ENTREVISTA

  • Leticia Sánchez Ruiz
    EL GRAN JUEGO
  • «Los niños son esos seres a los que les sale un duende de debajo de la mesa, se ponen a hablar con él y tan normal, pero ven una brújula y se quedan alucinados al ver cómo funciona»
  • Entrevista a Leticia Sánchez Ruiz. El gran juego

     

    El Gran Juego, una bonita historia a caballo entre la fantasía y los sentimientos más reales y profundos. ¿De dónde surge la idea de esta combinación?

    Es una historia que transcurre durante la época en la que mis padres eran niños, más o menos en los años 60. Además es una historia en la que yo he intentado recrear la historia de mi familia porque mi madre fue una niña que se crió en un bar, como la protagonista, lo que pasa es que de aquella época nunca cuenta nada y yo nunca supe realmente cómo había sido la vida de mi madre. Son como unos años oscuros y pensé ¿cómo habrán sido todos esos años? y me puse a imaginar la historia de cómo habría podido vivir una niña en un bar. No quería atarme a la realidad demasiado para no contar la historia real de mi familia, aunque tampoco la sé porque me la inventé. Ahí empecé un poco esa especie de mezcla de fantasía con la cruda realidad. Yo no cuento nada en el libro que sea imposible, no es una fantasía de Ende, cuento cosas que pueden ser posibles, no son demasiado habituales pero sí pueden suceder.

     

    Es decir que todos estos sentimientos son los que tú te imaginas que pudo sentir tu madre, tu tío…

    Efectivamente, yo me imaginé como podría ser todo aquello. Luego mi madre me dijo que era así, que realmente fue así.

     

    ¿Le gustó a tu madre el resultado?

    Sí, sí, le encantó. Además porque ya te digo que hay mucha fantasía o irrealidad porque me lo inventé todo, hay unas pizcas pero muy pequeñas de realidad. Creo que, tanto ella como mi tío, están confundiendo un poco la verdad con la fantasía porque dicen que aquello pasó y yo les digo, no, no, eso me lo inventé. Para las generaciones futuras, para mis hijos, pensaran que la historia real de mi familia es esta y no la verdadera.

     

    Y esos matices de ternura y amor entre un centenario y una pequeña de 10 años ¿la has recuperado de alguna persona que conozcas? ¿Tu madre tenía un amigo de cien años?

    No, bueno igual sí, no lo sé (risas). Mira, mi familia era una gerontocracia, mis abuelos dominaban la familia, era extraño pero era así, yo viví rodeada de mis cuatro abuelos, de mi tía abuela, de mis bisabuelas… pasaba los veranos con ellos y cuando yo tenía ocho o diez años, la próxima persona más joven tendría setenta y pico, siempre viví rodeada de una relación entre unos niños y unos ancianos.

     

    Entonces cuando hablas de esos sentimientos eres realmente tú.

    De alguna forma sí, intenté alejar todo lo posible a esa niña, pero de alguna forma sí. A mí es una relación que me encanta porque a mí, mis abuelos, me enseñaron muchísimas cosas y en parte, soy lo que soy, gracias a ellos, entre otras cosas porque me enseñaron a leer y a contar historias y aprendí mucho escuchando sus historias. Yo creo que es algo que nos falta ahora, aprender a escuchar esas historias de los mayores, oírles hablar, a veces son muy pesados, es cierto, pero creo que es muy tierna esa relación entre alguien que se le está acabando la vida y alguien que realmente la está empezando. Es un «te paso el testigo, sigo viviendo en ti» tanto los viejos como los niños no tienen mucho espacio en esta sociedad, siempre están un poco discriminados, molestan a todo el mundo… yo creo que están unidos en esa cima de la vida.

     

    ¿Las aventuras que vive la protagonista junto a su hermano, simula algún juego de rol contemporáneo?

    No tiene casi nada que ver, no quiero decir lo que es porque el Leitmotiv del libro es, precisamente, descubrir cuál es el juego. Básicamente se trata de ir siguiendo unas pistas, ir encajando un puzle e ir descubriendo determinadas cosas, determinados lugares, determinadas personas, a las que le van a llevar esas pistas.

     

    Entrevista a Leticia Sánchez Ruiz. El gran juego¿Cómo se consigue describir esos detalles de ese modo tan concreto como tú lo haces y que no resulte cargante y tedioso?

    (Risas) No lo sé, la verdad es que no te lo sabría explicar porque ni yo misma lo sé, pero a mí me encanta crear ambiente, que el lector abra el libro y de repente se meta en un lugar determinado, me gusta escribir los olores de las cosas porque creo que es muy importante, según lo que estás oliendo creo que ya te metes en ello. Los olores y los pequeños detalles que tienen las cosas, a veces un salón enorme lo describes más si dices que tenía las baldosas rotas o que la luz se colaba por una rendija, que describiendo con todo detalle lo que hay allí. Yo describo las cosas lo que a mí me llama la atención, como los olores y los pequeños detalles.

     

    ¿Te sale así desde el principio o tienes que ir modificando sobre la marcha?

    Más bien hago borradores (risas). Yo intenté para esta novela ser clara y concisa, la anterior no era así y la siguiente será de otra forma, pero lo intenté y me costó muchísimo cambiar mi estilo. Hice bastantes borradores y lo que más me costó fue precisamente el estilo y ponerme en la piel de una niña. Los niños son esos seres a los que les sale un duende de debajo de la mesa, se ponen a hablar con él y tan normal, pero ven una brújula y se quedan alucinados al ver cómo funciona. Nunca sabes qué pensaría la niña sobre ciertas cosas.

     

    ¿Por qué decides contarla en primera persona desde el punto de vista de un narrador que apenas aparece en la historia?

    Pues porque como te decía mi madre fue la niña de un bar y toda esta historia salió porque yo encontré una foto y porque un día, viendo la tele, salió un hombre y mi madre me dijo que ese hombre paraba por el bar y le compraba pasteles, y dije, mira mi madre que nunca dice nada ahora me habla de esto. Yo, que estaba escribiendo otra cosa, me puse a escribir a partir de ahí y desde el primer momento me sentí contando la historia porque fue mi madre. La verdad es que fue muy bonito porque cuando alguien habla de su madre, habla de otra cosa, pero referirte a tu madre como una niña, es más complicado. Las madres son de media edad o incluso ancianas, pero una niña pues como que no te lo imaginas.

     

    ¿Tienes algún referente literario que te haya hecho sentirte realizada como escritora al intentar emularlo?

    No, a mí lo que me gusta es la mezcla. Igual que este libro tampoco puedes decir de qué estilo es o a qué género pertenece, cojo la coctelera y voy agitando. Yo leo de todo, desde El Pronto hasta la enciclopedia, no tengo problemas, pero sí que es verdad que los que más me gustan son los escritores que escriben en español, incluidos los del otro lado del océano, Borges, Cortázar, Galeano, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero… todo lo que sea la literatura en español.

     

    El precio a tiempo, Premio Tétrada Literaria de Novela Corta; Los libro luciérnaga, Premio Internacional Emilio Alarcors Llorach y El Gran Juego, Premio Ateneo Joven de Sevilla. ¿Se puede pedir más?

    No, ni más ni mejor. (Más risas)

     

    Entrevista a Leticia Sánchez Ruiz. El gran juego¿Has escrito y publicado algo que no haya ganado algún premio?

    La gente me dice que todo a lo que me presento lo gano y no es así. Bueno de novela sí, pero en cuentos, que a mí me encanta escribir cuentos y tengo muchísimos con los que me he presentado a muchos concursos y no he ganado ninguno.

     

    ¿Qué ha supuesto para ti este premio?

    Muchísimas cosas, para empezar una continuidad en mi carrera, porque una cosa es ganar un premio, todo el mundo puede ganar un premio, pero ganar dos significa que ya no es una casualidad. El Ateneo además es un premio al que yo personalmente le tengo mucho cariño, aunque no soy de Sevilla, pero cuando yo trabajaba en el periódico entrevistaba todos los años a los Ateneos, iba todos los años a la presentación y ahora lo tengo yo y estoy encantada. Y encima con Alfonso que es un hombre maravilloso, un escritor fantástico y un tío del que aprendes muchísimas cosas. No puedo pedir más.

     

    ¿Si ganas otro premio, dejarás tu trabajo actual para dedicarte exclusivamente a la literatura?

    Por querer, vamos, sí, obviamente, pero no me gustaría depender exclusivamente de la literatura porque eso significaría que no podría escribir lo que me diera la gana cuando me diera la gana, significaría que por contrato tendría que sacar libro, si no tengo ideas tendría que sacarlas. Siempre hay que tener una especie de retaguardia. También te digo que ahora mismo, básicamente, estoy viviendo de la literatura porque tal como está el periodismo…

     

    ¿Se puede vivir de la literatura?

    Hombre, sí se puede vivir de la literatura. Trabajando mucho, teniendo bastante suerte y sin esperar ser Arturo Pérez Reverte ni una vida lujosa.


    ¿Quién es Leticia Sánchez?

    Jajaja, que pregunta tan difícil de contestar, yo creo que escribo libros para eso, para ir contestando.

     

    Precisamente la pregunta es quién es cuando no está escribiendo libros

    Es que Leticia Sánchez casi siempre está escribiendo libros, aunque no esté delante del ordenador soy una persona que siempre está en mi mundo generando ideas, ideas locas, con mis historias en la cabeza, pensando mucho… A mí internet me parece el mejor invento que hay en el mundo porque cuando estoy leyendo un libro y, por ejemplo, aparece un cuadro, digo, mmm, este cuadro, y lo busco. Tardo mucho en leer porque multiplico mis lecturas, me intereso por todo. A parte soy una persona que estudió periodismo para poder contar historias y que me pagaran por ello… y poco más te tengo que decir. No puedo decir nada malo de mí (risas).

     

    ¿A qué le gustaría «jugar» a Leticia?

    A todo, soy muy juguetona (carcajada). Muchas veces te preguntan ¿por qué escribes? y es tan difícil de contestar. Una vez, un escritor asturiano, Tino Pertierra, estaba dando una charla en un colegio y un niño le preguntó ¿y tú por qué escribes? y él le contestó ¿y tú por qué juegas? Siempre me ha parecido una buena respuesta, escribimos de la misma manera que los niños juegan, no sé, es una necesidad o una forma de hacer más ancha la vida, de no volverte loco con todas las personas que están en tu cerebro, es como una esquizofrenia legal. Jugaría al juego de la literatura que siempre es inmenso, jugaría a las cartas que me encanta todos los juegos de cartas, jugaría al trivial porque me encantan casi todos los juegos de mesa y no jugaría a los juegos de azar porque tengo muy mala suerte.

     

    Ya se nota…

    Esto no es suerte, esto es trabajo. 

     

    Entrevista a Leticia Sánchez Ruiz. El gran juego¿En qué aventura no se enrolaría jamás?

    Es que me gusta mucho enrolarme en aventuras… Te diría que en una guerra pero nunca sabes, en una guerra pierde todo el mundo, pero si te pusieran en la tesitura de que te quitaran la libertad, de que te quitaran algo tuyo y tuvieras que luchar por ello ¿lucharías? Pues no lo sé. ¿En qué aventura no me enrolaría? Pues mira, en una que tuviera que ver con el mar porque me mareo muchísimo. Ninguna aventura náutica es para mí. Ninguna.

     

    Si saco mi varita mágica ¿qué me pedirías?

    Otros políticos.

     

    ¿Y si fuera un diablillo rojo encima de tu hombro?

    Que alzara más mi voz y no me callara tantas cosas.

     

    Tu próximo reto

    Mi próximo libro. Porque además estoy documentándome y me voy a meter en algo muy tenebroso, una cosa llena de muertes. No te puedo contar nada más, es superstición siempre he pensado que cuando abres la puerta se escapa el gato.

     

    Tu última pesadilla

    Precisamente fue anoche, soñé que estaba en Ámsterdam, corría porque alguien me perseguía e intentaba abrir las puertas pero no tenían manilla.

     

    Tu primer recuerdo de la infancia

    Mirarme en un espejo. Sí, recuerdo que estaba en mi pueblo, iba bajando las escalaras y de repente, al fondo, había un espejo. Me miré, me moví, y tuve consciencia de que esa era yo. Es lo primero que recuerdo de mi infancia, verme a mí misma. 

     

    Fina Grau


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