ENTREVISTA

  • Ramón Palomar
    SESENTA KILOS
  • «Esta es una novela en la que se folla, se bebe, se esnifa, se vive y se muere»
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    Entrevista a Ramón Palomar. Sesenta kilos

     

    Después de dos publicaciones recopilando tus artículos y un dietario te decides ahora por otro tipo de literatura, ¿cómo surge la idea a escribir una novela?

    La idea surge desde varios frentes, una porque era una cosa pendiente y por la que los amigos me daban mucho el coñazo. Dos, porque llega el verano y me quedo sin novia, y como no tengo hijos, en algo tengo que ocupar el día. Y tres, que tengo acceso a unas fuentes de información, realmente sensacionales. Me parecía una pena desaprovechar todo ese caudal que me ha llegado. Digamos que conocía a gente que a su vez conocía a gente que conocía a otras gentes que estaban muy metidos en estos temas de trapicheos de kilos. Conseguí romper un poco esos anillos de blindaje hasta que pude llegar al epicentro, alternar con ellos, salir de copas con ellos y ganarme la confianza como para contarme todo. También pensaba que esto se hace mucho en Estados Unidos pero aquí nunca hacemos un retrato del lumpen de medio pelo, una cosa es El Padrino, los grandes capos, y otra cosa es todo ese lumpen de medio pelo pero que puede mover 60 kilos perfectamente. Me interesaba mucho aprovechar la ocasión.

     

    ¿Por qué te decantas por la novela negra?

    Cuando mi padre acaba aquí sus estudios se va a dar clases a Francia, a la Universidad de Nancy, y allí pillamos, entre el 50 y el 60, el pleno apogeo del jazz y de la novela negra. En casa, en la biblioteca de mi padre, siempre hemos tenido todos los clásicos habidos y por haber, en una estantería tenía como cincuenta volúmenes de la auténtica Série norie de tapa dura que publicaba Gallimard en Francia, y era una sería dirigida por Marcel Duhamel. De pequeñito, con trece o catorce años, me leía uno cada noche en verano. Yo ahí me leí todo de Jim Thompson, Hammett, Chandler, William R Burnett… y una serie de autores desconocidos. Yo creo que aquello siempre se me quedó muy dentro, hasta que se juntaron todos esos factores que te contaba antes, más el tiempo libre que tenía en verano (risas), y con las historias muy creadas en la cabeza, me hice toda la estructura, las fichitas con los personajes y dije, bueno, a ver si sale algo, y para mi sorpresa la cosa salió muy, muy, muy fluida.

     

    ¿De dónde sacas los nombres tan rarísimos que utilizas para los personajes?

    Son todos reales. A mis fuentes de información les pedía motes para los personajes, y no solo me dieron los motes, sino que me llevaron a la casa donde se cortaba todo el bacalao…

     

    Entrevista a Ramón Palomar. Sesenta kilos¿No será la casa que describes?

    Sí, sí, tal cual. Además lo que más me impresiona de esta casa, y que sale en la novela, es el bidón de ácido que tienen. Tienen varios sistemas de seguridad, incluida la chimenea que tienen encendida todo el verano, el bidón de ácido y la taza del inodoro. Tienen muchísimas puertas blindadas y como la poli tarda mucho en entrar, ellos van tirando todo el material. Ahora, como ya hay policía especializada en fontanería, lo del inodoro lo usan menos porque lo desmontan y analizan los restos para demostrar que han tirado cocaína. Prefieren quemarlo en la chimenea o tirarlo al ácido.

     

    Telón de fondo, la ciudad donde vives, sobre todo en la primera parte ¿es un tributo a Valencia?

    Bueno, aparece Valencia, Oporto, Madrid, Tarifa y Tánger, y está muy repartido. Lo que pasa es que me interesaba mucho Valencia, primero porque yo soy de Valencia, y segundo porque en Valencia hay puerto y es el de mayor tráfico de contenedores del Mediterráneo. Siempre ha sido una entrada de droga muy importante, una puerta hacia Europa.

     

    Casi todos tus personajes lo hacen, ¿hay que beber mucho whisky para ser más malo?

    Los que yo pinto aquí sí, todos menos Frigorías que bebe San Franciscos porque está anclado en el pasado y Mariano Maldonado, el contable, que no bebe. Los demás todos. Beben y esnifan porque esta es una novela que se folla, se bebe, se esnifa, se vive y se muere. Se vive muy al límite y es gente que tiene mucha presión y tiene que descargarla agarrando unos ciegos muy importantes.

     

    En algunos puntos de la lectura encontramos ciertos guiños ochenteros y, tal vez, un poco kitsch, ¿las mafias y la delincuencia sigue siendo así hoy en día?

    Sí, pero no me importa. Yo sigo conociendo a gente que es así, hay gente muy anclada, gente que solo escucha música remember, además de la pasión que sienten los gitanos por Camarón que hasta llevan el careto de Camarón en los antebrazos, colgantes de oro macizo con Camarón, hebillas de los cinturones con Camarón, anillos con Camarón. Para ellos su Dios es Camarón y todavía siguen escuchando a Los Chichos, a Los Chunguitos… son sus mitos, claro.

     

    Entrevista a Ramón Palomar. Sesenta kilos¿Y cómo te sentías cuando estabas dentro de este mundo? ¿Te sentías fuera de lugar?

    No, pero porque yo me adapto a todo. Creo que puedo adaptarme a un sitio muy finolis igual que a un sitio muy 'tirao', de hecho es lo que llevo haciendo toda la vida. Lo bueno de la vida es conocer gente en todos los sectores y estar a gusto en todos los ambientes, me da lo mismo irme un sábado a comer al club de golf más pijo de toda la ciudad y luego acabar la noche en el after houers más sórdido, y no creo que sea incompatible, al contrario. No, fuera de lugar no, lo que sí que estaba era muy atento para captar la jerga, captar determinados giros y el tono, cómo se movían, cómo interactúan… Yo estaba con mi copita, intentaba beber lo mínimo posible para dejarlo todo muy grabado en mi mente.

     

    ¿Por qué recomendarías esta novela?

    Porque entretiene, que es algo muy sencillo y  muy básico. No creo que haya que ser muy pretencioso en esta vida, yo me conformo con que un lector me diga que ha pasado un buen rato leyéndola o qué bien, leyendo esto me he olvidado de todos los marrones que tengo, o cómo me he reído con determinados pasajes cargados de cierta ironía. Con eso me conformo, hacer que todo aquel lector que no tenga prejuicios y quiera pasar un buen rato, lo lea.

     

    ¿Te has divertido escribiendo?

    Sí.

     

    ¿Qué es lo que más te ha gustado?

    La primera fase de escribir. La documentación ha sido muy divertida, por ahí de copitas… (Risas). La parte más ingrata creo que es la de corregir una y otra vez, corregir para intentar coger un buen tono, que tenga buen ritmo y cuadrar los días y las fechas, si un personaje está por la mañana en un sitio y por la tarde en otro hay que calcular, por ejemplo, cuánto se tarda en ir de Madrid a Oporto. Eso es lo más farragoso, lo técnico, no es tan gratificante como escribir.

     

    Referente literario

    Si te tengo que dar solo uno, creo que sería Josep Plá. Aunque mi escritura no tenga nada que ver con la suya, creo que, tanto por calidad como por cantidad de su obra, es el más grande del siglo XX en Europa.

     

    Referente periodístico

    Indro Montanelli, Julio Camba, González Ruano… Josep Plá que tiene unas crónicas extraordinarias.

     

    Entrevista a Ramón Palomar. Sesenta kilos¿Cuál ha sido tu mejor entrevista?

    La que me acabas de hacer tú, claro (risas).

     

    La que has hecho tú como entrevistador

    Pues hay algunas que me quedaron muy bien. La de Andrés Trapiello me quedó muy chula, Santiago Postiguillo, Javier Cercas, te estoy hablando solo de escritores, otra cosa serían políticos.

     

    ¿Y a quién te gustaría entrevistar antes de morirte?

    A Martin Scorsese y Robert de Niro, aunque me daría un poco de miedo, sobre todo a Robert de Niro porque no da, prácticamente, entrevistas jamás y es bastante seco con los entrevistadores.

     

    ¿A qué se dedica Ramón cuando no está trabajando?

    A leer.

     

    La última película que has visto en el cine y te ha gustado

    La noche más oscura, me ha gustado mucho, tengo amigos que no les ha gustado pero a mí sí.

     

    ¿Y el último libro?

    Continente salvaje, el ensayo de Keith Lowe sobre la postguerra en la Segunda Guerra Mundial.

     

    ¿Qué es lo que más te desespera?

    No soy hombre al que le desespere grandes cosas, cuando tenía novias alucinaban porque no me desesperaba cuando tardaban en arreglarse. Tampoco soy un hombre de grandes alegrías ni grandes tristezas, tengo cierto equilibrio.

     

    ¿Un tipo lineal?

    Más bien rutinario, tengo una rutinita hecha, aunque de vez en cuando pego una explosión pero soy un tipo de rutinas.

     

    ¿Espiritual?

    No demasiado. Ya me gustaría.

     

    ¿Por qué?

    Porque pienso que la gente espiritual ve cosas que yo soy incapaz de ver. Me gustaría abrazar a los árboles, acariciar a un delfín y que se me cayera una lagrimita, mirar un atardecer o amanecer y decir ¡Oh, qué bonito!, pero no soy muy así. (Risas)

     

    El último hobby al que te has aficionado

    Ninguno. Hace años que no me aficiono a ningún hobby.

     

    Un secreto

    Tampoco soy un tipo de grandes secretos.

     

    Pues cuéntame algo que nunca hayas contado de ti

    Una tontería, que yo cuando era pequeño era muy buen estudiante y muy repipi.

     

    ¿Ahora ya no?

    (Risas) No, cuando acabé los estudios lo dejé, pero cuando era pequeño era muy de clásicos y muy pitiminí. Muy asustadizo también, me daba miedo salir cuando estaba en Valencia de vacaciones, vivía en Tánger y cuando venía aquí no me atrevía a salir a la calle, me parecía un mundo salvaje, un mundo muy muy cutre, sobre todo porque vivía Franco (risas).

     

    ¿Y qué te da miedo ahora?

    Prácticamente nada, es que tampoco soy hombre de grandes miedos (risas).

     

    Un color

    El negro. Me gusta el negro para no tener que calentarme la cabeza por las mañanas.

     

    Una moda que te encantaría que no hubiera pasado

    La del rock and roll de los cincuenta. O las pin-ups, que siempre me han parecido una delicia como Betty Grable, Bettie Page… todas estas chicas de calendario americanas que animaban a los muchachos en la Segunda Guerra Mundial siempre me han parecido muy estimulantes.

     

    Fina Grau

     

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