ENTREVISTA

  • Félix G. Modroño
    LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES
  • «Es una novela que, en mi caso, no hubiera podido escribir con veinte años»
  • Entrevista a Félix G. Modroño. La ciudad de los ojos grises

     

    Melancolía, congoja, nostalgia, tristeza…

    Uf!!

     

    ¿Es una novela gris?

    Sí que es una novela gris, siempre y cuando se tenga por novela gris todos esos matices que van entre el blanco y el negro. Es una novela llena de matices, no en vano a mí me encanta el retrato en blanco y negro, con toda su amplia gama de grises; y yo he querido emplear el término gris no solo para el título sino para toda la riqueza de matices sentimentales, criminales, climáticos, que contiene la novela. Es una novela, no sé si nostálgica, pero sí evocadora. He pretendido que tenga ese aire evocador que yo creo que al final todos tenemos dentro, sobre todo cuando vivimos tan deprisa y cuando tenemos ese afán por el progreso. Es una novela que yo creo que nos tendría que hacer parar un poquito en el tiempo y viajar a una época en la que no se iba tan deprisa. Al final hay una referencia a un restaurante, el Amparo, que dicen que fue el más famoso de Bilbao, dice que ellas, las dueñas, cocinaban con tiempo, temperatura y amor. Creo que eso lo tendríamos que trasladar a todos los órdenes, creo que viviríamos felices.

     

    Uno de los grandes protagonistas de la novela es la ciudad de Bilbao. ¿Cómo sientes, o cómo sufres, la transformación de Bilbao en particular, y de las ciudades en general?

    Todas las personas tienen algún momento crucial en su vida en el que tomar una decisión; ocurrió algo y a partir de ahí su vida cambió y podría haber sido otra distinta. Yo pienso que con las sociedades, con los países, con las ciudades, pasa un poco igual. Todas las ciudades tienen un momento en el que su historia cambió, que se transformaron, y casi todas coinciden en el tiempo; yo creo que el de Valencia fue cuando se tiraron las murallas y se amplió el Ensanche, cuando pierde ese aire antiguo para convertirse en la gran ciudad que es hoy; y el de Bilbao, que era una villa pequeñita de dieciocho mil habitantes, donde no se jugaba más partidos que los de pelota, donde la gente no vivía sobresaltada ni había trenes, ni teléfono, ni luz eléctrica, fue el descubrir hierro, pero no en el subsuelo, sino casi a ras de suelo, lo que provoca que se vea invadida por miles de personas desfavorecidas del norte de España que llegan buscando ya ni siquiera un modo de vida, sino simplemente comida, porque vivían en condiciones deplorables. Y todo ese crecimiento demográfico casi sin precedentes en la historia de España se ve reflejado en el crecimiento cultural, arquitectónico y demás ámbitos en la vida de Bilbao, por eso creo que aquella época marca Bilbao y la transforma brutalmente. Pienso además que todas las ciudades tienen su momento. ¿Es bueno lo que pasó? No sabemos; al final, ¿el sacrificio del progreso por el desenraizamiento de las ciudades es bueno? Pues no lo sé, pero ahí está, ahí están todos esos valores que se perdieron y que, pese a no haberlos conocido, en cierto modo los recordamos.

     

    Entrevista a Félix G. Modroño. La ciudad de los ojos grises¿Y ese proceso conlleva una pérdida de identidad? ¿Agonía?

    Claro, efectivamente. Es lo que estábamos comentando. La identidad tradicional que viene arrastrada durante siglos cambia. En algunos casos evoluciona, pero en otros, como en el caso de Bilbao, es un cambio brutal. Se pierde la esencia de lo que era la ciudad para convertirse en otra cosa. Es donde empieza la globalización. Yo soy muy crítico cuando voy por las ciudades y veo que todas las avenidas están hechas exactamente iguales; ves las mismas tiendas, ves a la gente vestida de la misma manera, y al final ves un poco la pérdida de identidad en todos nosotros.

     

    Hay también una historia de amor, yo diría que algo amarga.

    Como todas las buenas historias de amor. Yo creo que cuando una historia de amor es lineal, no pasa nada y los chicos se enamoran y viven felices y comieron perdices, no es novelesca.

     

    Precisamente a tu novela no le falta de nada: asesinatos, expósitos, cosas que no son lo que parecen. ¿Es complicado encajarlo todo?

    Yo creo que de mis tiempos de niño y de adolescente, cuando me encantaba hacer puzles de tres mil, cuatro mil y cinco mil piezas, acabo transmitiendo todo eso a las novelas. Al final es un puzle que hay que encajar. A mí me gusta que pasen muchas cosas, al margen de que me guste escribir de una manera o de otra, a mí no me gusta que en mi novela no pasen cosas. Precisamente en esta ocasión, y al margen de las novelas anteriores, no me interesaba tanto la investigación criminal, sino que me sirvo de esta investigación como excusa para contar otras cosas. Esta es una novela que trata sobre ciertos temas tabúes y ciertos convencionalismos sociales que no tenemos por qué tener asumidos, incluso me planteo en un momento determinado escribir una novela en la que huyamos de esas convenciones tradicionales de pareja que yo creo que están evolucionando y que pueden llevarnos hacia otro lugar. Yo soy muy tolerante, entiendo todo. Me pongo en la piel de la persona y pienso cómo ha actuado, tanto a nivel emocional como a nivel político, y esa tolerancia que yo tengo que procurar darle también a mis novelas creo que también las caracteriza. En esta ocasión no me interesaba sacarme un conejo de la chistera al final, sino que lo que pretendía era contar una historia de amor, no solo a una mujer, sino también a una ciudad.

     

    Entrevista a Félix G. Modroño. La ciudad de los ojos grisesMe ha sorprendido el baile temporal durante toda la novela, sin patrón aparente y con muy buen resultado.

    Sí, si te fijas, al principio había algo más de caos en los viajes temporales. La trama criminal se desarrolla linealmente a lo largo de las navidades de 1914, y en la trama sentimental es donde juego con flashbacks de atrás para adelante, pero además son flashbacks los cuales me atrevería a decir qué, en su mayoría, son secuenciales, progresivos. Yo creo que esta novela no hubiese podido afrontarla si fuera la primera que escribo.

     

    También tenemos nombres como Facundo, Indalecio, Sabino, Miguel ¿a tu juicio qué aportan a la novela estas apariciones?

    Son cameos de personajes históricos, pero si te fijas habrás visto que todos ellos tienen que ver con los personajes y con la historia, con la idiosincrasia y con el pensamiento de la novela. No los he hecho caprichosamente. Aportan, aparte de lo anecdótico, riqueza al estar metidos en la trama de la novela. Creo que la aparición, por ejemplo, de Unamuno y su pensamiento contradictorio, que también tiene que ver con el personaje principal, con muchas contradicciones también, con muchas dudas interiores, es buena. Yo también me parezco a ambos porque, ya te lo he dicho antes, soy una persona tolerante, que puede ponerse en la piel de una persona de izquierdas o en la de una de derechas, y los comprendo perfectamente. A lo mejor el no tener un pensamiento único tampoco es bueno, pero es mi caso. Yo cuando escribo creo que me llego a convertir en actor, porque durante toda la labor de documentación previa, que me lleva un año aproximadamente, no solo busco datos históricos, sino que también busco meterme en la mentalidad de la época sobre la que escribo y ser capaz de pensar como los personajes piensan en esa época. Eso me lo da el Dr. Jekyll y Mr. Hyde que llevo dentro.

     

    Entrevista a Félix G. Modroño. La ciudad de los ojos grises¿Qué precio has tenido que pagar para escribir esta novela? Y me estoy refiriendo a las tres últimas palabras de la solapa.

    Sí, sí. Es una novela que, en mi caso, no hubiera podido escribir con veinte años. Yo creo que para poder escribir una novela con tanto aporte emocional hay que haber vivido lo suficiente como para poder desnudarse. Es mi novela más personal, más emocional. Hay mucho de autobiográfico en ella, no diré que partes son, no lo diré jamás. Como curiosidad en mi obsesión de documentación; hay dos escenas de sexo: una que exigía el guión, y otra que era un reto, porque en una escena de sexo tienes que ver que no roce el mal gusto ni tampoco que sea muy pacata; pues bien, tengo un amigo que me dijo «la próxima vez que te documentes sobre eso avísame». (Risas). Por eso no diré si los arañazos han sido reales. Pero sobre todo, y hablando más en serio, el momento en que yo inicio esta novela coincide con el diagnóstico de una enfermedad terminal de mi madre que se la llevó muy joven, hace muy poquito tiempo, y yo creo que todas esas horas de la noche en las que uno se pone a reflexionar me ha servido como terapia, y esa rabia, esas emociones, esa furia, ese amor, yo creo que está reflejado en las páginas, y en ese sentido sí que es verdad que es una novela en la que he tenido que escarbar dentro del corazón. Al final creo que es una novela de amor y muerte, y son ese tipo de cosas que nosotros no nos atrevemos a compartir plenamente con los amigos. Creo que son los motores del ser humano; el amor y la muerte en el sentido de aferrarse a la vida.

     

    ¿Lloras también a solas?

    No lloraba. Es difícil que yo haya llorado, pero en los últimos meses he llorado más que en toda mi vida junta. Puedes perder a un ser cercano, a un ser querido, y te duele la ausencia, pero cuando pierdes a tu madre, ahí pierdes una parte de ti y, a partir de ese momento, te vuelves mucho más sensible. Me entran muchas ganas de llorar permanentemente, pero procuro hacerlo a solas.

     

     

                                                                                                                                       Juan Español / Fina Grau

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