ENTREVISTA

  • Javier Cercas
    LAS LEYES DE LA FRONTERA
  • «Yo escribo sobre lo que me interesa o me obsesiona o no entiendo, o más bien sobre las tres cosas a la vez»
  • Entrevista a Javier Cercas. Las leyes de la frontera

     

    Para entrar en materia, cuéntanos un poco quién es y de dónde sale el Zarco.

    El Zarco es un delincuente juvenil de los años setenta que en los ochenta se convierte en una especie de mito de la delincuencia juvenil, y sale de donde salen todos los personajes de novela: de una mezcla de fantasías (u obsesiones) personales y realidades mostrencas.

     

    Esa forma de narrarnos la historia del Zarco mediante las entrevistas de un periodista a dos personajes importantes de la historia es algo poco usual ¿Por qué optas por este método de narración?

    Porque, después de mucho trabajar en la novela, llego a la conclusión de que es el método que permite que la historia no suene a literatura sino a verdad, que es a lo que tiene que sonar la literatura.

     

    El hecho de haber vivido tanto tiempo en Gerona ¿es lo que te hace ubicar ahí, sobre todo la primera parte del libro, el telón de fondo de la trama?

    Claro: Gerona es en gran parte mi ciudad, y sobre todo es la ciudad de mi infancia y mi adolescencia (también de ahora mismo, porque raro es el fin de semana que no paso allí o cerca de allí).

     

    Entrevista a Javier Cercas. Las leyes de la fronteraTérminos como Liang Shang Po o chico Pera, incluso la forma de llamarse con apodos son detalles muy de la época que ya no recordaba, ¿cómo recuerdas tú esas cosas de aquella época?

    Las recuerdo porque me he esforzado en recordarlas, porque tengo buena memoria y porque era imprescindible recordarlas para escribir la novela –Vargas Llosa dice que escribir una novela consiste en mentir con conocimiento de causa–, cuya primera parte transcurre en el verano de 1978.

     

    ¿Por qué has estimado oportuno hacer un apartado al final para contar la historia de Liang Shang po?

    Esa historia recorre todo el libro, desde el principio hasta el final: es uno de sus leit-motivs, uno de los elementos recurrentes que le da sentido. Alude a una serie de televisión japonesa, titulada en español La frontera azul, que se estrenó precisamente en el verano del 78 y que tuvo un éxito enorme, en parte porque era la primera serie japonesa que se veía en España y en parte porque era una suerte de Robin Hood a la japonesa (o a la china: transcurría en China). Baste decir que a los delincuentes de mi novela se les compara con esos Robin Hood orientales, para concluir que eran cualquier cosa menos Robin Hoods.

     

    Un amigo me comentó en una ocasión que los quinquis eran la versión más cañí de los rebeldes americanos, del vive deprisa y muere joven. Comparar al Vaquilla con James Dean es del todo osado, pero ¿hasta qué punto piensas que los quinquis podían tener ese concepto vital de no hay un mañana así que «nada de normas, todo vale»?

    Lo tenían sin la menor duda. En realidad, los quinquis no son más que un avatar o una variante de un mito universal: el del forajido, el del fuera de la ley, el del bandido adolescente.

     

    Entrevista a Javier Cercas. Las leyes de la fronteraEste tipo de historias que nos llevan a nuestro pasado de una forma brusca y descarada, a veces nos hacen recordar cosas que pensábamos olvidadas. En tu opinión ¿es bueno sacarlas esos restos a la luz en nuestras cabezas?

    No lo sé: yo escribo sobre lo que me interesa o me obsesiona o no entiendo, o más bien sobre las tres cosas a la vez. En cuanto al pasado, en mis libros solo me interesa en la medida en que todavía es presente, en la medida en que el presente no se entiende sin él.

     

    ¿En qué personaje podemos encontrar más de Javier Cercas, en el poli cacereño destinado en Gerona, en el gafitas adolescente o en el propio Zarco?

    En los tres estoy yo, aunque es verdad que en el Gafitas y en el poli hay determinados rasgos biográficos que los acercan a mí. Pero todos los personajes del libro son de algún modo yo mismo, porque todos han salido de mi imaginación; o lo que es lo mismo: porque todos son, por usar la expresión de Milan Kundera, «yoes hipotéticos» del escritor.

     

    ¿Todos hemos sido un poco gafitas en alguna época de nuestra vida?

    Me temo que sí.

     

    Por la dedicatoria deduzco que todavía conservas tus amigos de la infancia, a la basca. ¿Hay algo más bonito que esto?

    No lo sé. Solo sé que yo no lo he hecho porque sea bonito o porque considere que tenga ningún mérito especial, sino, probablemente, porque no he podido no hacerlo, o porque no he podido o no he querido hacerlo.

     

    ¿Aún te queda algo del Soldados de Salamina?

    Espero que sí.

     

    Entrevista a Javier Cercas. Las leyes de la frontera¿Cuánto crees que le debes?

    Más de lo que él me debe a mí, desde luego.

     

    ¿Qué recuerdos inconfesables guardas de tu adolescencia?

    Unos cuantos, que naturalmente no confesaré aquí.

     

    Muchos de los escritores a los que entrevisto me han confesado tener ciertas manías a la hora de escribir, ¿cuáles son las tuyas?

    Que yo recuerde, ninguna.

     

    Si te pudieras reencarnar en algún personaje famoso de la antigüedad, ¿en quién lo harías?

    En Diógenes.

     

    Y si tuvieras que forjar un personaje del futuro, ¿cómo sería?

    Lo sabré cuando lo forje.

     

    ¿A qué se dedica Javier Cercas cuando no está escribiendo?

    A lo que todo el mundo, supongo: a comer, a beber, a leer etc.

     

    Un hobby

    Caminar, suponiendo que sea un hobby.

     

    Un lugar

    La ciudad desde donde escribo esto: Nueva York.

     

    Una película que te hiciera sentir algo especial

    La primera que vi: Los cuatro hijos de Kathy Elder.

     

    Y, por último, cuéntanos cuándo fue ese momento tan dulce que jamás olvidarás.

    «Los feits d’amor mai no pos en oblit», escribe Ausiàs March, «amb qui els hagui, ne el lloch, no em cau d’esment»

     

    Fina Grau

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