilo único, ¿la catalogarías como histórica o como de género negro?

    Tienen parte de ambas, yo creo que el catalogarla en un género es por ayudar al lector para que sepa lo que va a leer. A mí el género negro me gusta muchísimo, me parece magnífico para hacer denuncia social, pero mi novela también es una novela ambientada en el año 36. Tiene parte de histórica y de género negro. Sería complicado decir de cuál tiene más parte aunque podíamos decir que es una novela negra.

     

    ¿Cómo aparece la idea de esta novela en tu cabeza?

    Lo primero que yo leí sobre esta época fue una novela de Rafaela Bella sobe la posguerra española y que iba desde el 39 al 45, que no es la época que yo retrato pero me pareció muy interesante y empecé a ver la cantidad de cosas que todavía quedaban por contar de esos años. A partir de ahí empecé a leer cosas sobre la Guerra Civil y la República y me gustó, creo que la época de la República fue la gran oportunidad perdida para España y que todavía se desconoce mucho lo que fue porque la dictadura estuvo, durante cuarenta años, manipulando y tergiversando la Historia.

     

    Entonces lo primero que aparece es la parte histórica

    Sí, lo importante era ambientarla en el momento histórico y después hay que pensar que al policía protagonista le llega todo, desde los atentados de la época, las revueltas callejeras hasta el asesinato de las niñas, que al final es la parte de ficción, la parte de la novela negra. Aunque las muertes que cuento son reales, son sacadas de los periódicos de la época.

     

    ¿No era mucho más difícil ubicarla en la actualidad ya que entonces no había tantos adelantos tecnológicos en materia de investigación policial?

    Escribir una buena novela es difícil en cualquier época, pero el trabajo de documentación que te exige el hacer una novela en un momento en el que tú no has vivido, complica mucho el trabajo. Para mí era muy importante que el lector viera esa época y para ello los periódicos de la época fueron fundamentales, esenciales. La lectura de esa prensa diaria que era la que hubiera leído mi bisabuelo.

     

    Entrevista a Noemí Sabugal. Al acechoPero en esa prensa de la que hablas no se explicaba los métodos usados por los cuerpos de vigilancia

    No, no. Es mucho más complicado. Cómo funcionaba la policía entonces lo estuve investigando con unos escritos sobre la época donde contaba, por ejemplo, las mejoras que había habido de sueldos, qué cargos había, cómo se llamaban los cuerpo… Hay información sobre eso pero a la hora de pensar en cómo se investigaba un caso en el año 36 a cómo se investiga ahora no tiene nada que ver. Lo más complicado era la cuestión del día a día, en cómo era la iluminación en Madrid, por ejemplo, ya que había iluminación eléctrica pero quedaban farolas de gas, o cómo se llamaban las calles porque la denominación de las calles cambió mucho. No quería que se escaparan estos detalles y me complicaba bastante… el asfaltado, el sereno, lo que veía la gente en el cine, o cómo iba cierto equipo de fútbol en ese momento, actrices más conocidas, de qué se hablaba, cómo se vestían. Realmente la prensa te da la temperatura de esa época.        

     

    Te costó mucho documentarte sobre este aspecto por lo que veo

    Sí, me ha costado mucho, pero he tenido mucha suerte porque la Biblioteca Nacional tiene digitalizados todos los periódicos del año 36 y eso me permitió estar escribiendo y leyendo si ese día estaba lloviendo o no.

     

    ¿Quieres decir que lo hacías en paralelo, la documentación y la escritura?

    Hubo un trabajo previo, pero durante la escritura de la novela iba leyendo el periódico y lo retrataba tal cual sucedió.

     

    ¿Por qué niñas?

    Porque de alguna manera, como te decía antes, la novela histórica y la novela negra están completamente entrelazadas y las niñas eran un poco el símbolo de esa pérdida de la inocencia, de la pérdida de las oportunidades, ellas pierden la vida, pierden la juventud, pierden la posibilidad de ser una persona que desarrolla su vida como quieren. Eso es también lo que le pasó a España, que perdió la oportunidad de tener un sistema político basado en el voto, tuvimos una Guerra Civil, cuarenta años de dictadura, y todo lo que ha costado salir de ahí. Eran el símbolo de hasta dónde podemos llegar por algunas ideas absurdas o por creencias estúpidas.

     

    Entonces viene de ahí esas primeras páginas de cada apartado en el que estructuras la novela, cuando el asesino explica el porqué de sus crímenes tratando de excusarse.

    Sí, utilizo una tercera persona cuando narro la parte histórica y una primera personalizada en el asesino. Se le va viendo la psicología, pero solamente al final se sabrán los motivos concretos de por qué hace eso y qué manera tiene de justificarse, igual que se justificó en España que hubiera ese golpe de estado diciendo que la República había sido un sistema negativo y viciado, y que había que renovar el país. 

     

    Fierro: su personalidad, su faceta laboral y sus sentimientos familiares, destripas al personaje tanto que casi también podríamos decir que lo divides en tres partes, ¿por qué insistes tanto en que conozcamos al policía?

    A mí me gustan mucho los personajes. Cuando escribo, lo primero que tengo que tener claro es el personaje y es algo muy intuitivo. El personaje es muy importante porque al final va a ser el vertebrador de toda esa historia, si el personaje es creíble y auténtico se produce esa conexión. Dentro de que mis personajes no son muy positivos, en el caso de Fierro es un hombre un poco canalla, con sus sombras, que funciona como funciona con las mujeres, que tiene una gran dificultad para comprometerse emocionalmente, que tiene una madre enferma que le supone un peso a la hora de cuidarla. En esos momentos en el que el compromiso político estaba muy claro, es un tío que no quiere comprometerse, y hay gente que me ha dicho que es un cobarde, pero yo creo que es un descreído.

     

    Entrevista a Noemí Sabugal. Al acechoEl hecho de dibujarlo tan descreído lo hace un poco más real con todo lo que está pasando ahora con las salvajadas y corrupciones de nuestro políticos, tal vez todos somos un poco así, ¿estás de acuerdo en que este descreimiento popular actual hace más real a aquel Fierro?

    Yo creo que ahora mismo la política es un tema muy complicado y que nos está dando muchos disgustos y es normal que la gente se sienta muy desafecta con los políticos porque no puede ser que tengamos seis millones de parados y estemos leyendo en la prensa que los políticos tienen sobresueldos o sueldos en B. En ese momento quizá había más compromiso político porque la República acababa de empezar. Es muy peligrosa la deriva política porque al fin y al cabo son quienes nos representan y desde donde se hacen las cosas.

     

    Volviendo al personaje: en ciertos momentos lo sitúas como mero espectador de la novela

    Intento plantear cómo ven las cosas los personajes porque creo que la gente puede entender ese tipo humano al margen de que después le pueda caer mejor o peor. Reconozco que es un personaje que no cae bien en todas las circunstancias, ahora mismo diríamos que es un machista por su relación con las mujeres; y el narrador omnisciente que utilizo intenta hacer ver cómo ve Fierro el mundo.

     

    Fierro y sus facetas, las niñas y sus familias, el asesino y sus excusas, la ciudad y sus circunstancias… ¿quién es el verdadero protagonista de esta novela?

    Un poco todos. Fierro es el protagonista pero también es el hilo conductor que nos muestra cómo era la España del año 36. La oportunidad que se perdió con la República también es protagonista. Todos son protagonistas y es una novela muy abierta en ese sentido, pero Fierro es el núcleo de todo lo que ocurre.

     

    Una narración cuidada, llena de matices y metáforas, ¿siempre escribes así?

    Cada persona tiene su estilo y creo que no hay nada peor que forzarte a ti misma un estilo que no tienes. Lo más valioso que puede tener un escritor es una voz propia y yo lo hago así. Mi forma de escribir es casi siempre muy plástica, en el sentido de que es muy sensorial, me gusta mucho fijarme en lo interior como reflejo de lo exterior. Como ejemplo ese Madrid asfixiante, opresivo, ese verano terrible tiene mucho que ver con esa opresión que se vivía. Cómo se siente el personaje y lo que está pasando realmente fuera tiene mucho que ver. De todos modos, mi forma de escribir la tiene que juzgar el lector, yo intento hacerlo de la forma que más cómoda me siento, sin más referencia que yo misma, mi propio gusto, y creo que ese es el camino para conseguir tu voz.

     

    ¿Para escribir así, hay que ver así?

    Posiblemente. La forma que tengo de escribir, la creación de mis personajes y demás tendrán mucho que ver con mi forma de mirar, con las cosas en que me fijo, cuando conozco una persona en qué me fijo, qué hace, cuáles son mis intereses. Tiene mucho que ver conmigo misma, siempre vas dejando retazos de ti por ahí, vas hablando del mundo tal como tú lo ves.

     

    ¿Cuánto tiempo te costó escribir esta novela?

    En tiempo material un año, más o menos. Estuve muy dedicada durante ese tiempo.

     

    ¿Qué ha supuesto el Premio de Novela Felipe Trigo para ti? ¿Lo esperabas?

    No, nunca lo esperas. Con la primera novela ya había quedado finalista del Felipe Trigo, pero surgió primero el fallo del Fernando Quiñones del que fui finalista. Y la vedad es que a este premio le tenía muchas ganas porque es un premio que Villanueva de la Serena, el ayuntamiento que lo organiza, lo hace de una forma muy personal, lo pasan a treinta y dos personas para que lo lean, lo hacen muy suyo y creo que es un premio muy bonito para cualquier escritor porque lo dan lectores, gente que selecciona tu novela y cuando vas a recoger el premio todos la han leído, la han defendido… fue una sorpresa y es muy importante. Un premio siempre es un estímulo porque quiere decir que alguien ha leído tu novela y la ha destacado frente a otras.

     

    Entrevista a Noemí Sabugal. Al acecho¿A cuándo se remontan tus primeros escritos?

    Escribo desde siempre, tengo cosas de cuando tenía ocho o nueve años, poemas, cuentos… lo típico.

     

    ¿Cuándo decidiste que era lo que querías hacer?

    No tengo recuerdo de levantarme un día y pensarlo. Ha sido desde siempre porque siempre lo he hecho, leer, escribir… no tengo consciencia de ello, el algo que siempre ha estado ahí.

     

    ¿Cómo es Noemí cuando no está escribiendo?

    Una tía normal. Me gusta mucho leer, ir al cine, me encanta ir al teatro… no sé, supongo que lo tendrían que decir mi familia, mis amigos. Una tía curiosa, diría yo.

     

    ¿Cuáles son tus sueños?

    Eso suena como muy rimbombante. Supongo que estar contenta con lo que hago en lo personal y en lo profesional. La satisfacción interior.

     

    ¿Tienes un autor de referencia?

    No tengo ninguno, pero hay muchos que me gustan. Sobre todo hay libros, uno de los primeros libros que más me marcó fue Madame Bovary. Luego La Regenta, que creo que es uno de los grandes de la literatura española y se no valora en la medida de lo que vale.

     

    ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

    Nocilla Experience, de Fernando Mayo.

     

    El que dejaste a medias por tedioso

    Empecé a leer Cristo versus Arizona y no lo acabé, aunque Cela me gusta muchísimo y creo que es de los escritores españoles que más han renovado el tema estilístico. Quién sabe, igual algún día lo retomo.

     

    El que te gustaría haber escrito tú

    ¡Uf, tantísimos, muchísimos! Desde Madame Bovary a El conde de Montecristo, muchísimos…

     

    El que jamás escribirías

    Muchos también. Desde luego no escribiría un libro del que no estuviera convencida, de un tema que no me interesara, de una forma forzada y en un estilo que no sea el mío. Temas no rechazo ninguno, todo me interesa y todo me parece materia de vida y de literatura.

     

    El próximo que escribirás

    Ya estoy con él. Es una novela contemporánea, una historia de segundas oportunidades en la que la crisis va a estar presente. Una historia dura de alguien que llega al fondo y tiene que rehacerse, inventarse de nuevo, que creo que es algo que está pasando ahora mucho.

     

    Fina Grau

    Fotografía: Susana Alfonso

     

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