ENTREVISTA

  • Esther Tusquets
    PEQUEÑOS DELITOS ABOMINABLES
  • «No creo que este libro sea necesario, pero pensé que podría ser útil...»
  • Barcelonesa, estudió en el Colegio Alemán y Filosofía y letras en las Universidades de Barcelona y Madrid. Dio clases de literatura e historia durante varios años y en la década de los sesenta se hizo cargo de la dirección de la editorial Lumen. Esther Tusquets desarrolló su carrera literaria, como escritora, relativamente tarde. Hasta 1978 no apareció su primera novela, El mismo mar de todos los veranos. Red De Tres ha tenido el privilegio de compartir parte de una mañana con ella. Nos ha hablado de su libro Pequeños delitos abominables, un catálogo cargado de ironía y humor sobre cuestiones cotidianas relacionadas con la mala educación.

     

    Entrevista a Esther Tusquets. Pequeños delitos abominables

    «No creo que este libro sea necesario, pero pensé que podría ser útil, que podría servir. Hay muy poco escrito sobre esto y quizás haya venido a llenar un vacío. La ausencia de las buenas maneras, la presencia de estos delitos, los percibo igual que tú, lo que sucede es que yo los he escrito, pero los percibo de igual manera. Quizás haya gente menos sensible pero si le das vueltas a las cosas que te han ido pasando, a las cosas que te ocurren y a las que te cuentan, pues te encuentras con esto que es este manuscrito. Cuando el editor me propuso hacerlo, ya tenía material recogido y fui escogiendo aquello que más me interesaba, pero sin un orden, previo»


    ¿Hasta qué punto se están perdiendo los mínimos de ese saber estar, de esas buenas maneras por causa de la falta de relación social? ¿La juventud se relaciona cada vez menos a causa de las nuevas tecnologías? ¿Influye esta «asocialización» que vivimos hoy en día?

    Sí, seguro que es la causa principal. Pero en este caso no veo tan claro que la juventud sea tan maleducada, a mí no me lo parece. Es un concepto más global. Cuando decimos esto de los jóvenes de hoy, en los viejos cuenta mucho la envidia, la envida que dan cuando salen los sábados por la noche,  jóvenes, delgados, besuqueándose (risas), pienso, ¡qué suerte tienen!. Cuando nos quejamos que el bar de la esquina cierra una hora más tarde de la que hay que cerrar, en el fondo, lo que hay es un poco de envidia.


    ¿Cómo ve usted a los que afirman que esa pérdida de las buenas maneras está muy relacionada con la espontaneidad y la naturalidad?

    Gente espontánea ha habido y habrá siempre. Había gente espontánea en el siglo XIX que decía lo primero que se le ocurría, lo primero que pensaba, pero ahora esa espontaneidad es relativa, porque, por ejemplo, cuando vas a ver el estreno de una película, o vas a la inauguración de una exposición, todos mentimos. Yo miento pero procuro mentir lo mínimo, pero esas otras perspectivas se siguen manteniendo igual.


    Se pone usted el reto de probar a ser mentirosa, ser impuntual y salir a la calle sin dinero, ¿forzar esos hábitos de conducta que no son los normales en su forma de actuar cuesta más trabajo que hacerlo al revés?

    A mí me costó mucho, es muy difícil no ser puntual cuando se es puntual. Todo lo que sea contrario a lo que profundamente eres, es difícil.


    Entrevista a Esther Tusquets. Pequeños delitos abominables¿Y justifica esa postura cuando es al revés, cuando las personas no son puntuales, por ejemplo?

    Es que estás citando casos de delitos muy leves. Es como la persona que no lleva dinero nunca, que lleva un billete de cien euros que no puede cambiar nunca y te pasas la vida pagándole cosas, un día decides que tú tampoco llevas dinero. Uno de los delitos que más me molestan es el de los amigos que se esfuerzan en demostrar que no son incondicionales. Te ha hecho una jugada descomunal, y todo el mundo ve que el otro no tiene ninguna razón. Tú, de los amigos, lo único que esperas es que te den un abrazo y te digan, ¡parece mentira, que canallas son, que te hagan esto! y tal. Pero de pronto ves que te dicen, sí, es cierto, pero tienes que tener en cuenta las cosas que haces tú, o sí, habrá algunas cosas que no cuentan y que habrán influido…yo quiero amigos a vida o muerte, que te disculpen todo y que te den siempre la razón aunque no la tengas toda.


    ¿Ha sido conductora?

    Sí.


    Entonces ha sufrido en sus carnes tanto lo que es la falta de educación como conductora como cuando ha utilizado el servicio de los taxistas, un gremio que sale bastante mal parado en su libro. De todas estas anécdotas con taxistas, ¿son más numerosas las que usted ha vivido o las que ha recogido de otras experiencias?

    Todo el mundo se queja de los taxistas siempre. Respecto de los taxistas y los médicos hay unanimidad en las quejas. Las faltas de los taxistas son muy obvias, saludas y no te contestan, van con el volumen de la radio muy alto, también la que les comunica entre ellos, y oyes conversaciones con un compañero que a veces son muy cómicas, como en las películas, «digo y paso», «apuntado, o tomado», no sé qué lenguaje, y luego dicen pues vamos a tomar un café (risas). Y luego tienen las mismas cadenas de radio, esas que a ti te dan cien patadas.


    También a veces son expertos en dar una conversación que nadie ha demandado

    Sí, es que a veces dan opiniones que son ofensivas. Hace poco iba en un taxi, cuando estaba la polémica de los toros, y el taxista me dio un discurso delirante, que bueno, decía en pocas palabras que la gente que iba a los toros habría que cortarles la cabeza, que los que los defendían, él lo había visto en un reportaje, luego torturaba a los niños, unas cosas increíbles y todo eso a las ocho de la mañana.


    Entrevista a Esther Tusquets. Pequeños delitos abominablesMuchos afirman que la narrativa de esta autora mantiene un equilibrio entre la temática supuestamente femenina y un estilo fresco e innovador, a la vez de significarse en ocasiones con el uso de un lenguaje barroco.

    Me gusta mucho más el trabajo como escritor que como editor, aunque mis largos años como editora en Lumen fueron una suerte enorme, fue una gran experiencia y estuvo muy bien pero me gusta más el trabajo de escritor. Es una más de mis contradicciones. Otra, por ejemplo, es que también me parece correcto que cada uno pague lo suyo cuando se está consumiendo en algún lugar, pero cuando hay en una mesa cinco hombres y una mujer, me gusta que alguno de ellos le diga, yo te invito, es una debilidad. Hay veces en las que no somos coherentes. Es halagador que te protejan, que te mimen, a mí me gusta.


    Sus libros anteriores se basan en sus memorias. Está usted preparando uno, para dentro de poco, que también habla de sus experiencias personales.

    Pero será el último. Y lo hago porque lo estoy escribiendo con mi hermano, y eso me divierte mucho, porque yo lo cuento todo y mi hermano no cuenta nada, o muy poco, y recordar juntos, sobre todo cosas de la infancia, porque serán cosas de esa infancia pero con muchos casos del presente o cosas intermedias, hablando de lo que sea, de lo que está pasando ahora, y mostrará una visión distinta de los dos en unas circunstancias iguales. Cosas concretísimas, como por ejemplo, que después de la guerra comíamos pan negro y comida de racionamiento, y yo nunca comí pan negro, y la comida de racionamiento en casa nunca se comió. Yo no lo recuerdo y mi hermano dice que sí. No es ni bueno ni malo haber comido pan negro, pero yo no lo recuerdo en sí. Hay muchos profesores del colegio, algunos a los que él odia ferozmente y sin embargo yo los amaba profundamente. Va a ser un libro de una sinceridad inusual. Espero que no haya gente que se enfade luego.

     

    Beatriz Llamas


    .VOLVER A ENTREVISTAS -> -> ->.

  • Volver