ENTREVISTA

  • Manuel Vilas
    LOS INMORTALES
  • «En mi narrativa nunca hay absurdos, ni gratuidad, ni irracionalidad, aunque pasen cosas muy delirantes todo tiene un sentido y todo es por algo»
  • Entrevista a Manuel Vilas. Los inmortales

     

    Siempre he querido usar la palabra delirante para definir una novela y nunca he encontrado la ocasión ni el texto adecuado para hacerlo ¿consideras que Los inmortales es delirante?

    Sí, me parece un buen adjetivo, una buena manera de calificar la novela siempre y cuando tengamos en cuenta que el mundo en el que vivimos también es delirante, que mi novela sea delirante no es gratuito sino que está relacionado con lo delirante que es el mundo.

     

    Entonces es un buen reflejo

    Claro, si mi novela es delirante es porque el mundo también es delirante. Nuestra realidad occidental de 2012 es de una gran complejidad y tiende al delirio. No soy yo el que me lo invento, de hecho por mucha imaginación que uno tenga, la realidad a veces va más allá. Por ejemplo, en mi novela hay un episodio en el que Hugo Chávez se convierte al Islam, es una exageración, pero sin embargo el otro día recibe al presidente de Irán y le llama «hermano», por tanto la realidad es excesiva también y mi novela lo único que hace en ese sentido es representar ese exceso de la realidad. Puede llamar la atención que eso se haga literatura.        

     

    ¿Y cómo surge en tu cabeza esta locura narrativa?

    Hay dos motivaciones. Una motivación que va en relación con el título porque digamos que toda la novela es un alegato contra la muerte, contra esta tragedia que está en la condición de los mortales y que es un misterio, venimos de la oscuridad y volvemos a la oscuridad. Esta condición humana, lógicamente, a mí me importa, es el gran tema, nuestra temporalidad que disimulamos en nuestra vida diaria porque todo el mundo tiene muchas cosas que hacer y la vida es acción pero llega un momento, una edad, en la que te das cuenta de la condición mortal y esta novela está escrita contra la muerte.

     

    ¿Esta inmortalidad caótica y trastornada es consecuencia de una crisis de los 40 un poco tardía?

    Puede ser, es cuando yo me doy cuenta como ser humano que soy mortal y que se me acaba la juventud. Para una persona de veinte o treinta años no existe la muerte, es casi imposible explicarle a una persona de esa edad qué es la muerte, no lo va a entender nunca porque su biología molecular no se lo permite (risas). Puede que haya visto morir en alguna ocasión pero no lo ve como algo propio, yo creo que es a partir de los cuarenta, cuarenta y cinco, cuando la muerte empieza a dibujarse con claridad. Este es mi caso también.

     

    Entrevista a Manuel Vilas. Los inmortales¿Los diálogos, a veces absurdos, estaban ya pensados o van saliendo sobre la marcha?

    Los diálogos son muy vitales. Los personajes cuando hablan están exaltados y eufóricos, dicen barbaridades, son muy «tarantinos» y tienen una pasión por la vida que la muestran al hablar. Me interesa que sea así, diálogos muy apasionados y con mucho coloquialismo.

     

    Hay algunos muy retorcidos, ¿ya los tenías pensados?

    Sí, un poco sí. Le voy dando vueltas en la cabeza, voy viendo cosas y digamos que tengo un subconsciente que es como una batería en la que voy acumulando cosas que voy viendo y luego me salen cuando me pongo a escribir, pero son meditados.

     

    ¿Por qué estos protagonistas y no otros?

    Porque quería que fueran representantes de lo que nuestra civilización ha entendido como inmortalidad. La inmortalidad de las obras artísticas, la inmortalidad de los personajes políticos, la memoria histórica… Esto es lo que nuestra civilización, desde el siglo XIX decidió que era la inmortalidad, la inmortalidad de un pintor como Van Gogh o como Picasso, la inmortalidad de un escritor como Saavedra, la inmortalidad de personajes históricos como Stalin o Hitler y la inmortalidad de personajes de la religión como Juan Pablo II o la Madre Teresa de Calcuta. Están representando un poco todo eso.

     

    Pero que se enamoren y le regale el coche fantástico… (Risas)

    ¿Y por qué no? ¿En qué pasaje de la Biblia se dice que no al amor? (más risas)

     

    Estarás de acuerdo conmigo en que es muy sorprendente ¿no?

    Me pareció que podían enamorarse. Esto es una novela muy amorosa. Todo es clásico en esta novela (carcajadas). A ver, te explico: ¿Cuál es el gran sentimiento capaz de luchar contra la muerte? el amor. Todos los personajes están enamorados, están queriendo amar, amar no solo la relación de pareja sino amarlo todo. Aman el sol, aman las casas, aman las calles, aman todo lo que ven. Entonces Juan Pablo II se enamora de la Madre Teresa de Calcuta y ella le regala el coche fantástico. Es bonito, es luminoso, la idea es una fiesta, la idea es que estén todos bailando y cantando. La novela es un gran carnaval festivo y la única manera de luchar contra la muerte es el carnaval, el disfrute del presente y por eso están con la conciencia de la mortalidad.

     

    Has tocado la literatura, la religión, la sabiduría, la monarquía, el comunismo… ¿qué otro palo no has tocado y te hubiera gustado hacerlo?

    No sé si me he dejado alguno. Creo que puse todos los que quería y donde más a gusto me sentía. A mí una de las partes que más me gusta es Stalin, cuando sale hablándole a Corman, esto me parece divertidísimo.

     

    Entrevista a Manuel Vilas. Los inmortalesJajaja, cuando lo manda a visitar los treinta mil McDonald’s…

    Sí, luego lo pensé y creo que debería haber metido más a Stalin en la novela. Sí, Stalin manda a Corman Martínez a visitar todos los McDonald’s del mundo y existen todos. Esto es verdad, existen treinta mil McDonald’s en la faz de la tierra, es nuestra gran franquicia terrenal.

     

    Utilizas muchas marcas y empresas famosas en la novela, ¿tú crees que cuando pasen veinte años y la gente siga leyendo tu novela reconocerán estas marcas? ¿Seguirán existiendo esas tiendas como Media Markt o El Corte Inglés? Como cuando Juan Pablo le pega por los electrodomésticos.

    ¡Hombre a estas marcas les va bastante bien! (Risas) A ver, yo no puedo decir que estoy enamorado de un lavavajillas ni de una nevera pero me parecen conquistas materiales muy importantes. Hace cincuenta años la gente lavaba la ropa en los ríos y aunque parezca una tontería es una conquista muy importante y por eso sale en la novela. Yo miro los neumáticos en las tiendas de automoción de El Corte Inglés y quedo fascinado, los dibujos de los neumáticos son extraordinarios.

     

    ¿Tú haces eso? ¿Te vas a las tiendas y te quedas mirando con esa expresión los dibujos de los neumáticos?

    Jajaja. No, pero sí que es verdad que yo visito primero lo que luego visita el personaje. La novela es eso, es lo que ocurre en nuestro tiempo a través de estos personajes.

     

    ¿Hay que poner la mente en blanco o ser una persona especial para poder ver las cosas como tú lo haces?

    Es algo muy sencillo, muy humilde, y es volver a mirar las cosas como si fuese la primera vez que las miras, digamos que es como miraría un niño a un extraterrestre.

     

    ¿Y crees que eso es sencillo?

    Se puede hacer, es como mirar esta mesa sin que actúe todos los previos mentales que tú tienes, volver a mirar la realidad, desautomatizar tu mirada y volver a mirar la cosas. Eso lo dice Agustín Fernández Mallo, es como si un extraterrestre viniese a la tierra y viese esto, la vería de una manera nueva, de una manera inocente.

     

    ¿Hay vida en la Luna?

    (Risas) Ahí lo que planteo es un viaje a la Luna muy delirante pero tiene que ver con las sociedades culturales, es una especie de parodia de los grandes eventos culturales que han ocurrido en la civilización occidental. La mujer del presidente de los Estados Unidos de América, la Primera Dama, está fascinada por la poesía y monta este evento gigantesco de mandar a la Luna, en el año 2040, a siete poetas representativos de la poesía occidental para que escriban un poema a pie de Luna. No un poema sobre la Luna como se habían venido escribiendo desde siempre, los poemas a la Luna desde la Tierra, sino en la Luna. Quiere simbolizar el avance, el progreso, el llegar a la Luna y escribir, la exageración, el delirio. También es una crítica a estos eventos elitistas, a la megalomanía, es una mezcla de fiesta y de crítica. Mi novela muchas veces deja espacios abiertos a que el lector interprete lo que quiera y yo, cuando me preguntan los periodistas, doy mi visión pero que no es la única y no tengo todos los significados de la novela. El lector debe decidir muchas cosas. Se puede leer de muchas maneras, se puede leer como una novela de aventuras psicodélicas alucinatorias, como una novela de crítica social, como una novela política, pero hay muchas cosas que el lector debe decidir porque el autor solo las plantea. En lo de la Luna se ve que hay mucha carga de significación pero decidir lo que hay ahí le compete al lector. En mi narrativa nunca hay absurdos, ni gratuidad, ni irracionalidad, aunque pasen cosas muy delirantes todo tiene un sentido y todo es por algo.

     

    Entrevista a Manuel Vilas. Los inmortalesDa la impresión de que te lo has pasado muy bien escribiendo esta novela, se te ve feliz.

    Eso me dicen siempre pero yo lo desmiento. Puede dar la sensación de que el que ha escrito esta novela se lo ha pasado bien y se ha divertido pero a mí me ha costado mucho escribirla, mucho sufrimiento y mucho trabajo. Lleva muchísimas horas de trabajo y el trabajo, es trabajo.

     

    ¿Prefieres la poesía?

    Prefiero tomar el sol (risas) La literatura es trabajo, todo es trabajo. Vale, me gusta hacerlo pero es trabajo y es esfuerzo.

     

    ¿Te consideras un autor peligroso?

    Peligroso en el sentido de poco convencional. Mis ficciones son peligrosas en la medida en que son iconoclastas y poco convencionales.

     

    ¿Has inventado un nuevo estilo narrativo?

    No, en absoluto.

     

    ¿Una forma de ver el mundo?

    Yo creo que simplemente exploro unas posibilidades distintas. Sí, creo que mis lectores son jóvenes, los más fans tienen entre veinticinco y cuarenta años y es por eso que esperan mis libros porque esperan una literatura menos convencional. Desde el punto de vista sociológico, la incorporación de estos lectores a la literatura, es porque necesitan otro tipo.

     

    ¿Qué esconde Manuel Vilas tras los renglones?

    Pues un ser que le tiene miedo a la muerte (risas).

     

    ¿Hay algo que te de más miedo?

    Sí, la vejez, el deterioro.

     

    ¿Qué te da esperanza?

    El amor.

     

    ¿Cuándo sentiste que todo empezaba de nuevo, que estabas en un bucle?

    Algunas veces. Sí. Historias personales.

     

    ¿Qué cree Manuel Vilas que es digno de estudio aparte de los humanos y nuestro comportamiento?

    La materia. Lo que tocamos, el suelo, la piedra, la arena, el agua... Es un misterio la materia y es lo que llevamos estudiando toda la vida.

     

    Fina Grau

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