ENTREVISTA

  • Carlos Marzal
    LA ARQUITECTURA DEL AIRE
  • «El aforismo es lo más atómico dentro de la materia literaria»
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    Entrevista a Carlos Marzal. La arquitectura del aire

    ¿Por qué La arquitectura del aire?

    El título proviene de una cita de un filósofo hispano-norteamericano, George Santayana, que decía que el aire libre es también una forma de arquitectura. A mí esa frase me encanta, es en sí misma un aforismo, el autor me interesa muchísimo y, bueno, me pareció un título bonito. La idea de que el aire parece que no tiene consistencia ni estructura, que no es tangible y que es una manera de construir, una manera de edificio y de lugar donde vivir.

     

    ¿Y qué tipo de edificios serían tus aforismos en cuanto a la estructura y separación por capítulos o partes que haces?

    La verdad es que la división en capítulos son diez secciones, pero no son secciones temáticas. Yo lo he separado de esa manera para dar un ritmo a la lectura, para darle una manera musical a la forma de adentrarse en el libro, pero no son secciones independientes como materias, sino que está todo mezclado.  Es decir, cualquier aforismo podría encajar perfectamente en otra sección. Me gusta pautar la lectura y que no sea todo un mar de texto por delante y la mejor forma de dividirlo de manera musical era esta, era interesante. Bueno y también por una cosa caprichosa y es que me gusta ponerle título a las secciones y me divierte. Una forma de titular más es pautar más.

     

    ¿Y los títulos? ¿No son una especie de resumen de lo que vamos a leer a continuación?

    Bueno, a veces son juegos de palabras. Los aforismos tienen algo de mínima partícula del lenguaje, en lo textual es lo más pequeño como los electrones o los neutrones. Digamos que el aforismo es lo más atómico dentro de la materia literaria.

     

    ¿Tus aforismos son poesías encubiertas?

    Pretenden ser, sobre todo, reflexión y creo están más cerca del pensamiento, no voy a decir filosofía, pero sí de los aledaños de la filosofía.

     

    ¿De dónde sale tu pasión por los aforismos?

    De donde sale la pasión por escribir, que es de leer. Creo que uno es primero apasionado de ciertas lecturas y luego trata de parecerse a todo eso que lee. La literatura proviene siempre de lo que uno lee, sobre todo cuando es joven y en la infancia, que le marca. Es un género que a mí me ha gustado desde siempre y lo he cultivado como lector desde hace muchos años. Me he atrevido a acercarme modestamente a esa familia de los aforistas.

     

    He leído que los aforismos nos descubren misterios y nos hacen pensar sobre cosas que no nos habíamos parado a pensar, ¿si no nos revelan algo no es un aforismo?

    Creo que nadie termina de descubrir los misterios, nadie termina de saber lo que es el mundo, lo que es la vida, pero parece que desvelan algo, parecen un fogonazo de clarividencia, un fogonazo de lucidez. Si no parece que desvelan un misterio no son aforismos, pero también digo que en el fondo nadie termina de descubrir nada porque aquí seguimos a ciegas con el gran interrogante encima de la cabeza.

     

    ¿De dónde surgen estos pensamientos?

    Lo que espolea el pensamiento es cualquier cosa, lo que lees, lo que escuchas, la realidad, las experiencias personales, todo… yo creo que cualquier cosa es un buen motivo para pararse a reflexionar. No creo que haya temas más interesantes que otros, o asuntos que desencadenen con más frecuencia o intensidad la creación.

     

    ¿Son todas las reflexiones tuyas o bebes de las fuentes que te rodean, de amigos, de personas, del panadero…?

    Sí, todo lo que aparece en el libro es de mi cosecha, pero también es verdad que uno escribe espoleado por lo que lee, estoy seguro que ahí está reflejada la influencia de los mejores aforistas que he leído, o quisiera que estuviera esa influencia.

     

    Entrevista a Carlos Marzal. La arquitectura del aire

    ¿Hay alguna diferencia entre estos y la paráfrasis?

    El aforismo tiene que ser breve, intenso, con una temperatura verbal y moral; y los fragmentos, las paráfrasis, se extienden  más, no digo que los fragmentos no sean reflexivos o filosóficos pero creo que la característica fundamental del aforismo ha de ser la concisión, la brevedad y la densidad.

     

    Sin embargo tú explicas unos más que otros

    Unos son más explicativos, pero todos intentan ser hondos y densos.

     

    ¿No crees que hay algunas sentencias demasiado «arriesgadas»?

    Puede ser, pero también el aforista opina y por lo tanto arriesga y se equivoca. Un sinónimo de aforismo es sentencia, máximas, apotegmas… son todo sinónimos y, sí, hay algunos que tienen su riesgo pero no intentan ser grandes verdades, sino las verdades particulares de un individuo. Y muchas veces se contradicen, hay ocasiones que hablan entre sí, si te fijas en el libro, a veces escribo uno  y el siguiente lo contradice, o lo amplia pero discutiendo con él.

     

    ¿Es necesario tener mucho ingenio para entender todos tus aforismos?
    Creo que no, si los he escrito yo creo que los puede entender cualquiera.

     

    ¿«Todo lo mejor es isla»?

    Sí, yo creo que en el aislamiento, en la soledad y la individualidad se encuentra buena parte de lo mejor que tenemos, y me parece que lo mejor nace, precisamente, de la dedicación completa y solitaria y meditativa. El mejor arte, la mejor pintura o poesía no nace del tráfico y del compadreo sino de la experiencia solitaria.

     

    ¿Y cuánto tiempo es necesario para entenderlos ya que les puedes dar mil vueltas y encontrar distintas interpretaciones?

    Si no prenden rápidamente en el lector, si no son como un chispazo, si uno tiene que rascar muchas veces la cerilla del aforismo para que se encienda, entonces una de dos: o no funciona como aforismo o el lector no funciona para el aforismo.

     

    ¿A quién va dirigido este libro?

    Yo no tengo un lector ideal, el lector es cualquiera que se quiera acercar al libro. Eso es lo bueno de la literatura, no hay nada en las cubiertas de los libros que prohíba a cualquier lector acercarse.

     

    Pero no cualquier lector está hecho para el aforismo, como acabas de decir

    Imagino que a cualquier lector unos le interesaran más que otros, unos los entenderá y otros no, algunos los entenderá mejor que el propio autor. No soy nada elitista, ni restrictivo.

     

    Si no es por ti, es por la capacidad del lector

    Hay un aforismo de un aforista que me gusta mucho, un alemán que se llama Lichtenberg, y que dice: «Un libro es un espejo, si se asoma un burro no puede reflejarse un santo» En cierta forma, cuando nosotros nos acercamos a un libro, el libro también nos pone a prueba y a veces el lector está por encima del libro, otras veces está a la altura del libro, y otras veces está por debajo. Todos hemos leído libros que no hemos entendido, o fragmentos que no nos han gustado.

     

    Entrevista a Carlos Marzal. La arquitectura del aire

    ¿Hay que poner la mente en blanco o algo así?

    Al revés, yo creo que hay que poner los cinco sentidos y al mismo tiempo dejarse llevar por la lectura, dejarse contaminar por el mismo fluir del texto.

     

    Cuando se escriben tanto aforismos como tienes tú, ¿se acaba pensando en aforismo?

    Yo no sé qué les ocurre a los demás, pero el funcionamiento de mi cabeza, no sé si para bien o para mal, es de ese tipo. A mí lo que se me ocurre son frases, destellos, casi con naturalidad, luego hay que elaborarlo literariamente, darle vueltas, formularlo, escribirlo y reescribirlo, pero mi cabeza funciona de esa manera. Para mí lo más natural es escribir aforismos más que escribir artículos, poesías o cuentos.

     

    ¿Y cuando piensas en conciso no te pierdes en tus propios pensamientos?

    El pensamiento es una máquina que no se detiene, que fluye y trae a colación cosas de diez mil sitios, pero yo tiendo a poder fijar el pensamiento y a hacerlo de esa manera, con destellos e iluminaciones que se convierten en aforismos.

     

    He leído algunos sobre ser escritor…

    La materia literaria, el oficio y el significado de la literatura me interesan muchísimo. La literatura es un destino, el escritor casual que escribe a veces puede ser muy buen escritor pero yo desconfío un poco, para mí un escritor es el que tiene la necesidad de escribir, y escribir no esporádicamente sino que entiende su vida, el mundo y las cosas que le pasan a través de lo que lee y a través de lo que escribe. No es un oficio cualquiera, el de una persona que trabaja de ocho a tres simplemente porque es algo alimenticio y luego desaparece de su vida. Es una vocación.

     

    ¿Cómo te sientes tú  como escritor?

    Yo he tratado de ser un escritor profesional y después de muchos años de ser un escritor y de ganarme la vida como profesor de literatura, pude dejarme el oficio de profesor y dedicarme a la escritura en general. Creo en la figura del escritor profesional, del que se levanta por las mañanas y tiene artículos que escribir, que tiene una novela en marcha, que escribe poemas, que da conferencias… yo he querido ser ese tipo de escritor. Por ahora me puedo mantener con eso, no sé si la crisis me hará volver a las aulas o qué.

     

    ¿Publicas todo lo que escribes?

    No, no todo, pero con el paso del tiempo uno tiende a publicar casi todo lo que hace, que seguramente es demasiado.

     

    ¿Qué es lo que más te divierte escribir?

    A mí me gusta escribir todo tipo de cosas, artículos, cuentos, poemas, novelas, conferencias, aforismos… No hay un género en especial aunque para mí el género supremo es la poesía y cuando más satisfecho me siento es cuando he escrito un poema que creo que no está mal.

     

    Tienes otros aforismos sobre el amor, la juventud y la vejez y sobre la estupidez humana, ¿dónde te daría más miedo caer?

    En todo, sobre todo en la muerte. Me gustaría no incurrir demasiado en la estupidez. La vejez la contemplo como una etapa que imagino que no me va a gustar. No creo que tenga nada interesante, desde ningún punto de vista, las limitaciones, el deterioro físico, probablemente lo único que tiene de satisfactorio es que te importa todo tres carajos. Salvo esa despreocupación de naturaleza moral, nada.

     

    Entrevista a Carlos Marzal. La arquitectura del aire

    ¿Hasta dónde llega tu conciencia?

    La conciencia lo es todo. Vivir es ser consciente de las cosas y la conciencia es el límite del mundo, de nuestra vida. Mi conciencia tiene los límites que tiene todo pensamiento, existe lo inconcebible y lo inconcebible es el límite de la conciencia. Hay cosas que la conciencia no sabe, no imagina, sobre las que no puede hablar.

     

    ¿Te consideras una persona lapidaria y contundente?

    No. A ver, los aforismos tienen que serlo, están en la obligación, pero ser una persona lapidaria y contundente a todas horas es un coñazo. La gente que tiene alguna tendencia a proferir sentencias hacia los demás y a querer que los demás vivan conforme a sus sentencias  es un pesado, no es un escritor. (Risas)

     

    ¿Filósofo o marionetista?

    Preferiría ser filósofo.

     

    ¿Cuántos yoes habitan en Carlos Marzal?

    Pues la verdad es que no tengo ni idea, igual que nadie tiene ni idea de cuántos «sí mismos» alberga.

     

    ¿Entonces te quedan muchos por explorar?

    Muchos por explorar y muchos que hacer nacer. Creo que uno va naciendo y muriendo en distintas facetas de uno mismo a medida que vive. La identidad es la sospecha de que somos los mismos, pero no lo somos.

     

    Haces ver que el valor de una coma es muy importante cambiando de forma significativa el sentido de la expresión, ¿cuál fue el último malentendido que sufriste por una coma?

    Me preocupan mucho las comas y los puntos y coma y todo lo que tiene que ver con el lenguaje, pero además creo que el lenguaje es lo que configura nuestra forma de estar en el mundo y estamos con palabras, interpretamos lo que nos pasa con palabras. ¿La última vez que sufrí un malentendido por una coma?, no lo sé, pero procuro ponerlas con esmero y que la frase diga lo que quiero que diga.

     

    ¿Y cuándo tú entendiste algo al revés por esa ausencia de comas?

    Eso me pasa a diario porque hay gente que parece que las comas y los puntos y los puntos y comas, los pone con un salero. Escribe el texto y luego lo sazona con signos ortográficos.

     

    ¿Una palabra mal situada puede llevar a una guerra?

    Tanto como eso no. Las guerras tienen múltiples causas, pero evidentemente uno ve, cuando lee Historia, que cada momento de guerra tiene su lenguaje. Por irnos a lo más próximo, si leemos lo que decían los escritores, los políticos en el 36, uno se da cuenta de que ya había estallado la guerra, la guerra verbal. Las soflamas de los escritores de derechas o de izquierdas, el lenguaje político, a veces era de pistoleros que incitaban directamente al enfrentamiento y a la violencia. No es de extrañar, por el clima sociopolítico, que el lenguaje fuera ese, y que el lenguaje propiciara ese clima, yo creo que se alimentaban mutuamente. El lenguaje es  muy importante en las guerras, siempre.

     

    Danos el aforismo del día

    Pues hoy no ha habido aforismos, pero como tengo aquí una libretita con aforismos inéditos te voy a dar uno para el día: «Dimensiones corporales paralelas sin intersección posible», o «Dimensiones sentimentales paralelas sin intersección posible». Somos así a veces, vivimos en mundos paralelos que no se cruzan jamás, incluso con personas con las que creemos estar interseccionados.

     

    Fina Grau

     

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