ENTREVISTA

  • Care Santos
    EL AIRE QUE RESPIRAS
  • «Si fuera una mujer de la alta burguesía no me hubiera importado ver la invasión napoleónica, aunque fuera duro y muy convulso»
  • Entrevista a Care Santos. El aire que respiras

     

    Para empezar, un guiño, cuéntanos de qué va tu novela

    ¡Huy! Risas. Es una pregunta odiosa, ya lo sabes. Además es que yo creo que los escritores explicamos mal nuestras propias novelas en general; mis novelas en particular, como conjugan muchas historias, son historias de historias, tienen muchos personajes, abarcan mucho tiempo… y yo me abotargo cuando tengo que explicar de qué va la novela. Algo puedo decir porque la he escrito yo, pero creo que no es muy valorativo.

     

    ¿Cómo salta la chispa que origina El aire que respiras?

    Casi siempre, mis novelas, tienen un origen muy remoto, hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir algo sobre la desamortización de Mendizábal, que dicho así suena un poco arduo. Sabes que la desamortización de Mendizábal fue este momento en el que se aprueban unas leyes, en 1835 y un poquito después, que expropian todos los bienes del clero que estaban sin ningún uso cuando la gente se moría de hambre. El problema es que la realización de esa ley dejó bastante que desear, en definitiva lo que pasó es que esos bienes cambiaron de manos y acabó en otras manos que tampoco hacían un uso social de estas propiedades. Le tenía muchas ganas porque la desamortización puso en circulación un enorme patrimonio cultural, que muchas veces se perdió, se robó… y me apetecía mucho hablar de eso y del patrimonio bibliográfico porque tenemos verdaderos tesoros en nuestras bibliotecas. Fue la manera de unir ambos temas.

     

    ¿Y el título?

    El título es un homenaje a una poetisa romántica. En la novela hay mucho de homenaje, también, al romanticismo literario. Yo me hice lectora leyendo a los autores románticos, sobre todo ingleses y alemanes y luego ya los españoles; por eso hay mucho de esos autores en cierta parte de la novela y Carolina Coronado fue la única mujer que puede considerarse una poetisa romántica en ese momento y además midió sus fuerzas con ellos publicando regularmente, siendo una excelente periodista, novelista muy prolífica aunque peor poeta. Era una mujer que vivía de la literatura y en su momento era una celebridad y se ha perdido. Apenas tenemos conocimientos de Carolina ni de su obra y el título se toma de uno de sus versos.

     

    No sé si llamar coral a esta novela o existe algún nombre más apropiado por la cantidad de personajes, tanto actuales como de hace dos siglos.

    Coral no es un adjetivo muy afortunado porque no es una novela contada por diversas voces, sino que es una novela que tiene muchos protagonistas. Ocurre en un lapso prolongado de tiempo y podríamos decir que cada periodo tiene sus protagonistas.

     

    A colación de lo que me cuentas: son muchas voces en distintas épocas y cada una con su tono propio y muy particular, ¿escribes las historias por separado y luego las organizas en el tiempo donde te interesa ponerlas?

    No, no, que va, eso no se puede hacer en una novela.

     

    ¿Y cómo se cambia el chip?

    A mí no me cuesta nada ponerme en la piel de un narrador del XIX, he leído mucho de ese siglo y no sé por qué es un movimiento literario que me resulta muy cercano, igual soy la reencarnación de alguna dama memorialista del XIX. No lo sé, pero el caso es que no me cuesta nada, me sale esa voz de manera natural. El cambiar de chip forma parte de la profesionalidad del escritor, el resultar verosímil cambiando de estilo. La gran escuela del escritor es siempre la misma, la lectura.

     

    Entrevista a Care Santos. El aire que respiras

    Hablas del amor hacia los libros y casi lo dibujas como algo genético, Guillot, Carlota, Víctor… qué le pasa a Virginia que no hereda esto de Antonio Rogés

    Es cierto que el amor a los libros se contagia más que se inculca y tienes que vivirlo de cerca para dejarte contagiar, pero la postura de Virginia es la contraria, siente rechazo por todo lo que viene de su padre. Nunca se había imaginado en la librería y, de hecho, no quería estar allí. Le cae la librería del cielo y tiene que estar a la altura de las circunstancias porque se ha quedado sin trabajo y por una concatenación de cosas con las que ella no contaba.

     

    ¿Qué nos cuentas del Diccionario de Excéntricos y Egocéntricos en la Barcelona de Antaño?

    Risas. Lo primero es que no existe, ojalá hubiera existido porque me hubiera venido muy bien consultarlo. Yo me inventé el libro pero no el contenido porque todas las biografías que aparecen en ese diccionario, son reales. Todo lo que aparece ahí es material documentado, incluso las citas. El lector que llegue a esta cenefita que encabeza cada biografía, tiene que saber que todo lo que le voy a contar en esa biografía, es real, material histórico.

     

    ¿Y también existió esa colección de libros prohibidos y su arqueta de terciopelo verde?

    No, la colección junta que yo sepa nunca existió, por lo menos en España, pero sí ha habido grandes coleccionistas que han tenido muchos más y de este tipo de libros, de primera magnitud.

     

    ¿Eróticos?

    Sí, sí. Y además de este calado, del siglo XIV, primeras ediciones venecianas… de muchísimo, valor artístico. Y que yo sepa, la colección así entera, junta, nunca estuvo en España, pero sí ha existido, todos los libros existen y son consultables en bibliotecas europeas.

     

    ¿El que desaparece también?

    El que desaparece existió pero no se sabe que se conserve ni un solo ejemplar en el mundo. No se sabe, lo cual no significa que en algún momento pueda aparecer. Ese libro, exactamente con la historia que se cuenta en la novela, fue un libelo escrito contra la favorita del rey francés que se imprimió en Londres, se pidió un dinero como soborno para no difundirlo y el rey francés mandó una comisión gubernamental a dar el dinero al impresor y se quemó todo delante de esa comisión. Está documentado. Esa tirada que era seis mil, si no recuerdo mal, se quemó entera delante de la comisión que había mandado Luis XVI y que se sepa no se conserva ninguno. Claro, cuando lees esa historia, una que tiene la mente caliente, enseguida se me ocurrió que ahí estaba mi protagonista, un joven que llega con esa comisión francesa, un joven casi un niño, trece años, que estaba por allí y no era ningún peligro para nadie, mete la mano en el horno y se lleva uno. Ese es el libro que durante toda la novela resulta escurridizo y que ojalá hubiera existido. Por ese libro matarían muchos libreros. Es una historia fascinante porque ese libro explicaba los gustos sexuales del rey, qué le hacía la favorita, por qué la favorita le estaba perdiendo moralmente… en fin, era un libelo subidísimo de tono, ilustrado, donde se veía al rey en escenas muy comprometedoras.

     

    Entrevista a Care Santos. El aire que respiras

    ¿Y las cartas, manuscritos y documentación en la que se basa la novela? ¿Existen también?

    No así como explico en la novela, pero sí es cierto que todos los libreros tienen muchísimo material de este tipo por muchas razones. Algunos son verdaderos enfermos de este tipo de material y casi les gusta más una carpeta repleta de papeles que los libros que puedan encontrar. Y también porque dentro de los libros se encuentran muchas sorpresas.

     

    ¿Has tenido en tus manos este material?

    Sí, sí, además hay historias increíbles. Los libros encuadernados en pergamino, como es piel, acusan los cambios de temperatura y si hace mucho frío o mucho calor y se abre un trozo de cubierta, se puede llegar a encontrar de todo, desde cartas de amor a un obispo, que es lo último que me contaron, hasta un original de Lope.

     

    Conoces bien Barcelona y Cataluña en general en todas sus épocas, ¿en qué época te gustaría que se hubiera parado el tiempo?

    Depende de lo que yo fuera, si fuera lo que soy ahora, como no había clase media, me habría tocado ser más bien de la clase trabajadora y no era muy buen asunto. Ser mujer trabajadora en la Barcelona de 1810 no sé si me apetece. Si fuera una mujer de la alta burguesía no me hubiera importado ver la invasión napoleónica, aunque fuera duro y muy convulso. A mí me gustaría estar un día, o una semana, si me ofreces un viaje de una semana a la Barcelona napoleónica te firmo, para vivir allí estoy mejor aquí.

     

    ¿Cuál es tu opinión de la Cataluña actual?

    ¿En qué sentido?

     

    ¿Siguen tan empecinados como antaño?

    Mira, una de las cosas para lo que sirve leer Historia es para darnos cuenta, primero, de que tal vez seamos así por algún motivo. Yo creo que esa presencia de los franceses, tan larga, tan prolongada en el tiempo, y eso que hizo Napoleón de escindir a Cataluña de España y la convertirla en una provincia francesa durante casi dos años, que es mucho, con todo lo que eso comportó de inseguridad, de problemas de identidad… de pronto los catalanes ya no eran españoles. Yo creo que eso explica algo, esa especie de rebeldía identitaria que hay en Cataluña, esos problemas de encaje… También te das cuenta de que el discurso que tenemos ahora no es nuevo, llevamos trescientos años con él.

     

    ¿En quién hay más de ti, en la novelista amiga de Virginia o en la propia Carlota?

    En la novelista hay bastante, no todo pero hay bastante. Yo creo que Carlota no se parece en nada a mí, aunque ama los libros igual que yo, sería el único nexo.

     

    No dices el nombre en ningún momento de la novela

    No, no, no. Juego a que se pueda confundir conmigo todo el tiempo.

     

    Entrevista a Care Santos. El aire que respiras¿Pasado o actualidad?

    Actualidad sin olvidar de dónde venimos.

     

    Un libro ni viejo ni usado que hayas leído desde siempre

    Bastantes. Soy coleccionista de libros antiguos y tengo algunos que los he leído mucho y los he sacado más. Ese libro que compra la escritora sin nombre en la novela, yo lo tengo, los Cuentos de Bibliófilo editados por Mikel y Plana en 1916.

     

    Tu lugar favorito de Barcelona

    Hay muchos, pero un lugar donde me encontrareis mucho y donde siempre voy por trabajo es en la Biblioteca de Cataluña.

     

    ¿Tu librería preferida?

    Mi librería anticuara preferida es la librería Balaguer de Barcelona.

     

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    La última vez que perdiste la esperanza

    Yo no pierdo la esperanza fácilmente, soy optimista patológica.

     

    ¿Nunca la has perdido?

    Yo creo que no. Creo que ni en mis peores momentos, puedo haber perdido la alegría, puedo haber perdido el sueño, las ganas de levantarme, pero no la esperanza.

     

    ¿Cuándo tuviste que fingir lo que no eras?

    Cuando publiqué el primer libro. Me sentía rarísima porque de pronto me había convertido en lo que soñaba pero con veinticinco años y tuve que ponerme interesante para ser aquello que creo que todavía no era.

     

    ¿Qué aires respira Care Santos?

    Unos aires muy familiares porque mi vida se divide entre la escritura, que practico todos los días, y en la crianza de tres hijos. Mi vida es como dos vidas en una.

     

    ¿Escribes en casa?

    Hasta hace poco me iba a un monasterio a escribir, hasta esta novela casi toda está escrita en un monasterio. Pero han cambiado las circunstancias y ahora tengo un espacio en casa donde nadie me molesta.

     

    Fina Grau

     


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