ENTREVISTA

  • Guillermo Roz
    TENDRÍAMOS QUE HABER VENIDO SOLOS
  • «La novela es un fresco sobre los sentimientos humanos que aparecen en las situaciones límite»
  • Entrevista a Guillermo Roz. Tendríamos que haber venido solos

     

    Una historia diferente, de malos y buenos, de personas a las que quieren y a las que no quieren. ¿Tendríamos que haber venido solos es un grito a la desesperada de que todavía hay esperanza?

    Qué pregunta más complicada. Mira, yo creo que Tendríamos que haber venido solos es un retrato a la condición humana, y lo digo son vanidad. Hay tantas escenas particularmente complejas y que afectan tanto al alma y al corazón, y a los sentimientos de los personajes que están en juego, que en cada una de esas escenas, están en juego todas las cosas, porque un hombre recibe todos los sentimientos, porque en todos los hombres hay esperanza y desesperanza, y hay amor y hay desamor, y hay ganas de matar y ganas de bendecir. La novela es un fresco sobre los sentimientos humanos que aparecen en las situaciones límite.

     

    ¿Era necesario empezar la historia desde tan niño con las historietas del colegio?

    Claro, te voy a contar la historia de la escritura y vas a entender por qué está escrito como está escrito. Yo empecé a escribir un cuento que empezaba con el viaje de esta paraje en el Fiat y en la página diez me di cuenta que lo quería contar necesitaba de un contexto y una justificación de una historia anterior y me salieron treinta páginas, con lo cual, la página diez pasó a ser la página cuarenta y dije «esto va a ser una novela»

     

    ¿De dónde salen estos personajes tan dispares que dan vida a esta inusual historia?

    Porque la historia está basada en una anécdota familiar, que es la historia de ese viaje en coche, ese hombre, esa mujer y esa suegra, son mi padre, mi madre y mi abuela. Esa historia es real. Hay un Fiat 600, hay un viaje a la primera casa y está esa frase «Tendríamos que haber venido solos» en una situación un poco tensa, y esa frase y esa anécdota fue tan repetida en la historia de mi familia que quedó como esa frase que se dice de sobremesa, como quien dice «Ladra Sancho». Es como un dicho quijotesco. Fue creciendo, esa frase, como disparador de algo que primero fue un cuento y luego una novela, pero lo que hago es acotar esos personajes a la anécdota del viaje y la llegada allí, luego se transforman en otra cosa.

     

    Entrevista a Guillermo Roz. Tendríamos que haber venido solos¡Ah, menos mal!, pensaba que eso había pasado en tu familia y estaba a punto de irme corriendo

    (Risas) No, no. De hecho mi madre, que lo acaba de leer, me dijo «qué mente más criminal tienes, hijo». Cuando llegan a ese barrio se encuentran con el ingeniero Venturino y todo lo demás es imaginación, retorcida, pero imaginación al final.

     

    ¿Te sientes como un Norberto reprimido?

    Mi alma es la página en blanco y todas las fobias, todas las locuras, todas las sangres y todos los gatillos están metidos entre las palabras. Evidentemente, la literatura es una vía de escape, un cable tierra, es catártica. Cualquier desenganche con la realidad y de locura, la vuelco en las novelas.

     

    ¿Alguna vez has tenido ganas de matar a alguien o tirarla a un pozo como Norberto a su suegra?

    Todos tuvimos ganas de hacerle mal a alguien alguna vez.

     

    ¿Pero de matar?

    Bueno hay que diferenciar dos cosas, una cosa es tener un plan y otra cosa es que tengas un flash mental de que cuando pasas por el metro y ves una persona, hacerle así (breve empujoncito en la espalda) porque esos flashes y esas rayas mentales, las tenemos todos.

     

    ¿Estás convencido de eso?

    Sí. Creo que en el alma humana reside lo peor y lo mejor, creo que todos tenemos un asesino y un santo dentro del corazón. El tema es a quién alimentas y de qué manera lo alimentas y cuánto haces valer dentro de tus movimientos la urbanidad, la represión del instinto asesino. Nosotros estamos educados para no hacer eso, pero el niño que no está educado mete los dedos en el enchufe porque no está educado, porque la naturaleza humana es salvaje, es animal. Norberto se escapa del corsé cívico, del corsé de la educación, porque dentro de su alma existe un asesino.

     

    ¿Opinas que para que una novela parezca real tiene que ser lo más parecido a lo surrealista?

    Sí, creo que el elemento surrealista es lo más real que existe, no hay nada más surrealista que lo real.

     

    ¿Qué hace que una historia parezca más normal?

    Es que no creo en el criterio normalidad.

     

    ¿Qué es para ti la normalidad?

    Si no existe lo normal, tampoco existe lo anormal. Quiero decir que lo normal viene de la palabra norma, de la palabra regla, de todo aquello que nos organiza y el hombre, por naturaleza, es desorganizado. Lo mismo que es normalizado aquí, no está normalizado en Irak, por ejemplo. El incesto forma parte de muchas culturas, pero no de la nuestra, en la nuestra es una anomalía pero en otras es lo más normal del mundo. Así como muchas otras cosas. Ninguna historia es normal ni es anormal. Humanidad. Humanidad es el concepto de la caja negra y dentro del ser humano cabe todo.

     

    Lo tienes muy claro…

    Sí.

     

    Entrevista a Guillermo Roz. Tendríamos que haber venido solos¿Crees en serio que alguna vez se quiere demasiado?

    Creo que querer demasiado es sinónimo de querer mal. Querer demasiado es, psicológicamente, no estar preparado para afrontar solo la vida, para no afrontar tu vida más que agarrado a otro. Tener que volcarse en alguien, escudarse en alguien, excusarse con alguien y las madres sobreprotectoras, de la que tenemos un claro ejemplo en la primera parte de la novela, son aquellas personas que no son personas sino disfrazándose de otras, abrazando a otras. La lírica de la canción moderna dice «Sin ti no soy nada», si no estoy contigo, no soy.

     

    ¿Y no es una paradoja que alguien a quien han querido demasiado no sienta aprecio por otras vidas humanas?

    En realidad él no está pensando es eso, está matando a todos sus fantasmas. El homicida, el hombre que llega al límite del disparo contra otro ser humano, está tan ciego que puede disparar a una sombra. En todo caso, las víctimas, son víctimas colaterales de cualquier loco, y los «Norbestos» están en todas la esquinas. En todas las esquinas hay un loco al que se le va a ir la bola en cualquier momento. Ojalá no se nos crucen en todas las esquinas un Norberto, pero sí hay que trabajar en ello. Contra eso la cultura, contra eso la educación… pero gracias a esas locuras, nosotros demostramos dos cosas: una es que el ser humano es indomable y por eso existen las cárceles, existe para siempre el homicidio. Y por otro lado, que el arte puede eliminar buena parte de las dificultades sociales y humanas. Muchas veces en una novela, en un cuadro, en una película de cine… tú puedes iluminar muchos más problema y generar condiciones mejoras para un pueblo. Con esto no quiero hacer una moraleja, pero sí sé que con esto, más de una persona se va a pensar cómo educar a un hijo, cómo dar amor. A veces, dar amor, no es dar mucho amor, es dar buen amor.

     

    ¿Qué esperas de Tendríamos que haber venido solos?

    A mí me ha superado completamente en dos meses que lleva el libro porque para los que somos nuevos la literatura es una experiencia de la soledad, una experiencia del segundo cuarto de tu casa al que le dedicas algunas horas después de otro trabajo que te da de comer, yo no le pido absolutamente nada. En realidad la literatura cuando me da, me da en el ejercicio de la escritura. Todo lo que viene después del punto final, te diría que de algún modo ya no es mío. Si me lo preguntas en otro sentido, te diré que estoy viviendo una experiencia muy nueva, muy emocionante y muy asombrosa para mí.

     

    Nuevo talento Fnac de Literatura. ¿Eso supone algo en tu carrera como periodista y escritor?

    Evidentemente ya lo está suponiendo porque la atracción periodística que hay, las posibilidades comerciales que tiene la novela, la presento en Madrid, vengo de Sevilla, voy a Barcelona, la voy presentando en distintos lugares de España acompañado de escritores muy importantes… Esto para mí es una experiencia, el juego se me fue de las manos, con lo cual yo agradezco muchísimo a quienes, piropeando a la novela, me piropean a mí, así que me dejo llevar en el juego y opero bajo dos lemas: goce y agradecimiento.

     

    ¿Crees que te va a abrir puertas para una futura novela?

    Sí.

     

    ¿Quién es Guillermo Roz y qué hace afincado en España?

    Guillermo Roz es un perseguidor de la palabra perfecta y lo que hago en España es que en algún momento sospeché que en algún rincón escondido, está agazapada esa palabra. Creo que poco a poco me voy orientando por la geografía en donde está esa palabra, así que sigo en esa búsqueda.

     

    Entrevista a Guillermo Roz. Tendríamos que haber venido solos¿Qué es una verdadera pena?

    Un niño enfermo.

     

    Lo mejor que te puede suceder ahora mismo es…

    Volver a casa y contarles toda la experiencia a mi mujer y mi hijo.

     

    ¿Qué es lo más extraño que te ha dicho alguien?

    Que soy un verdadero escritor.

     

    ¿Eso es extraño?

    Más que extraño es extraordinario, que alguien te diga que eres un verdadero algo, que haces verdaderamente algo bien, eso es extraordinario y para mí conlleva todas las rarezas de dónde habrá sacado este hombre esta certeza. Que sea un verdadero escritor me hace muy feliz si es que eso puede ser verdad en algún momento.

     

    ¿Periodismo o literatura?

    Literatura.

     

    ¿Siempre?

    Siempre la ficción porque la ficción puede agarrar la realidad. La literatura lo sabe todo, conoce todos los discursos y dentro de la literatura me puedo inventar un perfecto periodista y no al revés.

     

    ¿Qué contarías de ti a alguien que no te conociera y quisiera hacerse una idea de cómo eres cuando no estás trabajando?

    Yo soy un chico del suburbano bonaerense que me gusta viajar y lo que cuentan mis amigos es que de chico jugaba muy bien al futbol y de grande, no sé por qué, se fue a España. Eso es lo que se cuenta de mí en Buenos Aires y yo dejo que se siga contando.

     

    ¿Y qué dirías tú?

    Yo diría lo mismo (risas).

    Fina Grau

     

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