ENTREVISTA

  • Juana Salabert
    LA FAZ DE LA TIERRA
  • «Esa es la grandeza de la literatura, esa capacidad de meterse en la piel de otro, de otros, de ser uno y muchos a la vez»
  • Entrevista a Juana Salabert. La faz de la tierra

     

    La faz de la tierra, ¿cómo se cruza esta historia en tu vida?

    Estaba en medio de otra novela y de pronto surgió, con mucha fuerza e inequívoca intensidad, «La faz de la tierra». Sus personajes, su entramado, se apoderaron de mí y abandoné sin remordimiento alguno la otra historia. En cierto modo, no es una situación tan anómala, imagino que a la mayoría de los escritores les pasa algo semejante de vez en cuando.

     

    Ya empiezas, en las primeras páginas, con una escena emocionalmente desgarradora ¿no temes que sea demasiado intenso para prever lo que pueda pasar después?

    En absoluto. La vida, por otra parte, suele ser demasiadas veces «emocionalmente desgarradora». Y yo no le temo a la intensidad. Ni a las emociones. Caso contrario, no escribiría literatura.

     

    Es una novela donde nos enseñas la otra cara de la vida, una cara más cruel donde la amistad y las relaciones de pareja son protagonistas, ¿realmente crees que son tan crueles estos sentimientos que desgranas?

    Depende, por supuesto, de cómo se articulen, la vida tiene, por suerte, muchas caras según los momentos. Pero una novela relata una situación concreta a partir de unos personajes concretos, no es un manifiesto personal ni una declaración de principios o intenciones, ni, tampoco, un ensayo sociológico.

     

    En tu opinión, ¿existen demasiadas Elas y Álvaros que no se atreven a enfrentarse con sus realidades y siguen sobreviviendo como pueden?

    A las pruebas me remito; el miedo opera siempre como silenciador. Sobrevivir no es vivir, por eso, y en determinadas circunstancias muy dramáticas, hay que luchar por volver a la verdadera vida, a la que de veras merece la pena ser vivida porque se alimenta de libertad, ilusiones y dignidad.

     

    Entrevista a Juana Salabert. La faz de la tierra

    ¿Qué te hace estructurar así la novela? Primero presentando a los protagonistas ya maduros, para luego volver a la infancia y volver a conectar con el presente.

    Normalmente, la estructura narrativa surge al filo de la historia, de las historias que quieres contar. En esta novela, como en las vidas, en todas las vidas, la memoria es hilo conductor y rasgo identitario. Es lo que nos hace únicos porque sin nuestras experiencias pasadas, sin su recuerdo, seríamos otros. Pero «La faz de la tierra» no es una novela sobre la memoria. Algunos de sus personajes rememoran en ciertos pasajes el peso, muchas veces, si bien no todas, traumático o demoledor, de sus infancias, pero toda ella transcurre en tiempo presente, un lapso de tiempo muy breve, además.

     

    ¿Quién fue tu Jonás?

    Jonás es absolutamente imaginario. Le tomé mucho cariño en el tiempo de la escritura. Encarna el valor importantísimo y supremo de la amistad, y no me fue difícil inventarlo porque he tenido y tengo la suerte de tener grandes, maravillosos amigos con quienes compartir muchas cosas, los momentos buenos y también los malos que surgen a lo largo de una vida. No se parece a nadie en concreto. Es lúcido, leal y muy vital y no le ha dado la espalda al niño que fue, ese niño acosado por las burlas de los demás que se refugió en su sed de imaginación y aventuras y no incurrió ni por un momento en la triste tentación de volverse como ellos.

     

    Esta forma tuya de escribir y de reflexionar sobre la guerra civil, el nazismo y, ahora, sobre la relación entre padres e hijos y parejas ¿crees que está influenciada por tu infancia vivida con tus padres exiliados?

    No, no creo. En mi casa siempre se leyó muchísimo y se hablaba de todo con entera libertad y eso ha sido un verdadero regalo, una inmensa suerte intelectual. Lo que sucede es que desde muy pequeña me ha inquietado profundamente la terrible capacidad del ser humano para desprenderse de su «humanidad» y perseguir o aniquilar a otros semejantes. He nacido en el siglo XX, el siglo más trágico de la historia, de modo que los totalitarismos, el nazismo, el estalinismo, las guerras mundiales o la civil española han marcado mi imaginario como el de tantos otros europeos, es inevitable. La condición humana es capaz de lo peor y lo mejor y sólo de pensarlo siento vértigo y escalofríos porque la maldad brota de forma más que cotidiana en cualquier sitio, con situaciones excepcionales o no de por medio.

     

    ¿Has sentido ganas de llorar frente al monitor mientras escribías este, u otro, libro?

    Lloré mucho escribiendo las tres últimas páginas de mi novela Velódromo de invierno sobre la redada contra los judíos parisienses de origen extranjero de julio de 1942 en el París de la Ocupación nazi. Con «La faz de la tierra» he sentido mucha emoción, pero no me derrumbé de la misma manera.

     

    Entrevista a Juana Salabert. La faz de la tierra

    ¿Alguna vez has pensado que el lector pueda cerrar un libro tuyo por temor a ver reflejada una reflexión que no quiere hacerse y mantiene escondida en su rincón más oculto?

    No, cuando se escribe no se piensa en el lector, en ningún lector. Otra cosa es cuando el libro ya está publicado... Pero no, nunca me lo he planteado. Quizá porque nunca he considerado la literatura como un simple pasatiempo o un mero bálsamo. Los libros, entretenidos o no, al menos los de «verdad» (no los simples y olvidables «productos» malos, concebidos para consumo rápido de temporada), hablan siempre de un modo u otro del alma humana y sus conflictos.

     

    ¿Hace falta haber pasado por una depresión para hablar de depresiones con esa concisión con la que lo haces?

    No forzosamente; si no, no se podría escribir obras ambientadas, por ejemplo, en la Edad Media, o novelas de ciencia ficción. Uno no tiene porqué vivir o haber vivido lo mismo que sus personajes, esa es la grandeza de la literatura, esa capacidad de meterse en la piel de otro, de otros, de ser uno y muchos a la vez. Para escribir un buen relato de terror no hace falta haberse topado previamente con fantasmas. Sólo hay que imaginarlo y, por supuesto, «saber contarlo».

     

    ¿Cuál es esa historia que estabas escribiendo cuando se cruzó en tu camino La faz de la tierra?

    No me gusta mucho hablar de lo no terminado... Era una historia larga sobre una venganza.

     

    ¿Algún viejo complejo no superado?

    ¿Y quién no tiene alguno? En cualquier caso, me alegra decir que puedo vivir con ellos, superados o no. A pesar de mis defectos, no me cambiaría por nadie.

     

    Un recuerdo de tu infancia

    Una cabaña de madera en el bosque de Yrati durante unas vacaciones con mis padres y unos amigos en País Vasco francés. Nunca la he olvidado, como no he olvidado el hechizamiento de esos árboles y el rumor encantado de los riachuelos trucheros donde yo «percibía» a otros seres, misteriosas criaturas del agua... Ese lugar al que no he vuelto vive intacto dentro de mí con la fuerza y la magia de un cuento.

     

    Una reflexión que no te hayas atrevido nunca a escribir o compartir

    Bueno, en ese caso, mejor no escribirla aún, ¿no?

     

    Entrevista a Juana Salabert. La faz de la tierra

    Lo más importante que te has callado para no inmiscuirte

    Hay situaciones en las que hay que inmiscuirse claramente y otras en las que no, por discreción o cortesía. No soy metomentodo, pero me arrepiento de no haberle dicho de buenas maneras unas palabras a una mujer que en unos grandes almacenes riñó agresivamente a su hijo de unos nueve años porque este le pedía que le comprase el primer tomo, tan bonito, de Harry Potter. «Déjate de estupideces que hacen perder el tiempo, ya tienes bastante con tus libros de texto», le soltó, con una burricie y una ferocidad inimaginables. No dijo «más adelante» o «ahora no puedo, me viene mal», no. ¡Le soltó al crío que leer era perder el tiempo! Con gente así... En fin, luego nos extrañamos de ciertos comportamientos, de nuestro bajo índice cultural.

     

    Lo más «peligroso que has dicho»

    La verdad, espero no haber dicho algo «peligroso». Como todo el mundo, habré tenido mis meteduras de pata, pero de ahí a lanzar algo «peligroso» o dañino para otros...

     

    El mejor momento de tu vida

    El día en que nació mi hija. El momento en que le vi la carita.

     

    ¿Qué le dirías a Adela si fuera tu mejor amiga?

    Le diría «habla», «sal del miedo y el silencio» y «cuenta conmigo para volver a la vida, para volver a ser tú misma».

     

    Fina Grau

     

    .VOLVER A ENTREVISTAS -> -> ->.

  • Volver