ENTREVISTA

  • José Ovejero
    LA INVENCIÓN DEL AMOR
  • «Estábamos engañando al mundo con esta cara democrática y moderna que ocultaba una realidad podrida»
  • Entrevista a José Ovejero. La invención del amor

     

    Amor e intriga a partes iguales con una historia fuera de lo común, ¿cómo se combina eso?

    Cuando empiezo a escribir no sé si voy a hacer una novela de intriga, una novela de amor, o de qué. Parto de una situación que me he imaginado que es la inicial, la de la terraza, la llamada, y empiezo a construir el personaje principal, a pensar su voz, y empiezo a escribir. ¿Por qué la intriga? Porque yo creo que aunque sea una historia “entrecomillas” de amor, de alguna manera vamos viendo que el personaje, a través de esa invención, de esa mentira hacia los otros, se va metiendo en situaciones cada vez más complicadas. Estamos con él viendo el riesgo de lo que está haciendo y al mismo tiempo sabemos muy poco, porque él sabe muy poco. Quizá uno de los mayores hallazgos que tuve escribiendo la novela, es escribirla en pasado, no es el pasado, no es algo que ya Samuel sabe, no es algo que ya ha pasado sino que está pasando en ese momento. Samuel sabe tan poco como nosotros y la incertidumbre por eso es mucho mayor.

     

    ¿Entonces tú tampoco sabías nada? ¿Dices que te pones delante del folio en blanco con la idea y de ahí te pones a escribir?

    No tenía ni la más remota idea de lo que iba a pasar entre Samuel y Carina, que iba a salir ese otro Samuel entre medias, todo eso iba saliendo según iba buscando la lógica de esa historia.

     

    ¿Cómo se te ocurre ese argumento inicial?

    Pues una cosa muy tonta. Como escritor, a veces se me ocurren ideas y se me queda en la cabeza. Y la idea que se me queda es esa, un hombre en su casa, de madrugada, en la terraza… yo también tengo terraza y no sabría decirte si estaba allí cuando se me ocurrió, que de pronto te llamen, te comuniquen algo dramático, tú sepas que no está dirigido a ti y sin embargo sigas la corriente al otro por ese deseo de conocer algo que no pertenece a tu vida, por el qué habrá pasado, y al mismo tiempo ese placer de suplantar al otro y meterte tú en esa historia, reinventar un poco tu vida.

     

    Debió de empezar con una borrachera para que a alguien se le ocurriera hacer algo así

    Yo creo que todos somos muy previsibles, lo normal es que contestemos: no, se ha equivocado, o algo así. Entonces, o es un personaje muy extremo, o si quiero que sea algo más normal necesita una justificación. El hecho de haber estado bebiendo, esa especie de laxitud, el estado de ánimo melancólico que cuenta, ayudaba a hacer creíble esa primera escena que es fundamental. Por eso utilizo esa fiesta en su casa, por eso lo quiero en ese estado, para que pueda de verdad decidirse a no decir no soy ese Samuel, sino decidirse a seguirle la corriente a su interlocutor.

     

    Samuel, el protagonista, háblanos sobre él, ¿quién es, de dónde sale, cómo ha llegado a ese estado de impasibilidad?

    El protagonista es uno de nosotros. Ahora mismo refleja bastante bien lo que es vivir en España, esa especie de falta de entusiasmo, de falta de fe en el futuro, de falta de creatividad, de desconfianza absoluta en lo que pueda suceder. Yo acabo de volver a España después de algún tiempo y me estoy encontrando con un país en el que la mayoría de la gente espera, no que le pase algo, sino que no le pase nada, que es algo como muy triste. Esa es la visión del futuro que tenemos: que no nos pase nada, porque no tenemos la impresión de que pudiera ser mejor, sino de que podría ser peor. Samuel es un típico exponente de esta situación, de alguien que vive encerrado en sí mismo y prefiere que no le lleguen mucho los ruidos de la calle.

     

    Entrevista a José Ovejero. La invención del amorUn escenario muy real donde comprobamos que el protagonista y sus amigos viven como cualquiera de nosotros y tienen nuestras mismas inquietudes. ¿Madrid porque es el centro neurálgico y de protestas o porque lo conoces bien?

    Porque siempre que busco una novela busco un escenario al que irme. Mi novela anterior no es una novela realista como esta, sino una especie de disparate cómico sobre la Guerra Civil, a pesar de eso, como el personaje principal va recorriendo España, yo fui haciendo el mismo recorrido que él porque quería ver lo que veía él, quería oír lo que tal vez él hubiera oído. Necesito tener una impresión visual, auditiva y olfativa de los escenarios. Con mi novela Nunca pasa nada también, el pueblo era medio inventado pero yo me fui a un pueblo concreto a sentarme allí, a ver qué se veía, qué gente pasaba, etcétera. En esta novela también necesitaba un escenario concreto, quería que fuera en España y como pasaba mucho tiempo en Madrid, para no irme muy lejos puse mi barrio. Samuel no soy yo, pero el escenario lo conozco muy bien y por el que puedo pasear y puedo sentarme con un chino a la puerta de mi casa como hace Samuel… todos esos detalles para mí son importantes, no para darle verosimilitud, sino peso a la narración, que ocurra en un contexto en el que nos metamos rápidamente.

     

    Tú que has vivido durante mucho tiempo fuera de España, la degeneración de este país ¿cómo se ve, es algo progresivo o desde fuera se ve como algo repentino?

    Ha sido progresivo en realidad, lo que pasa es que ahora desde Europa se tiene la impresión de que les hemos engañado.

     

    ¿Nosotros los hemos engañado?

    Sí, (risas) eso es lo interesante, para nosotros es Europa el malo y los europeos del norte nos miran diciendo: «¡Pero bueno!, ¿no eran estos los más demócratas, los más progresistas, el país que estaba creciendo, el país dinámico, creativo…?» Se encuentran con un país que se ha gastado el dinero en proyectos inútiles, en aeropuertos sin aviones (por no irnos más lejos), carreteras que no llevan a ningún sitio, inmensos museos a los que no va nadie,... ¿A estos les hemos estado dando dinero?, y ahora quieren que les sigamos dando sin ningún control. Bueno eso por un lado, y luego esa sensación de fraude, de esto escribí yo un artículo para una revista italiana diciendo que los hemos engañado, que todo eso que creíais que éramos no lo somos, somos una democracia corrupta, con partidos financiados ilegalmente pero que hablan de la defensa de la democracia, con jueces sometidos a unas influencias políticas enormes que es lo contrario a un sistema democrático de división de poderes, con una corrupción económica bestial… y os creíais que éramos jóvenes, buenos y dinámicos.

     

    ¿Pero esto siempre ha sido así o es ahora?

    Esto ha sido todo el tiempo, la financiación ilegal de los partidos es algo que ya se sabía, lo que pasa es que ahora es más grave, mucho más doloroso por la situación actual. Que se hayan estado gastando el dinero de los españoles para financiar los partidos ilegalmente para pagar directamente sobres a sus dirigentes… Todo esto lleva desde un montón de años. Estábamos engañando al mundo con esta cara democrática y moderna que ocultaba una realidad podrida.

     

    ¿Has sentido vergüenza alguna vez fuera de España por ser español?

    No he llegado a tanto, no me pasaba como le pasaba a muchos italianos en la época de Berlusconi. El único momento que lo he sentido ha sido cuando me pidieron un artículo en esta revista italiana que te comentaba, sobre la España actual.

     

    Entrevista a José Ovejero. La invención del amorCentrándonos en el libro nos encontramos con la protagonista muerta, siempre me han gustado esos personajes que realmente no hablan, los conocemos por boca de otros y nos da distintas versiones.

    Es muy complicado porque tienes que mantener una relación sentimental con un vacío, con un individuo que no está, que no ha aparecido al principio ni aparece por ningún sitio, y yo he tenido un problema «técnico» de escritores pensando en cómo mantengo yo el interés por esta relación inventada con una mujer que es una sombra a la que no se le va a ver. Entonces se me ocurrió la idea de que Samuel le dijera a Carina háblame de tu hermana, para poder darle esa presencia a través del testimonio de los demás. Y buena parte de la novela va  a ser esa obsesión de Samuel por encontrar a Clara en lo que los demás le cuentan de ella, y a través de lo que los otros cuentan nos vamos a encontrar con ese personaje, con la ventaja de que  al ser contado por personas distintas parece muy contradictorio porque cada uno conoce una parte de ella. Cada uno conoce a una Clara distinta porque cada uno es distinto cuando está con gente distinta.

     

    Otro personaje que tiene mucho de protagonista es esa extraña vecina que no acaba de entrar ni de salir.

    No pretendía ser un personaje que se quedara mucho tiempo en la novela, lo mismo que los amigos de Samuel, hay un montón de personajes que aparecen para dar el contexto irrealista, que haga ver que Samuel no vive en una burbuja. Y al mismo tiempo buscar un contexto casi siempre conflictivo con los demás, Samuel no se lleva bien con nadie, incluso con esa vecina. Ahí también encontramos ese contexto que se crea en su cabeza, es Samuel el que está pensando en lo que siente la vecina, lo mismo que piensa en cómo sería Clara, es alguien que se construye mundos él mismo.

     

    Reflexiones sobre el amor, muy variopintas, que no pasan por alto como las de que nos gusta reflejarnos en los ojos de nuestra pareja en la forma que nos gustaría ser y esto es un enemigo del amor, o de las relaciones duraderas con peleas y abrazos y portazos y ramos de rosas. ¿Hasta dónde te has introducido interiormente para sacar todos estos pensamientos?

    Es muy divertida esa paradoja de que cuanto más te introduces en un personaje, más te introduces en ti mismo. Yo tengo que crear a Samuel y Samuel no puede ser yo, no quiero que lo sea, pero Samuel opina cosas que no opino yo y a la vez opina cosas que sí opino; al ir intentando pensar en cómo siente él, cómo piensa él, me meto en su piel y empiezo a desarrollar el discurso, llego a escribir frases que no había pensado previamente y cuando luego las leo voy descubriendo yo mismo lo que pienso de verdad. Es muy paradójico el ir descubriéndote a través de querer pensar lo que piensa un personaje.

     

    Volviendo a Samuel, ¿podríamos hablar de una crisis existencial a los cuarenta?

    Sí, pero no creo que sea solo de los cuarenta, es una crisis en la que no estoy hablando de una generación, sino de un momento en el que pierdes la confianza. Ahora mismo es España la que tiene la crisis de los cuarenta, lo de mirar hacia atrás y decir que éramos maravillosos, que teníamos tantos proyectos, que nos íbamos a comer el mundo y mira lo que somos. Eso algo que te puede pasar a los cuarenta, a los cincuenta… ese mirar atrás y decir dónde me he perdido, no estoy donde quería estar, no soy la persona que había pensado que quería ser. Me parece que la crisis empieza de verdad cuando compruebas que es así y no cambias,  a pesar de todo, la comodidad, la seguridad, los hábitos, te mantienen ahí donde estás y renuncias a todo lo otro por miedo. Por eso dice que el mayor enemigo de la felicidad es el miedo.

     

    Entrevista a José Ovejero. La invención del amor¿Alguna vez has hecho algo así? ¿Te has metido en una celebración o evento al que no has sido invitado?

    No, no lo he hecho nunca. Nunca he suplantado a nadie.

     

    Diversos premios anteriores y ahora el Alfaguara de novela, ¿ha sido especial para ti o es uno más?

    La verdad es que los dos últimos premios, el del año pasado y este, son dos premios que no puedo considerar como uno más porque para mí son los premios, en su categoría, más interesantes que hay. Si hace unos años me hubieran preguntado qué premio me gustaría ganar en ensayo, sin duda habría dicho que el Anagrama y en novela el Alfaguara. Para mí es uno de los dos premios que más calidad literaria ha mantenido, más prestigio.

     

    ¿Cuál es el otro?

    El Herralde.

     

    Poesía, narración, periodismo, relatos… ¿hay algún género en el que te sientas más a gusto?

    Eso ha ido cambiando pero ahora mismo, desde luego, son la novela y el ensayo donde me siento un poco más cómodo.

     

    ¿Cuándo un licenciado en Geografía e Historia decide hacerse escritor?

    Yo siempre he sido escritor (risas). Lo que pasa es que era un escritor al que nadie leía y nadie publicaba. Desde siempre he querido ser escritor, pero decidí no estudiar literatura.

     

    ¿Conservas algún escrito de la adolescencia?

    Lo he tirado todo.

     

    ¡No! ¿Por qué?

    Fue un arrebato. He tirado la primera novela, el primer libro de poesía, bastantes cuentos… todo eso me lo cargué.

     

    Te has arrepentido muchas veces por lo que veo

    Sí, pero no por cuestiones literarias, ni por el hecho de que ahora quisiera publicar aquellas obras y aprovechar el éxito para sacar todo lo del cajón, sino por haber despreciado el aprendizaje. El que soy ahora se lo debo a ese chico que escribía tan mal. Tengo esa deuda con él, soy quien soy gracias a él y de eso me arrepiento.

     

    Si tuvieras que inventar el amor, ¿en qué estado lo harías?

    Yo creo que cada uno inventa el amor cada vez que se enamora. Yo lo he hecho y creo que sería el estado en el que seguiría haciéndolo. En el momento en que conoces a alguien, te atrae, te enamoras, pero en realidad no sabes quién es. Uno conoce al otro después de mucho tiempo de relación y yo me invento a mí mismo para enamorarme, porque al otro le ofrezco una visión ideal de mí mismo.

     

    ¿Te inventas cuando te enamoras o para enamorarte?

    Son las dos cosas. Los ojos del otro me devuelve una imagen que me encanta y además quiero seducir a la chica de la que me he enamorado, y qué hago, pues inventarme, ser mejor de lo que soy normalmente, ser mucho más interesante. Luego, durante la convivencia, nos adaptamos, a la realidad de lo que somos. Si hay suerte, si no la pareja se rompe.

     

    Si nos tuviera que decir solo en una frase quién es José Ovejero cuando no está escribiendo, ¿cuál sería?

    Una persona relativamente sociable, más amable que sus libros. La gente me imagina mucho más feroz. Y que intenta no vivir como Samuel en una ficción, sino lo más posible dentro de la realidad.


    ¿Estás trabajando ahora en algo?

    No, los proyectos que tenía empezados los he parado porque la promoción del libro va a ser muy dura, va a ser muy intensa y no quiero añadirme estrés. El año pasado publiqué dos libros, el anterior uno, otro este… necesito un descanso para reactivar mi intelecto y mi creatividad.

     

    Fina Grau

     

     

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