ENTREVISTA

  • Rafael Martínez Simancas
    DOCE BALAS DE CAÑÓN
  • «Pensé que era un acto de justicia, un acto literario, un acto poético probablemente, y lo que hice fue unir esas tres voluntades para narrar la historia de esas doce balas de cañón»
  • Entrevista a Rafael Martínez Simancas. Doce balas de cañón

     

    Rafael, tus libros anteriores están enfocados desde un punto de vista más desenfadado, más...

    Hay de todo. Realmente esta es mi segunda novela, quinto libro. Por delante hay un libro de humor, que es El candelabro. Humor cien por cien. Luego está la biografía de Julio Anguita en dos partes: El tiempo y la memoria y Corazón rojo.

     

    Debió de ser muy interesante entrevistar a un político de verdad.

    Muy interesante, muy amigo mío. Un tipo con el que mereció la pena conversar durante meses para lograr el perfil de su biografía. Me preguntan muchas veces: «¿Y ahora a quién le gustaría hacerle la siguiente biografía? ¿A algún otro político?» A lo que respondo: «Después de Julio Anguita creo que no». Luego hice una novela costumbrista: El amor patético, anterior a esta novela, Doce balas de cañón. No tienen nada que ver y yo tampoco creo que deba de ser así. No se justifica una cosa con la otra. Yo empecé escribiendo poesía con 17 años. Y era poeta con 17 años, pero lo hacía tan mal que me pasé a otra cosa distinta.

     

    ¿Qué hizo que te decantases por esta otra temática mucho más seria, donde incluso ya puede hablarse de meter el dedo en la llaga?

    Pues verás, fueron varias conversaciones, muchas lecturas, como el expediente Picasso; he visitado la zona, he estado en Annual, y hablando con mis amigos compañeros, periodistas, escritores (David Torres, Lorenzo Silva), el personaje de Julio Benítez me pareció un personaje a destacar. Una historia muy buena para contar y que nadie había contado. Pensé que era un acto de justicia, un acto literario, un acto poético probablemente, y lo que hice fue unir esas tres voluntades para narrar la historia de esas doce balas de cañón. Benítez fue un español de una mala época, como otros tantos. Luchó en la guerra de Cuba. Luchó en la campaña del nueve, en la del once, y que muere en el veintiuno. Otros como él lucharon en Cuba, en el nueve, en el once, en el veintiuno y en el treinta y seis. Fíjate qué generación. Como también el teniente Casado, al que luego fusilaron en la guerra civil, siendo íntimo amigo del general Navarro, al que luego fusilan en Paracuellos por el lado contrario, también en la guerra civil. Me interesaba la historia, me parecía que no estaba contada, y me parece que con nuestro pasado somos muy pacatos, muy catetos, y, en compañía, recuperar esa memoria histórica.

     

    El libro tiene dos líneas argumentales distanciadas, aproximadamente, noventa años. ¿Por qué dos?

    Sí, buena pregunta. Efectivamente el libro tiene un personaje histórico que existió: Julio Benítez; y un personaje: Arturo, el actor, que es un personaje inventado. Yo lo que hago ahí es comparar dos tipos de sociedad, dos tipos de moral, de ética: la del siglo XXI, con la de hace 90 años en el siglo XX, en el año 1921. No quiero decir que una sea mejor que otra. Yo no juzgo. No hay moralina en el libro. Además, cada personaje se justifica a sí mismo, y Benítez tuvo cosas de cobarde, y fue un héroe; y también el actor tiene cosas de cobarde de las que se puede sacar partido. Pero sí que me interesaba comparar, que la gente viera en un plano de ahora, como pudo hacer Javier Cercas en Soldados de Salamina. Un personaje del presente: un escritor, que quiere recuperar la memoria de, en este caso, Sánchez Ferlosio. Bueno, algo parecido a eso.

     

    En una de las dos la frivolidad campa a sus anchas y en la otra solo cabe el deber, el honor, y los deberes para con la Patria.

    Sí, pero fíjate, el personaje de Julio Benítez empieza saliendo de un tugurio en Melilla. Era muy real también. Benítez no tuvo opción a tener más que aquella batalla durante cinco días, que es lo que yo narro. Su expediente militar es excelente pero tampoco te creas tú que su vida familiar, el ejército la califica como muy buena. Y el otro pues lo que es, es un vividor, un personaje de estos días, que le importa la cuota de pantalla, su vanidad, su contrato, su dinero, que se ve actor galán, maduro y se hace viejo. Y esto es una putada porque el tiempo pasa para todos, y al final dices «¿Entonces ya no me dan papeles de chulo, de protagonista?» , ya es el abuelo el personaje y encima tiene usted suerte de que está en una serie y le pagan muy bien.

     

    Vive de eso.

    Vive de eso. Eso es muy real y eso pasa mucho en la televisión española.

     

    «No me gusta lo que hago, pero tengo que comer»

    Tengo que comer, pagan, y luego aparte el asunto de la fama. Hay buenísimos actores de teatro que la gente no conoce porque no hacen televisión. En este caso este se aprovecha de ser un actor normal, que sale en televisión todas las semanas y la gente le admira. Le admira porque sale en televisión.

     

    ¿Cuál de las dos líneas te costó desarrollar más? ¿En cuál te sentiste más a gusto?

    Mira, las dos son complejas. Las arranco las dos y comentándoselo a un escritor amigo mío me dijo: «Ten cuidado, porque esto es el desequilibrio imperfecto. No va a salir bien». Luego al final me dijo: «Te salió bien». Y al final creo que está resuelto el asunto. Lo dice mi amigo y no yo. Pero, sí me interesaban las dos líneas. Me parece que la línea de Julio Benítez estaba más o menos documentada con el libro de Casado. Algo novelo de lo que pasó en el puesto, evidentemente. Y el otro es un personaje chisgarabís, que había que meter en un contexto de gente de honor. Y era interesante el salto ¿no?, era interesante esa posibilidad de hacer ese salto.

     

    Entrevista a Rafael Martínez Simancas. Doce balas de cañón

    Y no era fácil, porque es un ámbito muy concreto.

    Sí, y eso ya corresponde al lector. Darse cuenta de que son historias paralelas, complejas y complementarias. No son historias que vayan cada una por su lado.

     

    ¿Todos tenemos algo de estas dos facetas?

    Sí. A veces, cuando firmo el libro digo: «Para aquellos que fueron héroes y villanos». Sí, todos hemos sido héroes alguna vez, y villanos. Es más normal ser villano. Y luego yo entiendo el miedo perfectamente. «En la guerra solo valgo de prisionero», dice Woody Allen. Sí, yo entiendo todos los comportamientos, incluso a Casado se le acusó después de haberse hecho el muerto, para colarse entre los que estaban allí heridos (en Igueriben). Pues probablemente lo hiciera. Bueno, y ¿cuál es el problema? Salvó la vida... ¿cuál es el problema?

     

    Sobrevivió.

    Exacto, había que sobrevivir, había que salir del paso y había que, en el caso de Julio Benítez, buscar la salida de honor para sus soldados y ordenar la evacuación de allí, cuando el mando –En este caso Silvestre– le había autorizado a parlamentar. Él dijo que no, dijo: «No parlamento. Me quedan doce balas de cañón. Contadlas. Y en la última estaré mezclado con los moros» Sic. Y así fue. Es tremendo y luego, las baterías de Annual dispararon aquellas balas y doce más, está históricamente documentado, en señal de recibirles con honor en el cielo. Una historia muy épica.

     

    Sí, porque si bajamos a la realidad...

    La realidad fue muy triste. Fue gente que durante cinco días bebieron betún, mezclado con tinta, mezclado con el jugo de las latas de conserva y mezclado con pis. Eso con un poquito de azúcar se lo pasaban unos a otros. Y era algo que se apreciaba mucho, es decir, «mea en la lata, que luego me lo bebo yo». Eso está documentado. No es ficción.

     

    Viejo egoísta y joven inconsciente; los dos protagonistas, Arturo y Gregorio, son agua y aceite. ¿Qué les une?

    Les une algo muy grave que les ha pasado en la vida. Y tienen que tomar una decisión y una determinación. La de Julio Benítez es una decisión militar y la otra es una decisión personal también. Pero a todos en la vida, alguna vez, nos ha pasado el encontrarnos con un Igueriben, y la cosa es cómo salíamos de aquel paso ¿no? Si nos rendíamos, si no nos rendíamos, si salíamos heridos o muertos.

     

    Pero hay que salir.

    Sí, es tu obligación, y siempre sales. Yo creo que hasta la última batalla siempre terminas saliendo. Y somos guerreros en el sentido más primitivo del término.

     

    Entrevista a Rafael Martínez Simancas. Doce balas de cañón

    Sí, eso es así en lo cotidiano.

    Y en el periodismo. Soy periodista y soy guerrero del periodismo, y me gusta seguir las historias, y hablar con la gente, e ir a la fuente, y si no puedo hablar con la fuente me enfada y bueno, es parte de nuestro código genético.

     

    Luchar

    Claro: el «soy mejor periodista que tú». Otra cosa es pisar y atropellar a la gente, eso me parece absolutamente inmoral, pero hay quien lo hace.

     

    Entonces, ¿podríamos decir que estos dos personajes son las dos caras de la misma España? ¿De la del honor por un lado y la de la envidia por otro?

    Sí, pero también participa cada uno de la función que tiene el otro. También Benítez tuvo miedo, también el actor tiene capacidad de ser el otro en un momento dado. Una cosa por la otra. Una España que olvidamos, que es la España del pasado, y una España que a veces tenemos que es la España del presente.

     

    Y ahora quiero que hablemos sobre un personaje concreto: la novia de Arturo.

    Ah, de Marta.

     

    Sí, porque durante prácticamente la totalidad del libro se mueve en el mismo tono: frívolo, superficial; y en cambio hay un momento, un capítulo concreto, en el que cambia. ¿A qué se debe ese cambio?

    A que realmente Marta ve el personaje de Julio Benítez mucho antes que el actor, mucho antes que Arturo. Se da cuenta de que es un gran personaje y se da cuenta de que tuvo un pasado glorioso. Y es Marta la persona frívola dedicada a vivir la fiesta en Ibiza y a ser novia joven de un actor mayor, la que se da cuenta y le dice: «Oye, aquí tienes un personaje buenísimo. Deberías trabajarlo y fue una persona de honor», y es curioso el contraste cuando Arturo, el actor, le hace caso a la novia y dice «coño, pues igual tienes razón»

     

    He visto algunos valencianismos, xiquet, por ejemplo. ¿Qué relación te une a ti con Valencia?

    Ya me gustaría, yo soy andaluz, soy de Córdoba; hijo predilecto, que conste. Pero yo digo que si no fuera andaluz me hubiera encantado, si se pudiese elegir, ser valenciano. Mi padre nació en Alicante, por casualidad pero nació en Alicante. La familia de mi mujer es de Castellón. Mi mujer se llama Lidón, que es la patrona de Castellón, Lledó en valenciano, y habla valenciano además. Me une mucho. Yo creo que lo mediterráneo con lo andaluz se ha unido siempre y a mí esta tierra siempre me ha gustado, me ha emocionado, y fíjate que no me gusta la pólvora, que a mí los cohetes me dan mucho miedo. Pero lo que sí me gusta es la manera en la que entendéis la vida, la vida mediterránea; la manera de pasear, la manera de comer. La gastronomía valenciana me encanta, me apasiona. Es un sitio donde se come francamente bien, en Valencia. Y me parece una grandísima ciudad. Luego con este invento del AVE que yo disfruto como Cordobés desde hace 20 años, es que está muy cerca de Madrid. O sea no venir a Valencia me parece un pecado. Si hay valencianismos en el libro es porque hay personajes que son valencianos. Arturo lo es, su madre también, y luego hay algún soldado, algún militar también que era valenciano, y eso está documentado.


    Sí, he leído la lista que añades al final del libro.

    Hombre, te lo agradezco. La lista se la copio directamente al teniente Casado, que hizo en su libro sobre Igueriben para dar nombre a todos los que estaban allí. Y te agradezco mucho que lo hayas hecho porque, es un homenaje, mínimo, que podemos hacer por esta gente.
    Yo he vuelto a Annual, he estado varias veces: en agosto de este año, una antes en julio, y cuando volví, que subí a la cima con unos amigos, les dije: «dejadme un rato», y ese rato mío fue para leer los nombres de los que estaban allí. Me hice una fotografía con el libro, que está hecha en el puesto de Benítez. Pensé: «qué menos que esta gente, noventa años después, alguien recuerde su nombre»

     

    Abarrán, Annual, Igueriben, Sidi Dris, son nombres que ya forman parte de la historia de España, pero...
    No saben lo que es. Mira, yo, cuando firmaba libros de mi anterior novela en la Feria del libro, un señor me preguntó: «¿Su siguiente novela de qué va?». Nunca suelo decirlo, pero le dije: «Va sobre Annual», y preguntó «¿quién fue Annual?». ¡Una persona que iba a la Feria del Libro! En teoría una persona culta, con lo cual yo creo que, puede que sean nombres que... fíjate, es como el barranco del Lobo, que está en alguna canción, pero la gente no tiene ni puta idea de donde está el barranco del Lobo. Está en Melilla, y fue parte de la campaña del año 11. Hasta el año 1956, Marruecos es un protectorado español. Mi madre fue maestra en Alhucemas, tenía 19 años. He estado en Alhucemas también, he visto el cementerio español, bastante abandonado, por cierto. La Legión española tiene enterrados allí a los muertos desde la campaña del año 1926 hasta el año 1956 que se marchan. Está cayéndose. Si fuera, vamos a ver, Francia, tendría, por lo menos, una bandera francesa. Está completamente dejado de la mano de Dios. Curioso, ¿no?

     

    ¿Y no es triste?

    Yo lo veo tremendo.

     

    Entrevista a Rafael Martínez Simancas. Doce balas de cañón

    La siguiente pregunta se ha contestado sola: ¿Olvidamos con demasiada facilidad la historia?

    Sí, por mala conciencia, sí, por vagueza, sí, porque somos incapaces de leer un poco nuestro pasado.

     

    De abstraernos...

    De abstraernos sin complejos. ¿Annual perdimos?, pues perdimos. Pero tengamos en cuenta ¡qué pasó!, ¡cómo ocurrió!

     

    ¿Es inquietud lo que falta?

    Sí, la palabra es inquietud; inquietud y ganas de saber. Nos falta. Pero eso en casi todo. La formación del español medio deja bastante que desear y eso es muy triste pero es así. Fíjate que por desgracia la gente se ocupa de su pequeña parcelita y no leen. La mayor parte de los españoles creo que leen un libro al año y eso los que leen. Da mucha lástima, mucha pena. ¿Cómo salir de ahí? Pues hombre, yo espero que salgamos. Más nos vale, porque los franceses leen mucho más que nosotros, los ingleses, los polacos... En Polonia, Julio Benítez sería un héroe nacional y aquí tienen una escultura en Málaga, de Benlliure, en un paseo, arrinconado en un sitio. Yo estuve en su pueblo y la gente no tenía ni idea de quién era Julio Benítez, ni idea. Está la placa en la casa pero... nada, tampoco tenían ni puta idea de qué era aquello... es tremendo, es tremendo.

     

    Se te cae el alma.

    Sí, dan ganas de decir ¿y para eso habéis caído en Igueriben?, ¿para estos?

     

    ¿Cómo definirías al comandante Benítez?

    Hombre de su época, honesto, audaz, valiente y heroico.

     

    Unos adjetivos que no abundan ya.

    No, además, a la gente le da pereza... los héroes... las guerras... hombre, a mí las guerras no me gustan, pero un comportamiento heroico... también hay comportamientos heroicos en la paz. Hace poco me preguntaban si yo creía que en el ejército español –yo soy hijo de militar. Hijo, nieto y bisnieto— todavía quedan héroes. Pues sí que quedan. Hay divisiones españolas donde hay mucho héroe y gente que está formada y que es capaz. Pero también hay mucho héroe de la medicina y mucho héroe en el periodismo, y en magisterio. Hay mucha gente que con poco hace maravillas. Esos son mis héroes, son la gente a la que yo también quiero dedicarle parte del libro, sin duda. Un médico que trabaja por ejemplo en la Seguridad Social, en la investigación contra el cáncer, que gana muy poco, para mí es un héroe... antepone su obligación a otra cosa que pudiese hacer en la privada por ejemplo. De esos conozco algunos que me han caído cerca. Y lo de esa gente son comportamientos heroicos.

     

    Anteponer las necesidades de los demás a las propias.

    Sí, lo colectivo a lo propio. Sin duda alguna.

     

    ¿Y al general Silvestre cómo le definirías?

    Silvestre fue un alocado, un enchufado por parte del poder, ministro del rey en este caso. Calculó mal y fue torpe militarmente, y no lo digo yo sino otros militares; alargó demasiado la línea de elasticidad. Si tienes a 13.000 efectivos y los distribuyes a lo largo de una línea en puestos pequeños, al final te entran por los flancos. Trece mil soldados juntos son más difíciles de atacar, pero distribuidos no es tan difícil. Y finalmente, también fue un hombre iluminado. Cuando el coronel Morales, que era jefe de estudios indígenas, amigo de Abd el Krim, miembro de la Real Academia de la Historia y que hablaba inglés, francés, alemán y árabe, le dijo a Silvestre: «General, nos estamos equivocando», éste contestó: «¡Que no Morales, que no!», con esto se entienden muchas cosas. La importancia de Morales es que luego es el único cadáver que Abd el-Krim devuelve a España, con honores militares. Le rindió honores militares. Fue una patrullera española a recogerle, la patrullera Laza Y hay fotografía de la época, cuando devuelve el cadáver de su viejo amigo el coronel Morales, que era un viejo el pobre, y que en el repliegue de Annual, cae al principio, cae en el barranco de Izumar, al lado de un pozo, porque el pobre era tan mayor que ni siquiera podía correr; le dispararon y murió allí. Abd el-Krim lo sintió muchísimo, era la persona que entendía mejor la causa de los moros, lo que estaba pasando allí...

     

    Se llegaron a conocer cuando él estaba en Melilla.

    Claro, el coronel Morales era jefe de estudios indígenas, tuvo a Abd el-Krim a sus órdenes y Abd el-Krim le examinó a él de árabe y le puso sobresaliente.

     

    ¿Se hizo algo bien?

    ¿Enhttp://www.iammulvihill.com/omega-replica/ Marruecos o en Annual?

    Entrevista a Rafael Martínez Simancas. Doce balas de cañónEn ambos

    En Annual no, fue un desastre. En Marruecos sí. Yo creo que el legado de España fue grande. Calles alcantarilladas por España, casi todas. Calles iluminadas por España, casi todas. España se va en el año 1956 y deja un protectorado bastante próspero por otra parte. Creo que España tuvo una colaboración muy activa con Marruecos, reconocida sin duda alguna, ¡sin duda alguna! España sí que tuvo una labor muy importante y siguen quedando allí bastantes héroes. Conocí a tres monjitas españolas ya muy mayores que enseñan a las moras que están allí, que no salen apenas de casa, a coser, a cantar, a leer. Pero tienen ya tantísima edad, tienen ochenta, noventa años estas monjas, el día que se mueran, se acabó la labor de España en esa zona.

     

    Heroínas

    Heroínas. ¡Son heroínas! Yo las vi y les dije: «pero bueno, ¿están ustedes bien?», a lo que me contestaron: «Sí, sí, estamos bien aquí» Y es una sociedad muy machista. Yo recuerdo que cuando España estaba en Marruecos era una sociedad más igualitaria. En Marruecos ahora, en el Rif, por las mañanas no ves por la calle ni una chica, ¡ni una! Es el chico el que hace la compra. Las mujeres están en casa. Las nuevas casas no tienen fosa séptica y el pis y todo va a la calle, y en ese charco juegan los niños; «coño, cuando España estuvo había alcantarillado, había luces, había...» España se portó como los romanos con nosotros. Hizo una labor bastante esencial, labor pública, civil, y se dejó caer. Hay ruinas gloriosas españolas que se están dejando caer de manera sorprendente. Marruecos las está dejando caer. Bueno, de Annual queda, esto de Igueriben y poco más, y se está cayendo a cachos.

     

    ¿Qué enseñanzas se podría, se debería, sacar de todo aquello, de Igueriben, de Annual?

    Pues hombre, que nunca más una locura, nunca más un Silvestre, que cualquier ejército es vulnerable y este era un ejército moderno del año 21, que no había hecho la Longines replicaGuerra Mundial pero estaba entero, y era un ejército fuerte y considerado.

     

    Además Silvestre fue muy condecorado a lo largo de su carrera militar y empezó muy joven. Y, aún así, recibió por todos los lados.

    Sí, muchos navajazos, mucha bayoneta. De hecho, cuando la cosa estaba tensa, le gustaba lavarse en la pila de los caballos delante de la tropa para que le vieran las heridas de guerra, era como unomega replicamct sequential one replicaTudor Replica Watches torero, estaba cosido de arriba abajo, era muy chulo, le llamaban el General Guapo, era un tipo muy ‘echao pa lante’. La enseñanza es, efectivamente, que aquello fue una calamidad y que nunca más haya carne de cañón; que no haya tropa como aquella mal enseñada, inculta, analfabeta; que fueron llevados a una muerte segura y que los pobres ni siquiera fueron capaces de responder al patek philippe replica watcheshttp://highgatepark.com/index.php?myu=nomos-ahoi-atlantik-hands/fuego con un poquito de brío. Una tragedia.

     

    Y ahora para terminar, un par de preguntas más. Dime un sueño de la infancia ya cumplido.

    Ser escritor.

     

    ¿Y uno por cumplir?

    Ser mejorBreguet replicaBreguet replicaJaeger Lecoultre replicahttp://chinacopywatches.com/tag/audemars-piguet-replica/ escritor. Quizá una cosa lleve a la otra. Debería ser mejor persona, siempre quise ser una buena persona, no sé si lo conseguí, pero ser escritor sí.

     

    Carlos Romera y Fina Grau

     

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