ENTREVISTA

  • Antonio Lázaro
    LA CRUZ DE LOS ÁNGELES
  • «Tenía la intención de homenajear a Agatha Christie, una escritora a la que admiro mucho, más que nada porque determinó un poco mi vocación literaria en la adolescencia»
  • Entrevista con Antonio Lázaro. La cruz de los ángeles

     

    La cruz de los Ángeles, ¿por qué elegiste la Cruz de Caravaca como protagonista de este libro?

    Aparte de que es un símbolo muy popular, es porque yo mismo la he llevado en alguna ocasión, concretamente cuando me la regaló mi madre de adolescente, una cruz de plata, y le tengo cariño. Realmente no conocía la historia pero al leer la novela de La mano de Fátima se me ocurrió empezar a indagar y vi que tenemos algo parecido como amuleto de protección dentro del entorno cristiano. Al empezar a investigar cosas descubrí que era un tema muy interesante desde el punto simbólico y religioso, pero también desde el punto de vista literario, con una carga de ficción potente, tanto como novela histórica, como thriller contemporáneo. Es el caso del robo no esclarecido del año 1934, que me dio pie a vincular la función de la cruz en la Edad Media como elemento propulsor de la Reconquista, con la relación actual de Caravaca con ese símbolo que nació en un entorno bélico y hoy día funciona como protección para la salud, para la fortuna, para dar buenas vibraciones, para lo luminoso, para el bien, no para la destrucción y la guerra.

     

    Entonces, ¿sigues pensando que la importancia de la Cruz de Caravaca sigue vigente?

    Yo creo que sí, y después de escribir la novela más, que por otro lado es una ficción absoluta. Lo he dejado claro, no he pretendido esclarecer el robo, pero sería bueno que investigadores ad hoc, desde la literatura, o mejor desde el periodismo o la historiografía rigurosa, intentasen aclarar lo que pasó con ese «robo», porque hay muchas conjeturas, incluso que fue un auto robo perpetrado de algún modo desde un elemento eclesiástico con el buen fin de salvar la reliquia y el relicario que estaban efectivamente amenazados en aquel ambiente enconado de fuerzas radicales de la izquierda y de la derecha. Creo que la Cruz de Caravaca ha alcanzado un apogeo enorme a nivel popular. Los Franciscanos y otras órdenes evangelizadoras, ya en la Edad Moderna, la popularizaron por todo el mundo, por Filipinas, por Latino América, en Estados Unidos, de manera que se puede hablar de su universalidad. Y luego está el tema nada desdeñable de que la propia Iglesia Católica recientemente, en la época de los noventa, declaró a Caravaca de la Cruz como uno de los cinco lugares santos de peregrinación del mundo católico.

     

    Hablas de investigación y de la labor de documentación para profesionales, pero se hace muy visible la tuya, tan exhaustiva, con frecuentes reseñas históricas durante todo el libro ¿cómo es esta labor para ti?

    Aparte de novelista, llevo muchos años dedicados a la investigación, sobre todo literaria, de clásicos castellanos. Una parte importante de la investigación consistió en ir a la Biblioteca Nacional a consultar libros raros, y no tan raros, en torno a la historia, no solo de la Cruz de Caravaca y del Islam en Al-Ándalus, sino también libros sobre la propia historia de la cruz. Es muy curioso y a mí me sorprendió porque era un signo incluso odiado por los cristianos primitivos, pues lo asociaban al instrumento de tortura de Jesucristo, a lo que fue. Tuve esa parte de ratón de biblioteca, por así decirlo, y también tuve una parte, hoy muy provechosa, que fue la de «guglear». Navegando por la red fue como entré en contacto con la noticia del robo de 1934 que fue el catalizador de todo el proyecto. Puse en común todo lo que había averiguado e intenté que no sonara muy erudito, que no cortara el relato. En este punto fue muy importante el asesoramiento de mi editorial porque en la primera versión de la novela había más parte histórica, pero coincidimos en que rompía un poco el ritmo de la acción y a veces era un poco redundante. Era material quizá más destinado a un ensayo histórico, por eso yo defino a la novela como un thriller contemporáneo pero con trasfondo histórico.

     

    Entrevista con Antonio Lázaro. La cruz de los ángeles¿Por qué eliges esos escenarios como Florencia, Roma o Mahón? ¿Eran necesarios para la historia porque realmente sucedió así o son importantes para ti de una manera más personal?

    Aparte de esta investigación en torno al enigma y la leyenda de la Cruz de Caravaca, quería hacer una novela itinerante, con una unidad de tiempo y de acción limitada. La acción no es limitada porque no dejan de visitarse determinadas ciudades europeas, pero sí hay una unidad de tiempo que es la semana que dura un crucero por el Mediterráneo. Personalmente me embarqué en un crucero en Valencia para toda la parte de la ambientación y crear un poco ese clima. Creo que son ciudades, sobre todo Roma que es la capital de la cristiandad, que tienen mucho que ver con el asunto de los leños de la cruz, los famosos Lignum Crucis, ya que la Cruz de Caravaca es una cruz patriarcal de doble travesaño que contiene un fragmento de leño que se supone que es en el que crucificaron a Jesús.

     

    La mezcla de civilizaciones y religiones ¿surgió así durante la historia o eran elementos que tenías claros que iban a salir desde el principio?

    La confrontación con el Islam estaba muy clara porque la aparición de la Cruz de Caravaca se produce en un momento de intensificación de la lucha de los reyes cristianos contra los reyes taifas. Lo que sí que es puramente ficción es la narración del intento por parte de terroristas islámicos fundamentalistas de hacerse con la Cruz de Caravaca como una especie de vendetta histórica por la derrota en Al-Ándalus. Pertenece a un plano de ficción pero no tan ficticio, porque todos hemos leído las declaraciones recurrentes de los líderes del fundamentalismo islámico en relación a sus pretensiones de recuperar Al-Ándalus. Yo siempre he creído que las grandes religiones son grandes impulsos civilizadores pero que en el fondo estamos hablando de las mismas realidades con lenguajes distintos. Al final se habla de un ente transcendente, de un plan para la humanidad y de la importancia de hacer el bien. Yo creo que eso es común a todas las religiones y lo que nos interesaría sería extender puentes, no dinamitarlos.

     

    Repetir protagonista en distintas novelas es algo que se está poniendo muy de moda pero en La cruz de los Ángeles viene al pelo. ¿La historia está creada para Bruno o es el escritor el que se encuentra en ese crucero sin apenas darse cuenta?

    Yo tenía, desde hace tiempo, la intención de homenajear a Agatha Christie, que es una escritora a la que admiro mucho, más que nada porque determinó un poco mi vocación literaria en la adolescencia. Con trece años tuve una molestia por hacer deporte y tuve que guardar cama. Mi madre era una gran lectora de las novelas de Agatha Christie y me las leí prácticamente todas. Fue lo que me libró del aburrimiento de no poder salir con mis amigos. Yo tenía la idea de trasladar la aventura del Orient Express a un crucero. Era una idea que ya tenía y de siempre quise hacerle este homenaje, incluso antes de toparme con el asunto de la Cruz de Caravaca. Es un extraño engarce de proyectos que espero que esté entreteniendo al lector. Me ha salido un poco más oscuro y sombrío que las novelas de Agatha que siempre acaban con un final feliz y tienen un ambiente más luminoso.

     

    Pero el introducir a Bruno en la novela, ¿fue antes o después?

    Eso surgió después. Viendo un poco el cariz que tomaba el robo, que se atribuía a elementos masónicos o de izquierdas, coleccionistas, grandes especuladores… y bueno, me acordé de Bruno Dampierre que es un personaje que ya había utilizado en una novela anterior, en Club Lovecraft, y que aparecía como un investigador de asuntos esotéricos, misteriosos y muy peligrosos, de gran envergadura. En aquella novela él moría pero me he tomado la licencia, ya que los autores somos pequeños demiurgos, de resucitarlo, y me ha dado juego porque el perfil del protagonista encajaba con Bruno Dampierre.

     

    Entrevista con Antonio Lázaro. La cruz de los ángeles¿Y cuánto hay de Antonio Lázaro en Bruno Dampierre?

    Pues no sé si decirte si eso me gustaría porque, como se ve en la novela, es un tipo un tanto atormentado que ha descuidado su vida personal y familiar por correr esas aventuras. ¡Hombre!, tenemos la misma edad, la cincuentena algo rebasada, pero yo más bien era el otro personaje que salía en aquella otra novela. Era un escritor que estaba viviendo una vida tranquila y sosegada en una ciudad de provincias cercana a Madrid. Quizá Bruno Dampierre sería el personaje que hubiera soñado ser, un personaje glamuroso, mundano, siempre rodeado de bellísimas damas y corriendo grandes aventuras. Un poco, una especie de Tintín adulto o de Indiana Jones dedicado a la literatura.

     

    ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste una cerveza en el Barrio del Carmen con Bruno?

    Lo frecuenté mucho de jovencito. Ahí meto una especie de homenaje autobiográfico a la ciudad de Valencia. Yo nací en Cuenca pero siempre he tenido el corazón dividido entre las dos grandes ciudades próximas, Madrid y Valencia. Ambas te permitían un escenario de cierta liberación de esa cosa provinciana, levítica y decimonónica que también tiene su encanto. Yo tenía familia en Valencia y pasaba muchos veranos allí y describo un poco el contraste, es bonito. De más mayor, universitario ya, me escapaba también a Valencia, un poco más libre de la familia. Describo de forma somera esa eclosión que hubo, que es real. Antes de Malasaña estuvo el Barrio del Carmen. El concepto aquel de bar para jóvenes regentado por jóvenes que se vivió en España comenzó en el Carmen. Valencia en eso siempre ha sido pionera y quería aprovechar ese interludio, antes de que Bruno se embarcase, para homenajear a esta querida ciudad.

     

    El último hobby descubierto…

    Los videojuegos de mi hijo. Después de toda una infancia en la que el muchacho, siendo hijo único, ha estado jugando en solitario, ahora que está en la universidad, es cuando me han empezado a gustar a mí y estoy intentando recuperar el tiempo perdido.

     

    ¿Qué otras cosas son INEVITABLES, a parte del mal, para Antonio Lázaro?

    El paso del tiempo.

     

    ¿Y lo más curioso que te has encontrado?

    Un billete de cinco mil debajo de una taquilla del metro en Madrid, cuando eran pesetas.

     

    ¿Cuándo tuviste claro que querías ser escritor?

    A los doce años, durante la convalecencia que te he contado antes.

     

    Ahí me has comentado que te enganchaste a la lectura pero ¿también decidiste que querías ser escritor?

    ¡Claro!, ahí decidí que quería escribir novelas tan fascinantes y que te engancharan tanto como las de Agatha Christie.

     

    ¿Escritor o periodista?

    Siempre pensé que iba a ser escritor pero tuve una época que soñé, sueño no cumplido, en dirigir cine, incluso me matriculé en Imagen en Madrid.

     

    ¿Qué significa escribir para ti?

    Un camino de regresión, una vía de conocimiento, una forma de comunicarme con los demás, con mis iguales, con hombres y mujeres.

     

    Si tuvieras que destacar un libro de todos los que has escritos por el recuerdo y las sensaciones que te dejó al escribirlo, ¿por cuál te decantarías?

    Me decantaría por Club Lovecraft porque daba salida a un proyecto pensado durante veinte años. Desde que llegué con destino laboral a Toledo, que es la ciudad donde vivo, quise rendirle ese tributo a su magia, a su fantasía, y también a su lado oscuro.

     

    Fina Grau

     

    Leer reseña de la novela

     

    .VOLVER A ENTREVISTAS -> -> ->.

  • Volver