ENTREVISTA

  • Inocencio Arias
    LOS PRESIDENTES Y LA DIPLOMACIA
  • «Con Zapatero ha habido un enfoque equivocado de lo que era España y de la forma de conseguir nuestros objetivos»
  • Entrevista a Inocencio Arias. Los presidentes y la diplomacia

     

    Ya jubilado, ¿sigue acudiendo a cócteles?

    Trato de evitarlos. A los menos posibles. Yo tuve un embajador que decía que el cóctel era lo más cercano al purgatorio, y yo comulgo con esa idea.

     

    Durante todo el tiempo que ha trabajado, ¿hemos presenciado una evolución, o una involución de la clase política española?

    En la consideración pública, ha crecido el desprestigio. La clase política española está ahora más desprestigiada que en la época de Suárez o Felipe González, la primera época de la transición. Hay un negro hastío de la población y una percepción de que los partidos son demasiado partidistas, y luego que los casos de corrupción son más frecuentes de lo que esperaba. Esas dos cosas, la polarización del partidismo de un lado, y la corrupción de otro, han contaminado a la clase política. A la percepción que el ciudadano tiene de la clase política.

     

    ¿Fueron, son, los presidentes de la España democrática, hombres de Estado?

    Bueno, sí. Quizá el que menos Zapatero. Los otros tenían las ideas claras y bastante sentido del Estado. Yo diría que sí. Unos han tenido más tiempo para desarrollar sus ideas, como Felipe González o Aznar; otros menos, como Calvo Sotelo o Suárez. Y Zapatero, que ha tenido tiempo, era el más débil diría yo intelectualmente y menos preparado.

     

    Cita usted en una parte de su libro a Milton Friedman

    Un columnista conocidísimo.

     

    Sí. Por eso a mí me resulta inevitable no relacionar sus teorías económicas con la situación que vive España actualmente. Teniendo esto en cuenta, ¿durante cuánto tiempo seguiremos poseyendo soberanía nacional? ¿A qué precio se paga?

    Claro, en una economía globalizada como la actual, teniendo el corsé del euro, la soberanía ya no es total. Tampoco estamos funcionando al dictado. Hay bastante autonomía, pero la soberanía, total, ya no es.

     

    En base a eso, ¿Con cuanto margen de maniobra contamos?

    Por ahora bastante, pero si la cosa empeora, irá a menos. El margen de soberanía se reducirá, qué duda cabe. Pero por ahora bastante.

     

    Ahora que el Peñón vuelve, una vez más, a estar de actualidad, además por un problema de aguas territoriales que no debería de existir…

    No debería de existir, exacto.

     

    Entrevista a Inocencio Arias. Los presidentes y la diplomaciaPorque jurídicamente no es tal, le pregunto: después de más de trescientos años que los ingleses tomaron el Peñón ¿Hay solución? ¿Se vislumbra solución?

    A corto plazo no. No se vislumbra una solución porque los ingleses, el gobierno de Gran Bretaña, ha encontrado esa solución cómoda de decir que él está dispuesto a llegar a un acuerdo con España pero, respetando «los deseos» de los gibraltareños. Nuestra postura es que vamos a respetar «los intereses» de los gibraltareños. No nos importa que sigan siendo británicos in saecula saeculorum. Pero a corto plazo, los ingleses, no creo yo que vayan a dar su brazo a torcer y admitir que, respetando los intereses de los gibraltareños, deberíamos abonar una solución dos países que son amigos y aliados. Yo, a corto plazo, veo un mantenimiento de la situación como está. A medio o largo plazo veremos, mas en este momento contamos, por una coyuntura favorable internacional, con los modos de presionar a los británicos para que les digan a los gibraltareños: «ustedes no van a perder ninguno de sus privilegios, pero, la soberanía va a ser española», o al menos momentáneamente, va a ser compartida.

     

    Momentáneamente.

    Momentáneamente.

     

    Además, el término deseo, jurídicamente no significa nada.

    Claro. España ha sido generosa ofreciendo respetar toda su condición británica, de todos sus habitantes y sus descendientes. Pero la existencia de una colonia, en pleno S.XXI, en Europa, es un poco anacrónica.

     

    Quedan Sahara, Malvinas, Gibraltar, y poco más.

     Poco más, exactamente, poco más.

     

    ¿Es España temeraria en política exterior? Estoy pensando en África: en Marruecos, en Guinea Ecuatorial. Porque si nos fijamos en otros países vecinos, como Francia, en la política exterior en África con excolonias sigue existiendo un fuerte vínculo, principalmente a nivel económico, además de muy respetuoso.

    Sí, es verdad. Sobre todo un entramado de intereses económicos brutal. Pero nosotros es que en realidad colonia sólo teníamos Guinea, porque cuando surgió la nación marroquí, nuestro entramado de intereses en Marruecos era muy reducido; aunque ahora es mayor que antes, por aquel entonces era muy reducido. Pero en Guinea, un país muy pequeño, que tampoco era el paraíso para la inversión, España ha perdido la baza petrolífera. España se retiró por dos motivos: razones políticas por un lado y, por otro, que no había encontrado petróleo en un primer momento. Y ahora Guinea vive de eso, y es un emporio, por así decirlo, y sin que la población se entere. Pero la situación de Francia y su colonia, es muy diferente a la española. España verdaderamente no tenía colonia en África.

     

    Al leer uno la quinta y última parte de su libro no sabe si reír o llorar.

    Es verdad, hay momentos que son patéticos.

     

    Cierto, usted habla de una conversión, en un cóctel, que mantuvo con el anterior presidente en la que le dice «Bush va a perder las elecciones, que yo me he enterado». Una persona como usted, que ha dedicado su vida a la diplomacia ¿qué piensa al escuchar esa frase?

     A mí se me cayó el personaje en esa primera entrevista. Primero ¿cómo podía él saber que Bush iba a perder, cuando era totalmente incierto? Y que al final ganó; y por otra parte ¿cómo se atreve a decirme eso a mí sin conocerme? Me estaba expresando un deseo. Yo podría, después de esto, haber dicho por ahí: «este hombre está deseando que Bush pierda, además dice que va a perder seguro». Demostraba ignorancia, y un deseo, y un voluntarismo un poco infantil. Si yo fuera su amigo, aún podría haberme dicho algo parecido, aún siendo temerario. Pero no nos conocíamos de nada. Yo me callé, pero fue una decepción.

     

    Entrevista a Inocencio Arias. Los presidentes y la diplomaciaEn otra parte del libro también dice que el anterior presidente no solía coger un libro ¿Esto es sintomático de nuestro tiempo, un presidente que no suela leer? Porque que un presidente no suela leer no debería de ser normal.

    Sí. Parece que es muy poco lector. Era el menos preparado de todos. No estaba leído ni placeado.

     

    Hay más cosas: El cambio del temario para ingresar en la carrera diplomática…

    Penoso.

     

    La señora Aído…

    La señora Aído se ha ido a un organismo de Naciones Unidas en el que hemos sido durante dos años los máximos benefactores. El país de la presidenta, que es la señora Bachelet, dona a ese organismo una cantidad ridícula, Francia no llega a cien mil dólares, Finlandia, que era la máxima donante, le da algo así como catorce millones de dólares, y nosotros le dimos más de veinte millones.

     

    ¿Había que comprar el puesto?

    Es que fue antes incluso de que fuera ella, es que es totalmente ridículo, haya ido o no haya ido. ¿Cómo España se puede permitir en la época en que estamos, ser el máximo donante a ese organismo, por bueno que sea el organismo? Donar más que Alemania, que Francia, que Canadá…

     

    ¿Es posible arreglar este estropicio?

    Con Zapatero ha habido un enfoque equivocado de lo que era España y de la forma de conseguir nuestros objetivos, es decir ha habido un voluntarismo galopante y enfermizo que es propio de una personalidad como la suya; en su gobierno había personas sensatas, pero el voluntarismo suyo y el adanismo ha impregnado y ha permeado a todo su gabinete y toda la acción del gobierno. El ensimismamiento que tenía con Obama, por ejemplo, que incluso transmitió a los miembros del gobierno, es algo totalmente infantil y ridículo; el pensar que él y Obama iban a cambiar el mundo era no percatarse de que él no estaba a la altura de Obama, y por otra parte, que aunque él y Obama se llevasen fantásticamente bien -se llevaron bien sin más, no se conocieron-, ¿cómo iban a cambiar el mundo entre los dos? Era todo una ensoñación, una cursilería. Hasta Rubalcaba, que tonto no es, pensaba que Obama tendría a España como el primer país a visitar. Dado que Rubalcaba no es tonto y lleva tiempo en el gobierno, tuvo que ser el presidente el que le dijo algo así como «hemos tenido una compenetración absolutamente sorprendente, planetaria».

     

    Dígame un país que le haya sorprendido.

    China, Singapur. Desde un punto de vista de cambio, de contraste. Desde ese punto de vista. Porque Estados Unidos es muy impactante pero, lo que uno va a ver más o menos se lo espera. Uno se enriquece viéndolo pero más o menos se lo espera. Pero ese salto que ha dado China, la voracidad y el pundonor con el que quieren colocarse a la cabeza del mundo en paridad con Estados Unidos es muy impactante. China es un país muy impresionante. Yo estuve hace veinticinco años y se veía que aquello iba a despegar; pero la segunda vez que estuve hace dos años, fue increíble ver el salto que ha dado, y el interés que ponen ellos en colocarse a la cabeza.

     

    ¿Y un país al que le hubiese gustado ir destinado?

    China. A cualquier país de Oriente, pero fundamentalmente a China. Porque uno de los lunares de mi carrera es que yo no he hecho Oriente. He estado en Iberoamérica, he estado en el mundo árabe, he estado en Europa, he estado en Estados Unidos, pero no he hecho Oriente. Así que me hubiese gustado hacer Oriente, y puestos a hacer Oriente, China. Si no hubiese podido hacer China, pues Japón, o Indonesia, otro país interesante y con gran futuro. Pero a mí China me hubiese encantado. De embajador o de cónsul, me da igual.

     

    Frente a la homogenización a la que tendemos ¿Aún quedan contrastes?

    Enormes. En un país de mil trescientos millones de habitantes, que aún está saliendo del subdesarrollo, aún quedan enormes contrastes. Pero uno se da cuenta que es un sistema político sui generis, con un férreo control político, pero con una política económica completamente capitalista, aparte de una cultura milenaria. Es muy fascinante China. Vamos, que si yo fuese joven, aprendería chino. Ya de mayor no, pero de joven me pondría seriamente a estudiar chino. Me daría igual estar allí de periodista, de diplomático, o de representante de un banco. Si yo tuviera treinta y cuatro años y me voy a China, sabiendo que voy a estar allí tres o cuatro años, me pondría a estudiar, seriamente, dos horas al día de chino. Un joven que vaya allí, vería una sociedad fascinante.

     

    Los adjetivos que se le ocurran al pensar en su periplo vital.

    Suertudo, interesante y trabajoso y agradable.

     

    Pues ya está.

    Pues un placer, hombre.

     

     

                                                                                                       Juan Español

     

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