ENTREVISTA

  • José Luis Corral
    EL CÓDICE DEL PEREGRINO
  • «El franquismo creó una castración cultural del país de la cual todavía somos herederos»
  • Entrevista a José Luis Corral. El códice del peregrino

     

    Robo en la catedral y en apenas seis meses ya teníamos tu libro, ¿cómo se genera una idea, se escribe un libro, se envía a la editorial y sale al mercado en tan poco tiempo?

    La verdad es que esta novela y su promoción deberían estar contempladas en el libro de los records. Pensé en la novela el mismo día que me llamaron de un medio de comunicación nacional para decirme que habían robado el Códice Calixtino del archivo de la Catedral de Santiago y que, como profesor de Historia Medieval y especialista medievalista, si podía escribir un pequeño artículo para explicar qué era eso. Qué es el Códice Calixtino, en qué consistía ese libro, cuál es su importancia histórica, artística… y justo en ese momento pensé que tenía que escribir una novela sobre eso. No tenía ni la trama ni el argumento, no sabía de qué iba a tratar y durante unos días estuve trabajando muy intensamente en la idea de la novela y empecé a escribirla prácticamente hacia mitad de julio. Dejé todo lo que estaba haciendo y me dediqué a esta novela

     

    ¿Cómo salta la chispa para escribir la historia? ¿Pasó algo durante la escritura de ese artículo, algo en concreto, que te hiciera decidirte a escribirla?

    Incluso antes de empezar el artículo. En cuanto me llamaron para darme la noticia, en ese momento, cuando estaba hablando por teléfono lo pensé. Tengo que escribir algo, lo que sea, sobre este tema. Fue como una pulsión.

     

    ¿De dónde salen Patricia y Diego? ¿Por qué un matrimonio? Se sale un poco del perfil de contrabandista de arte ¿no?

    Bueno es una pareja de argentinos que yo me he inventado pero responden a ciertos estereotipos que he ido conociendo, de marchantes de arte, gente que trabaja en galerías y, por supuesto, a traficantes internacionales de arte. He trabajado en esta novela desde el punto de vista de la investigación en el contrabando de arte y he visto que estos dos personajes, que son muy potentes, son la referencia de esa gente que trabaja en el mundo del arte y que aunque muchos trabajen de forma legal también hay algunos anticuarios y galeristas, no muchos, que están bordeando la ilegalidad traficando con objetos robados.

     

    Entrevista a José Luis Corral. El códice del peregrino¿Cuando hablas de Jacques Roman estabas pensando en alguien en particular dentro del seno de la Iglesia?

    No, en nadie en particular, pero también responde al estereotipo de estas personas que son casi como el doctor Jeckill y míster Hyde, desde el punto de vista personal son muy elegantes, exquisitos, que come muy bien, que es muy rico, que cree en ciertos principios en torno al cristianismo y a la Iglesia, pero que por otro lado, no le importa en absoluto utilizar malas artes para defender sus ideas religiosas. No es un personaje que se pueda identificar con nadie en concreto que exista, o haya existido, en la historia de la Iglesia, pero sí con este grupo de gente muy integrista de sectas muy radicales dentro del catolicismo que son capaces de llegar a cometer delitos para defender sus ideas religiosas, yo creo que de una forma muy equivocada.

     

    En alguna ocasión, los protagonistas hacen referencia al trato que hacemos los españoles a nuestro patrimonio, ¿qué opinas como historiador al respecto?

    Evidentemente que es un desastre. Cómo hemos tratado nuestro patrimonio es una auténtica vergüenza. La gran destrucción masiva del patrimonio en España comenzó con la Guerra de la Independencia. En todas partes fue destructiva porque se destruyeron muchos conventos, iglesias, palacios, monasterios… y otras tantas saqueadas por los franceses, ese terrible siglo XIX español fue funesto. Y el franquismo, los ensanches de esas grandes ciudades en los años 50 y 60 supuso la construcción de barrios de una falta de estética tremenda que destruyó mucho patrimonio. La Guerra Civil, obviamente, también supuso un impacto muy negativo, robos, saqueos, destrucciones… algunos izquierdistas, fundamentalmente grupos anarquistas, quemaron iglesias y retablos. Pero ¡ojo! muchas veces en España también se le ha echado la culpa a los anarquistas y republicanos de haber quemado retablos cuando muchas veces esos retablos fueron sacados del país de forma ilegal y luego se excusó con que había sido un incendio. Todavía se sigue destruyendo patrimonio en nuestro país, sobre todo patrimonio arqueológico para la construcción de parkings subterráneos.

     

    ¿Crees que algún día volveremos a tener tanto patrimonio, se va regenerando ese patrimonio?

    Probablemente, algunas cosas sí pero otras no. El arte contemporáneo es bastante ecléctico, el patrimonio contemporáneo arquitectónico además de ecléctico, en algunos casos es efímero. En los últimos días he visto una exposición asombrosa con papeles arrugados, ¿eso es arte? Bueno… todo es discutible, ¿quién iba a pensar que los girasoles de Van Gogh iban a ser tan famosos un siglo o siglo y medio después de la muerte del autor? Nunca se sabe porque todo esto es muy caprichoso y la percepción del arte muy diferente según cada época, pero sí que es verdad que hay una percepción de un arte eterno, de un arte transcendente que está ahí y que nos damos cuenta y en cambio, sobre algunas manifestaciones de arte actual, sea arte mueble o sea arte arquitectónico, tengo serías dudas de que lo sea. El futuro lo dirá pero desde luego lo que no podemos hacer es destruir el pasado solo por destruirlo con la excusa del progreso.

     

    Nos encontramos con una parte de ficción asentada sobre una trama histórica, pero ¿dónde empieza la realidad y acaba la ficción?

    Salvo el caso de Fátima y el de Fulcanelli, las dos únicas novelas que se salen de mi trayectoria como novelista histórico, hasta ahora, había hecho novelas de claro reconocimiento desde el punto de vista del pasado. En mis novelas no es que se supiera del todo el final pero se intuía, cuando escribí Numancia todo el mundo sabía que ganaban los romanos, cuando escribí El Cid todo el mundo sabe que El Cid murió en Valencia y acabó allí sus días… Pero claro, en esta novela mezclo de tal manera realidad y ficción que he procurado, a propósito, que sean prácticamente indiferenciables. He cogido el cincuenta por ciento de hechos reales y el cincuenta de ficción, los he metido en la batidora de mi cabeza y ha salido un producto diferente, es como una aleación diferente. Es lo que pretendía, sorprender al lector y crear un referente mezclando ficción y realidad hasta tal punto que sean inseparables. Hay mucho de cierto sobre el linaje de Cristo y así lo detallo al final de la novela.

     

    Entrevista a José Luis Corral. El códice del peregrinoPero has creado una controversia y hay una parte de la Iglesia que se puede sentir «incómoda» al leer las especulaciones narradas en este libro ¿o piensas que siempre te puedes defender diciendo que es ficción o que es una novela?

    No renuncio a hacer un ensayo académico sobre la genealogía de Jesucristo, es más, creo que lo voy a hacer. No me preocupa que la Iglesia esté molesta porque en la novela no he pretendido, en ningún caso, hacer burla de unas ideas religiosas

     

    ¿La historia y genealogía de Jesús también lo podríamos considerar como ficción? La virginidad de María, la inexistencia de la Santísima Trinidad, Santiago el Mayor…

    Bueno la virginidad de María es un dogma de la Iglesia Católica que se puso en marcha no hace mucho.

     

    Claro, pero son cosas que a la Iglesia no le gusta escuchar.

    Evidentemente que a la Iglesia no le gusta escuchar estas cosas. Desde un planteamiento racional intento acercarme a la religión. No soy un gran religioso pero respeto todas las religiones mientras estas religiones respeten al ser humano, algunas no lo hacen. Yo creo que la mayoría tiene aspectos que no respetan al ser humano, pero yo he partido en esta novela de una idea fundamental que es la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento, y además la libertad de cátedra y ahí he trabajado, he leído, he releído una y otra vez los textos canónicos, los evangelios de los testamentos, los cuatro, los evangelios apócrifos, los textos gnósticos… y he llegado a esa conclusión desde el punto de vista del historiador porque me he acercado a los orígenes del cristianismo, a las relaciones familiares de Jesús, de su madre, de su padre putativo que era José, o de su padre real desde un punto de vista lógico. Yo, como ser humano lógico, racional y que cree en la ciencia, no creo que la Virgen María fuera embarazada directamente por el Espíritu Santo. Independientemente de mis creencias religiosas no creo en eso, entonces tenemos que buscar una explicación racional y ya sé que la fe está en contra de todo esto y que hubo gente el siglo XVI, como Galileo Galilei, que fue condenada por la Iglesia por decir que era la Tierra la que daba vueltas alrededor del Sol y cómo la Ciencia ha demostrado que muchos asertos del viejo y el nuevo testamento de la Iglesia medieval eran absolutamente erróneos.

     

    Y volviendo al tiempo, con todo lo que me dices que has leído y releído, que has estudiado, lo del robo del peregrino… aun partiendo de la base de que ya eres historiador, ¿cómo te ha dado tiempo a documentarte de todo esto, escribir y publicar el libro en menos de seis meses?

    (Risas) Bueno yo te digo lo que dijo Gil de Biedma cuando escribió, probablemente, su mejor poema, dijo que lo había escrito en una tarde y añadió «en una tarde… y cincuenta y cuatro años». Yo te digo lo mismo, he escrito esta novela en cinco meses y treinta y cuatro años que llevo de profesor de historia, desde entonces estoy trabajando todos los días en el mundo de la Historia. Tengo muchos artículos y trabajos publicados sobre este tema, no era nuevo para mí, tengo un poso histórico detrás que me ha facilitado escribir esta novela en ese tiempo record.

     

    ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste realmente incómodo?

    Bueno, yo me siento muy incómodo con las injusticias y cuando veo que en este país se cometen tantas injusticias cotidianas, y no digo una gran injusticia como puede ser una guerra o una acción militar contra un país desarmado, no, me refiero a las injusticias cotidianas. Cuando por ejemplo que una plaza en la Universidad se decida, por cinco personas de un tribunal, que hay que darla a alguien que no la merece, ahí me siento muy incómodo. Es una incomodidad personal, íntima, que no trasciende, pero me siento incómodo con las injusticias y las desigualdades y, por tanto, todos los días.

     

    Entrevista a José Luis Corral. El códice del peregrino¿Desde siempre has pensado así o hubo algún momento especial en que la encontraste o perdiste la fe?

    Yo estudié en un colegio religioso en Daroca y luego marché a Zaragoza a la Universidad por lo que yo recuerdo siempre el planteamiento de mi vida ante la vida a través de la razón. Quizá porque mi padre, que murió cuando yo tenía catorce años, me dio a leer un libro que ahora puede parecer alucinante para la gente de esa edad y era El origen de la desigualdad entre los hombres de Juan Jacobo Rousseau, uno de los grandes nacionalistas del siglo XVIII. Cuando leí aquel libro me quedé impactado y me dio la impresión de que había que abordar la vida a través de la razón y de la lógica y no desde la imposición. Por qué había que creer en una cosa fuera religión, fuera política, o fuera lo que fuera. Por qué había que creer a pies juntillas lo que Franco decía en aquellos tiempos, por qué había que tener en cuenta a aquel personajillo y creer en todo lo que decía. Había que creer en otras cosas y a través de la razón y a través de aquel libro que me dejó mi padre, llegué a la conclusión de que hay que ser razonable en esta vida y respetar a todos los demás, no imponer tu criterio, no imponer tu ideal, sino confrontar y debatir tu idea, y sobre todo, aplicar la razón y el diálogo. Yo no sé cuando dejé de creer o si alguna vez he creído pero desde luego defiendo el ateísmo, defiendo al ser humano por encima de todo porque creo que el gran descubrimiento del ser humano sobre el resto de los animales ha sido precisamente la razón.

     

    Y al hilo de la educación que tuviste ¿qué opinas sobre la educación en estos momentos?

    Está claro que en este país nunca hemos hecho demasiado hincapié en la educación. A principios del siglo XX se intentó la construcción libre de enseñanza pero llegó la Guerra Civil y el franquismo y aquello se acabó y, desde el punto de vista cultural, el franquismo creó una castración cultural del país de la cual todavía somos herederos. La Universidad es un claro ejemplo de cómo el franquismo sigue dando coletazos importantísimos en esta institución.

     

    ¿Qué es lo más absurdo que te ha preguntado un alumno?

    Un alumno de Historia, creo que era de segundo, me preguntó que para qué servía la Historia.

     

    Fina Grau

     

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