ENTREVISTA

  • Juan Jacinto Muñoz
    EL ASESINO HIPOCONDRÍACO
  • Todos llevamos un asesino dentro en caso de necesidad, pero son tiempos hipocondríacos, ¡la verdad!
  • Entrevista a Juan Jacinto Muñoz. El asesino hipocondríaco

     

    Primera pregunta y casi obligada ¿de dónde sale esta idea tan extraña para tu primera novela?
    Sale de la intención, por mi parte, de hacer una novela en primera persona donde el personaje fuera lo central, quien lo cuenta y la voz de quien te lo está contando debe de ser más importante que lo que te está contando, que la propia historia. Tenía ganas de hacer algo así y necesitaba un personaje singular. Dándole vueltas a lo que se había y no se había hecho encontré esta idea que pienso que se sale un poco de lo normal porque tenemos a un tipo muy contradictorio. Es asesino por un lado y por lo tanto cruel, amoral y despiadado, se supone, y por otro lado es hipersensible, delicado y melindroso, y como él dice con una moral kantiana. Son polos muy incompatibles. Era la idea que estaba buscando, algo que no se hubiera hecho, en la línea de El guardián entre el centeno de Salinger que se apoya en ese narrador, adolescente de quince años que nos cuenta la historia. En esa línea también estaba American psicho, este es un psicópata en primera persona, asesinatos muy sangrientos y era otra cosa. Al final me salió un asesino inoperativo, un asesino que al final cae bien porque de asesino tiene poco.

     

    Alternas la historia del señor Y con otras desternillantes sobre grandes autores como Poe, Byron, Dickens o Dumas ¿esto ya estaba preparado o surge durante la escritura de la novela?

    Surge poco a poco, lo primero fue el personaje que lo tenía muy claro. La idea era que el personaje fuera creciendo más que la trama. La trama negra que hay de fondo, él tiene que matar a una persona y solo le queda un día para hacerlo, queda resuelto al final de la novela, eso es lineal, lo que me interesaba es que fuera creciendo y en este crecer del personaje fui construyéndole en círculos concéntricos, como capas, fui hablando de todas sus enfermedades imaginarias, el origen de esas enfermedades… y en este contar anécdotas nos iba contando anécdotas de otros hipocondríacos. Pero realmente lo que le ha ocurrido, como es un personaje muy solitario que no tiene familia y está en un país que no es el suyo, es que mientras busca enfermedades y se convierte en obsesivo de su propia salud, se va encontrando con gente como él, hipocondríacos, y los va convirtiendo en amigos imaginarios. Lo que va ocurriendo en la novela es que cada vez vas conociendo más al señor Y por lo que él te cuenta de otros que por la propia historia. Cuando empieza a salir Descartes y todos los demás que van apareciendo, en el fondo él está hablando de sí mismo, está comparando, hay un paralelismo. Eso me lo iba dando él, el propio protagonista demandaba crecer y yo le fui metiendo esas otras líneas paralelas.

     

    ¿Y has tenido que estudiar medicina para escribir el libro?

    (Risas) he tenido que documentarte mucho. La parte médica es la que menos controlaba. He tenido que leer muchísimo y empollarme enfermedades raras, sobre todo, que es lo que me interesaba para que el libro fuera curioso y la personalidad más extraña. He tenido que leer todo tipo de síntomas, de términos, de descripciones e incluso de explicaciones etimológicas o mitológicas, de dónde viene esta palabra o el mito de Proteus.

     

    ¿Existen todos esos síndromes, como el del gatillo o el del acento extranjero?

    Claro que existe, (risas) y el síndrome del espasmo profesional también existe, lo que pasa es que él se inventa el de apretar el gatillo, eso no existe, claro y si existe no lo vamos a saber. Todas las enfermedades son reales, esa era la gracia, el tener que investigarlas y plantear algo inverosímil pero en una novela de ficción que el lector no sepa si eso es real, lo compruebe y se sorprenda.

     

    Entrevista a Juan Jacinto Muñoz. El asesino hipocondríaco

    Yo empecé a mirarlos pero me cansé pronto

    Todas son reales menos las del final porque él está delirando del todo. Son las dos finales que él mismo te dice «sin clasificar».

     

    Y precisamente por toda esa parte de documentación ¿cuánto te ha costado escribir esta novela?

    La escritura y la documentación, más o menos dos años y luego la corrección, dándole vueltas y ajustando cosas, medio año más.

     

    Eres doctorado en filosofía y de repente te pones a escribir, ¿cómo es esta evolución en tu vida laboral?

    De repente no. Es lo que pasa con todos los escritores, que hay una parte más visible de su trayectoria que tiene que ver cuando el escritor empieza a publicar y más en editoriales más fuertes. Mi primera novela real la escribí a los dieciocho años y desde entonces no he parado nunca de escribir. Tengo un montón de novelas en el cajón aunque esta sea la primera publicada. Cuando empiezo la carrera de filosofía ya escribía, cuando la acabo y comienzo a ejercer de profesor de filosofía, sigo escribiendo, cuando veo que me resulta incompatible y quiero salir, rompo con eso, dejo el trabajo y todo, me voy a Londres tres años solo a escribir y ya, cuando vine, fue cuando empecé a mover algunos de los cientos de relatos que tenía escritos, lo publiqué en un libro y el resto los empecé a mover por premios. Empecé a ganar premios y es cuando empiezas a ser visible, pero ahí ya hay un montón de trabajo hecho.

     

    Entrevista a Juan Jacinto Muñoz. El asesino hipocondríaco¿Algún día publicarás esta primera novela que escribiste con dieciocho años?

    No, no tengo intención de publicar nada de lo anterior a esta novela. Están ahí porque yo decidí que quería dejarlas en el cajón. Creo que es un error aunque otros lo hagan. Tengo otra escrita ya, posterior a esta, y me da colchón para seguir escribiendo.

     

    ¿Y podemos saber cómo se llama esta nueva novela?

    Saldrá en enero, que es poco tiempo, debería de ser dos años porque, entre otras cosas, eso le da más vida al libro anterior. En este caso han decidido que sea ya y no sé por qué. Se llamará Adversarios, pero igual no es el definitivo, sabes que luego habrá reuniones en las que igual cambia, no solo opina el autor.

     

    ¿En qué faceta te sientes mejor en la docencia o como escritor?

    Mi vocación es la de escritor y la docencia siempre ha estado cerca. Cuando yo empecé dando clases de filosofía a alumnos de COU, me lo pasaba muy bien y tenía muchas recompensas, cuando lo dejé lo echaba de menos, pero siempre ha sido una segunda vocación. Ahora doy clases en talleres en Fuentetaja pero realmente es una prolongación de la escritura porque se trata de trabajar con los textos y no tiene nada que ver con la facultad.

     

    ¿Y relatos cortos o novela?

    A mí me gusta mucho los dos. Siempre los he trabajado incluido el microrelato y cada uno tiene su encanto. El microrelato es una idea que te asalta de repente y en una tarde lo ejecutas, le das forma e incluso lo corriges, lo tienes ya, así, de golpe, ya lo ves, pero por eso también es más efímero. El relato corto tiene sus retos también que tienen que ver con encajar todo, con eso de hacer un texto donde todos los cabos se atan, hay un simbolismo y todo lo que ocurre, desde el planteamiento inicial del conflicto hasta el final, está relacionado. Y la novela es otra cosa con la que te relacionas mucho más tiempo, es una relación a largo plazo, como el matrimonio frente a una relación más promiscua como serían los relatos breves, y la ventaja que tiene en este caso es distinta, no lo vas a ver de golpe, te tiras un año y no acabas de ver el fruto y lo positivo es que te sumerges del todo. Cuando estás años metidos en la misma historia, resulta que tú has estado viviendo otra vida, que es la del personaje. No me decantaría por ninguna, las tres me aportan muchas cosas.

     

    ¿Esperabas este éxito con El asesino hipocondríaco?

    No, no, no esperaba que alcanzara tanto público. Yo estaba muy contento con la novela, creía que iba a gustar a determinado tipo de lector y para mi sorpresa le ha gustado a un sector mucho más amplio. Gente que no está tan habituada a leer, sin embargo, la está disfrutando.

     

    ¿Cuántas portadas has desechado hasta quedarte con esta? ¡Es impresionante!

    Increíblemente fue la primera opción pero no suele pasar. El portadista de Random House Mondadori presentó un proyecto y pensaba que no lo iban a aprobar porque se sale mucho de la colección de títulos que publica. No tiene nada que ver porque es mucho más agresiva. Lo aprobaron a la primera y resulta que el portadista se había leído la novela, eso tampoco es habitual, y se la leyó expresamente, estuvo buscando ilustrador hasta que encontró al apropiado. Todo el mundo me lo comenta, incluso en la radio que no se ve.

     

    Entrevista a Juan Jacinto Muñoz. El asesino hipocondríaco¿Tienes algún hermanito oculto en alguna parte de tu cuerpo?

    (Risas) No, todavía no lo he descubierto. Hablo solo alguna vez pero no creo tener ningún bulto sospechoso. Realmente ese es otro síntoma que nos hace ver lo solo que está el protagonista. Está tan solo que no solo se busca amigos imaginarios sino que incluso, de un pequeño bulto, saca un hermano gemelo parásito.

     

    ¿Tu suerte por dónde anda, tienes mejor suerte que el señor Y?

    Sí, tengo mejor suerte que él, pero de todas formas la mala suerte del señor Y se la crea él, es el fondo de la novela, todo lo que le ocurre de malo está en su cabeza, todo lo que le sale mal lo ha provocado él con sus inseguridades, se queja de su mala fortuna pero la está dibujando él. El mensaje que había de fondo es ese, que nos riamos de nosotros mismos y que sepamos salir de ese círculo vicioso. Yo estoy muy positivo y creo que tengo la suerte a favor, pero eso da un poco igual porque, la suerte en sí, yo no creo ni que exista.

     

    ¿Algún parecido con el señor Y?

    No, muy pocos. El único así destacable sería que yo también soy un poco obsesivo pero más con el tema de los proyectos. Cuando tengo algo entre manos, hasta que no paro siempre estoy pensando en eso. En el sector profesional soy muy obsesivo y muy perfeccionista hasta extremos quizá alarmantes. Fuera de eso soy normal (risas), él no, en él todo es anormal.

     

    ¿Quién ha sido tu última víctima?

    Mis víctimas son mis lectores (más risas). Algunas saldrán contentas de ser mis víctimas y otras no, pero ellas son las que han sido engañadas mediante esa portada atractiva y ese título llamativo.

     

    ¿Tienes moral kantiana?

    Yo lo intento, me parece que el Principio de Kant es muy básico, muy sencillo y muy razonable. Tú tienes que comportarte de la misma manera que a ti te gustaría que los demás se comportaran contigo. Es muy sencillo y una ley que se puede convertir en universal a partir de un planteamiento y de una línea.

     

    Porcentualmente ¿eres más asesino o más hipocondríaco?

    (Risas) En estos momentos de paz me consideraría más hipocondríaco. Todo el mundo se mira demasiado el ombligo en esta sociedad de relativo bienestar, si estuviéramos en periodo de guerras, todos nos volveríamos más asesinos, todos llevamos un asesino dentro en caso de necesidad, pero son tiempos hipocondríacos, ¡la verdad!

     

    Fina Grau

     

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