ENTREVISTA

  • Raquel Martos
    LOS BESOS NO SE GASTAN
  • «Creo que la frivolidad es una manera de protegerte»
  • Entrevista a Raquel Martos. Los besos no se gastan

     

    ¿Tenías ganas de escribir tu primera novela en solitario?

    Sí. Más que ganas era un sueño que he tenido desde siempre. Pensaba que no me iban a dar la oportunidad, o que me llegaría siendo muy mayor, y ahora estoy en una semimadurez, pero sí, sí que ha sido cumplir un sueño.

     

    Porque de los libros que has escrito antes, como coautora, a este al cual te enfrentas tú sola, imagino que la cosa cambia.

    Claro, y libros como coautora además en un registro con el que yo trabajo habitualmente. Y cambiar a ficción, y absolutamente de registro, ha sido un reto. Pero me he sentido muy a gusto en esa piel. Si me dejan y me compran repetiré.

     

    ¿Cómo surge la idea de estructurar el libro de esa forma?

    Pues de una forma bastante intuitiva, porque no había intención. Yo sabía que quería contar la historia de la infancia y después pensé qué era lo que pasaba con las dos protagonistas, y tenía ya clara una estructura general. Contarlo en dos voces y en dos tiempos surgió con el folio en blanco. Me dije «voy a ver qué pasa», «voy a hacer un capítulo», y me sentí a gusto, me pareció que era una forma fácil de que se entendieran bien los dos momentos de las dos protagonistas.

     

    Los capítulos se dividen en dos clases de capítulos, y después cada capítulo va alternando las voces de las dos protagonistas.

    Sí. Hay alguno en el que sólo habla una, pero es verdad que en la mayoría de los capítulos, casi todos, está la misma historia contada por Eva y por Lucía, y me gusta porque aparecen coincidencias entre las dos, toda esa complicidad que tienen, pero también las diferencias. Vas viendo cómo vive cada una, lo que va sucediendo en la infancia también.

     

    ¿Cuándo empezaste a escribir la novela? ¿Y por qué?

    Empecé a escribirla hace un año aproximadamente, pero el por qué vino mucho antes, en una conversación que tuve con la que después resultó ser mi editora. En esa conversación surgió una historia. Estábamos hablando de muchas cosas y apareció una historia. Al día siguiente me llamó y me dijo: «yo quiero que la cuentes»; dije: «estás loca», porque además estaba empezando un libro de humor, el que escribí con Laura Llopis, y me daba mucho miedo. Y lo fuimos dejando ahí y me dijo «tranquila, cuando tú quieras». Me lo pensé mucho porque tiendo a agobiarme con las cosas y a sufrir antes de tiempo, pero también acabo tirándome a la piscina, y supe que era un tren que tenía que coger, y cuando llegó el momento nos pusimos de acuerdo y lo cogí, pero solo había una historia de base, que era la historia de dos niñas, de la infancia, y luego me tuve que inventar todo lo demás, que es ficción.

     

    Por lo que dices, esto te venía de antes.

    Claro, la verdad es que yo siempre he escrito, creo recordar que desde los ocho años me metía en la habitación y me ponía a escribir mis cositas cursis, y luego en la facultad, en las crónicas, me decían que las literaturizaba mucho, que tenía que ir al grano. Siempre he tenido ganas. He hecho algún relato corto; hace poco participé en un libro de Ana Milán con un relato corto, pero un relato corto y una novela no es lo mismo. Un relato corto lo puedes dejar ahí, es como un corto, pero la novela no se te puede caer por ningún sitio, que era lo que más miedo me daba.

     

    La novela tiene algo de cinematográfico. Por cómo está estructurada…

    Eso me dicen, que tiene un tono de guión. Quizás también es un poco de deformación profesional. Trabajar como guionista te ayuda a podar. Trabajar en la radio también te ayuda a eso, siempre te dicen «corta, corta, corta, no hay tiempo, ve al grano», y por otra parte el ejercicio diario como guionista creo que sí me ha ayudado. Ojalá fuera una película, me encantaría.

     

    Chicas y más chicas. ¿Hubieses sido capaz de escribir esta historia desde la perspectiva de un hombre?

    Pues mira, quizás ese es un reto para el futuro, porque es fácil escribir desde el alma de una mujer cuando tienes alma de mujer, sin embargo creo que los hombres son muy importantes en esta novela aunque no sean protagonistas; aunque aparezcan en un segundo plano son muy importantes en las vidas de ellas, y no hablo solo de las parejas; también están los padres, los hermanos. Me gustaría mucho aventurarme a escribir desde el alma de un hombre. Por ejemplo Glattauer, que ha escrito una historia entre hombre y mujer. A veces me gustaría hablar con él y preguntarle si la parte de la mujer se la ha escrito su mujer, porque se pone muy bien en la piel de ella en Contra el viento del norte. A mí me encantaría saber hacerlo. Igual algún día me atrevo.

     

    Si has tenido tiempo para escribir éste, ¿Por qué no vas a tener tiempo para otro?

    Sí, y no sé de donde lo he sacado.

     

    Entrevista a Raquel Martos. Los besos no se gastan¿Conoces algún hombre que se preocupe tanto de los problemas que le rodean como las protagonistas de tu novela?

    Es que los hombres en general os preocupáis poco por los problemas que os rodean. Digo en general y no es una crítica. Yo a veces lo envidio. Nosotras tenemos una capacidad para preocuparnos de los problemas de los que tenemos cerca, lejos, de los que conocemos un día en una estación de tren, o en el baño de una discoteca, que, en cierto modo nos jode la vida. En el caso de Eva y Lucía, creo que es muy importante esa forma que tienen de preocuparse y cuidarse la una a la otra, pero creo que sí que es un rasgo femenino.

     

    Yo sigo pensando que somos razas distintas.

    Yo también. Creo que vosotros tendéis mucho a proteger, y nosotras tendemos mucho a cuidar; y vosotros además, y eso no lo digo yo sino que lo dicen los neurocientíficos, tenéis el pensamiento más compartimentado, podéis cerrar un cajón y abrir otro. Nosotras pensamos en pirámide, y si estamos mal por el amor por ejemplo, ese día estamos mal en el trabajo, nos vemos feas.

     

    Pero también podéis llegar a ser más «operativas» en una situación así.

    A ver, cuando estáis enamorados profundamente yo creo que os perdéis más, quizás porque no estéis acostumbrados a sufrir. Nosotras sufrimos un día de cada veintiocho un suplicio. Sufrimos desde que somos muy pequeñas: nos enamoramos pronto, nos sentimos abandonadas; sufrimos tanto con la relación con nuestra madre, con nuestra hermana. Quizá cuando llega ese momento nosotras somos más radicales, y cuando decimos «se acabó», como María Jiménez, se acabó. Pero también nos cuesta mucho. A nosotras nos han enseñado a disimular mientras que a vosotros os sale de forma más natural. No os dais cuenta de cosas que nosotras sí. A mí me encantaría ser así, pero nos han dibujado mal.

     

    ¿Por qué las mujeres son tan complicadas?

    Yo creo que hay varios factores. Uno es la educación sentimental que vamos recibiendo. También hay un rasgo biológico. Las hormonas no sabes lo que es. Es una maldición divina que nos cambia tanto el estado de ánimo, que es tan real lo que tú sientes, que aunque sepas que tiene que ver con las hormonas da igual. Quieres morirte. Eso hace que quizá cambiemos mucho de estado de ánimo y a vosotros os despiste también mucho nuestras oscilaciones. A nosotras también nos despista.

     

    Por eso cerramos cajones.

    Claro. Y por otra parte, a lo mejor es que es una garantía de supervivencia para el ser humano que vosotros seáis... no me gusta decir simples, pero más pragmáticos, o menos enrevesados, y que nosotras seamos más complejas. Pero al final cuando nos unimos yo creo que nos complementamos, y que nuestra complejidad nos ayuda a conseguir una serie de cosas, y que a nosotras vuestra capacidad para despejar las dudas con tanta…simpleza (sonríe), nos va bien.

     

    ¿Y por qué tan frívolas?

    ¿Tú crees?

     

    Es lo que se dice en el libro.

    Claro, pero ¿en qué contexto? Yo creo que somos frívolas un diez por ciento. A ver, sinceramente, creo que la frivolidad es una manera de protegerte, y también de jugar. Nos tomamos todo muy en serio, y necesitamos también relativizar las cosas. Entonces cuando somos frívolas, yo creo que sentimos que dominamos la situación; somos capaces de no darle profundidad a todo. Es una licencia que nos permitimos.

     

    ¿Como hace el hombre?

    Claro, ¿y cuánto tiempo lo hacemos? Primero todas las mujeres no son iguales. Segundo todos los hombres tampoco lo son. Hay rasgos genéricos pero luego cada ser humano es un mundo, y además el propio ser humano va cambiando a lo largo de la vida y se va transformando. Pero sí creo que en general hay mujeres que son en un noventa por ciento más frívolas, y que hay otras que se guardan un diez por ciento, aunque sea profunda, seria, emocional. Es una garantía de supervivencia. También tienes que ponerte el gloss y echarte tres risas, tomarte un Gin-Tonic con una amiga y decir «¡que los maten a todos!». Necesitas esa vía de escape.

     

    Entrevista a Raquel Martos. Los besos no se gastan¿Eva o Lucía? ¿Con quién te sientes más identificada?

    En la infancia con Eva por rasgos del carácter, porque yo era una niña más tímida, más vulnerable; necesitaba de la protección de los demás. Y con la madurez, en algunas cosas, más Lucía, porque también aprendes a luchar, y también por ese escepticismo que tiene Lucía, ese cinismo, por todo lo que ha vivido, a veces lo tienes. Pero en el fondo Lucía es muy buena tía. Yo también lo soy (sonríe). Es decir, que quieres ser más dura de lo que en realidad eres, y que aparentemente es muy «echá pa lante». A mí me dicen que soy así, y yo soy timidísima. Yo piso fuerte, sí, pero piso fuerte para que no me pisen, porque soy muy vulnerable. Y Lucía, al final demuestra que también lo es.

     

    ¿Las mujeres se cuentas las arrugas?

    ¿Unas a otras? ¿O las propias?

     

    Unas a otras y las propias.

    Nos lo contamos todo. Y las nuestras nos las contamos mucho porque entre otras cosas recibimos bastante presión. De alguna manera, a las mujeres es como si nos culparan del paso del tiempo. Se perdona mucho más el paso del tiempo en el hombre, y sin embargo a mí me gustan mucho los hombres a los que les gustan las mujeres mayores, y me gustan, no por la parte que me toca, sino porque demuestra inteligencia, y lo digo porque valoran la experiencia y el erotismo de la experiencia. No solo «cómo te admiro», sino también «cómo me pone que tú sepas». Yo creo que eso está muy bien.

     

    ¿Cambiarías tus típicos rizos para cambiar tu actitud?

    Lo he hecho a veces. Lo hago mucho en el programa. En los musicales, cuando me disfrazan de algo enseguida me pido peluca. Y a veces, fíjate lo he pensado. Mis rizos son a veces una esclavitud, porque la gente que te conoce y que te ha conocido siempre así te dice: «ni se te ocurra». Entonces hay veces que te gustaría rebelarte y cortarte el pelo. Pero no lo hago, y lo tengo en mente, y algún día lo haré. Lo pienso mucho, y me hace mucha gracia que me hagas esta pregunta. Sé por qué, y aparece en la novela, que a las mujeres el cambio del pelo nos cambia la actitud. También la ropa, el sentirte guapa o fea.

     

    Sí, lo de la ropa es algo sabido.

    Sí. Nos cambia tanto la actitud el tacón o el no tacón. Te cambia la forma de andar, de moverte, de dirigirte a los demás. Es la seguridad, que te cambia mucho. Y luego lo del pelo es también disfrazarte. Las protagonistas lo dicen, que a veces te sientes muy cómoda viviendo otras vidas que no son la tuya, porque la tuya a veces no sabes gestionarla bien. Yo soy, como casi todos somos, una estupenda consejera que no sabe aplicarse jamás sus consejos. Escribir también es disfrazarte, y cuando escribes la vida de otros te sientes mucho más libre.

     

    ¿Qué no se le ha gastado nunca a Raquel? Además de los besos.

    No se me ha gastado el sentido del humor, ni se me ha gastado la confianza en la buena gente aún arrepintiéndome, porque también confío en la que no lo es. Creo que no he madurado. Hay gente que me conoce y me dice que aún no he aprendido cómo funciona el mundo. Y puede ser, pero a veces pienso «¿para qué?» si yo soy feliz así, aunque sufra desengaños.

     

    ¿Cómo es trabajar con tu actual jefe? ¿De qué manera ha influido a la hora de dedicarte a escribir?

    A la hora de dedicarme a escribir mucho, porque yo escribía en la radio como redactora que era, y luego él me llevó por el camino del guión. Después, por los primeros libros que hemos hecho en equipo, desde la radio a la tele. Después el libro con Laura. Sin duda ahí Pablo ha tenido mucho que ver. Sobre todo, vale que yo siempre he querido escribir, pero aparte, trabajar en un programa de éxito hace que una editorial confíe en ti, sin duda, y yo por ello soy muy afortunada. Pablo me ha hecho ver que era posible. Y trabajar con él es intenso, agotador, un continuo aprendizaje y un continuo reto. Yo, si me aburro me desinflo y doy lo peor de mí. Con Pablo es imposible aburrirte.

     

    El beso que nunca has dado.

    Jo. Ésta es difícil. El beso que nunca he dado es el beso a alguien que no quisiera de algún modo. No digo amar o estar enamorada.

     

    ¿Y aquél del que te arrepentiste nada más darlo?

    De ninguno. Todos los que he dado tenían sentido en ese momento, y los volvería a dar.

     

    Fina Grau / Juan Español

     

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